La contracrónica | Sensaciones recuperadas y encontradas

Sorpresas agradables y desagradables

Relacionar el Miércoles Santo de Córdoba con la Hermandad de la Paz es inevitable e indisociable. Ahora bien, durante algunos años la cofradía de Capuchinos parecía dar síntomas de cierta decadencia. Y, si bien había brotes verdes, el de 2026 fue un risorgimento en toda regla.

El palio de la Paloma de Capuchinos ha recuperado el esplendor perdido y (entiéndase la metáfora) Rafa Giraldo parece haber reencarnado a Rafael Muñoz Serrano. Mientras del misterio no queda duda, como se demostró en Colón, y de la Banda de La Salud tras él, menos, por más cantos de sirena de agrupaciones musicales (o de cierta agrupación concreta) haya.

Otra de las sensaciones de la jornada la dejó el palio de la Virgen del Amor. El trabajo de José Alberto Roldán y Rafa Salado se nota y de qué manera en la cuadrilla de San Basilio. El caminar elegante, preciso, sin alardes y sin concesiones al error, demuestra que el tándem funciona como un reloj y quienes lo contemplan, lo disfrutan.

Se estrenó en 2025, pero ver la imagen de Longinos en el misterio de la Piedad de las Palmeras es una auténtica delicia. El trabajo de Antonio Bernal siempre es sobresaliente, pero hay que destacar a una personalidad que siempre permanece en segundo plano, José Luis Pulido. Su trabajo en Palmeras es mucho más que encomiable. 

Y, como me dijo en aquella entrevista cuaresmal, “lo primero es darle de comer a la gente”. Mas lo segundo es hacerla rezar. Y la talla de Longinos invita a la reflexión profunda sobre el sentido de la vida y, de camino, sobre no haber cedido a la hermandad un par de puestos. Aunque esa reflexión va a ser complicado que la hagan en San Pedro.

En la basílica menor, además de custodiar a los mártires (que lo hacen muy bien) deben tener claro que deben cuidar a su capataz. Enrique Garrido es uno de los mejores capataces (puede que el mejor en muchos aspectos) de Córdoba. Y con la cofradía de la Misericordia mostró la evidencia palmaria de esto, de lo otro y lo de más allá. El Viernes Santo, en Conversión, ofrecerá otro registro bien distinto y eso es precisamente lo que lo hace más grande.

Y grande es la ambición del Perdón, una hermandad que, de Fernando Castro a Jesús Campos, ha dado una vuelta completa al calcetín de la cofradía de San Roque. Avanzan un paso más cada año y eso es para felicitarse y felicitarlos, pues no es nada fácil lo que están haciendo.

También es momento de felicitar al Calvario por aquello del más vale tarde que nunca, como demuestra el estreno de la bambalina frontal del palio del Mayor Dolor. Aunque queda la sensación de que falta un puntito de algo, tal vez invisible, en la corporación de San Lorenzo. Pero así son las sensaciones, unas recuperadas y otras encontradas.