La crónica | Apoteosis en Capuchinos

Año de Coronación esperada y deseada. Año de Estación de Penitencia recuperada en Capuchinos. Año de Paz. Año de Esperanza.

Hablar de Miércoles Santo en la Plaza de Capuchinos es hablar de bullicio de gente que espera la salida de la Paloma Blanca de Martínez Cerrillo.

Hablar de Miércoles Santo en la Plaza de Capuchinos es hablar de largas filas de nazarenos blancos de paz y verde de esperanza.

Es Humildad y Paciencia, es esencia capuchina en el hacer.

Una nube quiso estar presente en ese bullicio y no perderse la salida del misterio de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, derramando algunas lágrimas sobre la calle en la que Jesús estaba esperando en ese momento que le entregasen la cruz. Llanto de nube que se apagó al ver salir a María Santísima de la Paz y Esperanza a los sones de “Paz y Esperanza”, de Martín Salas. En ese momento, la nube prefirió dejar paso a los rayos del sol para que se colasen por el enrejado del techo de palio en el que el Espíritu Santo vuelve a posarse sobre la Madre de Dios.

Sobre el paso de misterio, que estrenaba las cartelas frontal y trasera, Ntro. Padre Jesús, humilde y paciente espera que le claven en los dos maderos que han sido materia tan cotidiana para Él durante toda su vida en Nazaret.

Final del camino, despojado de la única posesión que le queda; desnudo como el Niño que fue en Belén. Ya sólo el viento cubre su cuerpo roto y herido.

Con el poder de un andar comedido por momentos, en especial en los Jardines de Colón, y con la potencia de la Banda de Cornetas y Tambores Ntra. Señora de la Salud, que pudo quitarse el amargo sabor del día anterior (y fue despedida con una ovación al terminar su labor), el paso de misterio iba adornado con un Gólgota de flores en tonos rojos y burdeos.

El cofre de plata desde el que María Santísima derrama Paz y Esperanza en Córdoba iba adornado con flor morada en las piñas entre varales, y flor en tonos champan, con pequeños grupos de rosas formando un friso alrededor del paso de palio.

Elegancia en el caminar, gritos a la Virgen en la salida, bullicio de fieles hasta el Palacio de los Cruz Conde, levantá en recuerdo de los que ya no están pero siguen procesionando desde el Cielo.

La Banda de Música Municipal de Arahal tuvo una actuación en el nivel acostumbrado y esperado, siempre alto. Como ejemplo, la interpretación de la marcha Paloma de Capuchinos a la salida de la Catedral, por el Patio de los Naranjos.

El retraso provocado por la Hermandad de Calvario, que lastró el Miércoles Santo, fue in crescendo a medida que pasaban las horas, produciéndose la entrada del palio en torno a las cuatro de la madrugada del Jueves Santo. Aún así, Capuchinos esperaba en loor de multitud a la Cofradía desde una hora antes. Y así lo hizo La Paz, a los sones de Esperanza de Triana Coronada, para mayor deleite y regocijo de los allí presentes.

Y como última nota, a destacar el buen andar y la corrección del cortejo de nazarenos a lo largo de todo el recorrido.

Jueves Santo que llega. Día del Amor Fraterno. Día que empezaba a clarear cuando los últimos hermanos de la Paz llegaban a sus casas.