La crónica | Córdoba se hizo Rocío: el Simpecado de la filial cordobesa encendió la tarde con un resplandor de fe

El reloj de la Real Iglesia de San Pablo marcaba las 18:45 horas cuando las puertas se abrieron para dejar salir al bendito Simpecado de la Hermandad del Rocío de Córdoba. En ese instante, la ciudad entera pareció detener su pulso: el aire olía a incienso y a oración, los corazones repicaban como si saludaran a la Virgen, y los ojos de los fieles se humedecían ante la visión del Simpecado que simboliza a la Blanca Paloma.

El Rosario hecho camino

El cortejo avanzó despacio, como si cada paso quisiera acariciar las piedras centenarias de las calles de Córdoba. Capitulares, Claudio Marcelo, María Cristina, Conde de Cárdenas, la Plaza de la Compañía, Santa Victoria, Ángel de Saavedra, Barroso y la Plaza de San Juan se convirtieron en un rosario urbano, cuentas de fe unidas por la oración constante. El murmullo del rezo se mezclaba con el eco de las guitarras que regalaban sevillanas al compás del alma, creando una sinfonía que solo entiende quien ha sentido la llamada del Rocío.

Una ciudad rendida a la Virgen

La devoción latía en cada esquina, en cada mirada, en cada suspiro. No era una procesión cualquiera: era la certeza de que la Virgen del Rocío caminaba con su pueblo, vestida de plegaria y esperanza. Córdoba, ciudad de San Rafael, se rindió entera a la Reina de las Marismas.

La Sabatina como canto final

Al llegar a la Capilla del Colegio de las Esclavas, el reloj marcó las 20:00 horas. Allí, entre cirios encendidos y voces recogidas, la hermandad celebró la Solemnísima Sabatina, donde la oración alcanzó su culmen y la emoción se hizo silencio sagrado. Era el final de un recorrido, pero también el comienzo de una espera: la de Pentecostés, cuando las arenas del Rocío volverán a recibir a Córdoba y a su Simpecado.

La tarde quedó grabada como una estampa imborrable: un faro de fe iluminando el centro de la ciudad, un río de devoción que corrió sereno, y una multitud que, al paso del Simpecado, se sintió más cerca de la Virgen del Rocío.