La Crónica | Córdoba se reencuentra con su historia de la mano de Jesús del Calvario

La ciudad de Córdoba se ha reencontrado con su propia historia, la que conecta con los 300 años en los que la devoción por Jesús del Calvario lleva enraizada en su alma más profunda, diseminada en miles de corazones que a lo largo del devenir de los años ha forjado una porente relación entre una de las imágenes devocionales fundamentales de la ciudad y los devotos que han regado con sus peticiones y sus oraciones las plantas del dulcísimo Nazareno que gubiase hace tres centurias el fraile trinitario cordobés Fray Juan de la Concepción y fue bendecido en el Palacio Episcopal, por el obispo, Marcelino Siuri , en abril de 1723.

Ataviado con la túnica de bordados otomanos y acompañado magistralmente por la excelente Banda de Música de la Esperanza, todo un lujo para la ciudad de Córdoba, que, desde la primera pieza ofrendada: La Vía Sacra, ha vuelto a hacer un sobresaliente alarde de interpretación y repertorio, regalando a lo largo de todo el itinerario una maravillosa selección de marchas de altos vuelos, como Mektub, Virgen del Valle, Saeta Cordobesa o Soleá, dame la mano, evidenciando el mayestático nivel alcanzado desde hace muchos años por la formación musical cordobesa, entronizado en el magnífico paso realizado por Manuel Guzmán Bejarano y dorado por Manuel Calvo, en cuyo frontal se situaban las Reliquias de Tierra Santa, exornado con un gusto exquisito con exorno floral muy variado en especies y colores, con espinos y cardos, asemejando un suelo silvestre fundiendo tonos morado, rojos y lilas, el Nazareno de San Lorenzo, fue desandando el sendero que se paraba la Santa Iglesia Catedral de su sede canónica, dejando tras de sí múltiples instantes cargados de un elevado sabor a tradición, envuelto, en gran parte del recorrido por cientos de fieles que acompañaron al Señor en un ambiente de recogimiento y respeto acorde a la idiosincrasia de la cofradía.

Ha caminado el paso, a hombros de la cuadrilla magníficamente dirigida por el capataz Jesús Ortigosa, precedido de un sobrio cortejo, elegante y comedido, del que formaban parte representaciones de la Hermandad Universitaria, el Prendimiento, la Borriquita y Villaviciosa. Una sobriedad y una elegancia, seña de identidad de esta corporación, que se ha dejado notar en cada uno de los rincones por los que el cortejo ha discurrido, atestiguando la acusada personalidad de la que hace gala esta cofradía desde siempre. Personalidad sublimada con la presencia de la dulce mirada de Jesús Nazareno, que camino del Calvario de San Lorenzo, ha vuelto a enamorar a la ciudad de Córdoba, volviendo a demostrar la vigencia de una de emoción que después de nada menos que tres siglos permanece impecablemente intacta.