La crónica | Córdoba vive una Magna de grandes imágenes y de grandes defectos

Magna

Retrasos y cambios de orden sobre la marcha dan al traste con el argumentario previo al evento

Así te contamos el minuto a minuto de la Magna

Retrasos, que juraban no iban a producirse; alteraciones del orden de entrada en carrera oficial; una cofradía que se tuvo que medio encerrar nada más salir; una música infumable en el itinerario común; y un palco de autoridades con más autoridades que el número de integrantes permitido a los cortejos han sido algunos de los defectos imperdonables de una Magna que se prometía como el culmen de este tipo de eventos.

Sí, eventos, la palabra que mejor le viene a un acto que ya en la pretendida terminología grandilocuente (Magno Vía Crucis) erraba de base y que lo que hará que perdure son un puñado de imágenes de gran altura, artística y devocional, un puñado de bandas de lo mejorcito (aunque no todas las top) y momentos para el recuerdo emocional que, al fin y al cabo, es lo que te dan las cofradías al margen de quienes las gobiernan, en especial desde la curia que, hay quien asegura, es la que propuso la Magna.

Antes de que dieran las tres de la tarde, en la Huerta de la Reina comenzó todo. El pasacalles de La Redención de Sevilla auguraba los momentos por venir. Y así pasó. La salida del Huerto de Cabra fue sublime, potente, aleccionadora desde la cuadrilla de costaleros hasta la banda.

Y otras bandas como Afligidos de Puente Genil, Pasión de Linares, Nazareno de Arahal, La Salud de Córdoba, Santa María Magdalena de Arahal, Tres Caídas de Triana, Angustias de Alcalá La Real, Nazareno de Huelva, Santo Tomás de Villanueva, La Soledad de Mena dieron luestre al evento.

También se lo dieron los capataces, figuras como las de Enrique garrido (de forma especial), Carlos Lara, Rafa Giraldo, Juan Carlos Vidal, Sony, David Arce y Curro hicieron disfrutar a los numerosos fieles disfrutar de una jornada plena de cuadrillas.

Y después llegó lo que era un secreto a voces y se reiteró que no pasaría. La teoría de los siete y los diez minutos por estación se desvaneció antes de llegar a carrera oficial. Y ahí, el mediático vocal de estación de penitencia de Isaac Peral es quien deberá dar explicaciones, muchas, demasiadas como para convencer a alguien de que no ha sido un fracaso

Lo es que a una cofradía se les cuelen un par de ellas camino de la Catedral. Lo es que otra (el Caído de Aguilar) tenga que desandar lo andado con su cruz de guía, desde el Compás hasta San Francisco. Lo es que el tapón creado le dejase un parón de antología a la Sentencia. Lo es que en el cuarto bloque se alteraran los órdenes de entrada a carrera oficial. Y lo es que la última entrase bien pasada la medianoche. 

El retraso siempre lo hay en este tipo de citas, pero el caos ya es harina de otro costal.

Tampoco fue de recibo la música en carrera oficial, más propia de ascensor  de hotel que de un evento cofrade. No permitir que las bandas entrasen en el itinerario común y poner una versión dylaniana de ‘La esperanza de María’, por ejemplo, dejó en evidencia que las bandas tendrían que haber entrado por el bien de todos y, ante todo, por no manchar la imagen de las cofradías. 

Como tampoco fue de recibo que solo pudieran entrar en la Catedral (el patio es patio por más que se enmiende la plana) las que se quedaran. Lo que demuestra que ya queda poco de aquel ardor por cambiar el itinerario común desde Palacio. Parece que aquello podría haber sido la excusa para detener el asunto de la inmatriculación y ya no importa y las cofradías habrían dejado de ser el tonto útil, si a uno le da por ser mal pensado.

Sea como fuere, la Magna deja una enseñanza, una reflexión y una necesidad de autocrítica. Pues en lo organizativo no ha sido mejor que la de 2013; en lo evangelizador, no se hace apostolado a base de extraordinarias; y en la gobernanza hay que aprender a decir que no.