No se había alcanzado la una de la madrugada del ya 12 de octubre, Día de la Hispanidad, de la Virgen del Pilar, la misma que lleva en la calle central de su candelería la Virgen de la Esperanza, cuando se produjo el momento, el hito.
La imagen de San Andrés llegaba a San Pablo, y le cantaba el coro Amigos del Rocío. Tras ella, la Paz y Esperanza, la Paloma de Capuchinos, aguardaba en el otro extremo de Capitulares.
El paso de palio de la Esperanza levantó fue hacia San Pablo y llegó el instante que Córdoba no olvidará. La Gitana se giró y se encaminó hacia la Reina de Capuchinos.
Con los sones de Paz y Esperanza las dos hermosas imágenes de Juan Martínez Cerrillo se fundieron en un saludo, que bien recordaba al de las esperanzas sevillanas (la Macarena y la trianera).
Después, con los palios parados frente a frente, los devotos entonaron la Salve y, después, Tras tu verde manto sonó para que ambas se despidieran haciendo historia.








