El orador entusiamó a un público entregado a un texto personal y de vivencias cofrades
Marcaban las doce del mediodía cuando la ciudad se engalanaba para recibir el anuncio de su semana grande, ése que llevaba dos largos años esperando.
El acto del Pregón de la Semana Santa 2022 se iniciaba a la hora fijada, pero iba acumulando retraso conforme pasaban los minutos antes de que el pregonero tomara la palabra.

Sonó la primera marcha, Corpus Christi, ante un Teatro de la Maestranza completamente lleno y deseoso de revivir los sentimientos guardados tantos meses en el cajón de la añoranza.
Justo después, presentaba al pregonero el delegado de Fiestas Mayores y Gobernación, Juan Carlos Cabrera, quién ha esbozado un perfil biográfico del pregonero.
Cabrera ha querido recordar también el momento complicado que se vive con la guerra de Ucrania; y los duros años que hemos superado tras la pandemia de covid-19.
Tras su intervención, volvía la música de la Orquesta Sinfónica Municipal de Sevilla con los compases de Amarguras.
Fueron más de siete minutos de duración del que se proclama popularmente «himno de la Semana Santa sevillana», acercando el minutero a las 12:40 horas.
A continuación, y con un caluroso aplauso, se levantaba el pregonero, pedía permiso para tomar la palabra al arzobispo, José Ángel Saiz Meneses (quien vivía su primer pregón desde que iniciara su ministerio en la capital hispalense), al arzobispo emérito monseñor Juan José Asenjo; y al alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz.
Imágenes que nos deja el fabuloso pregón de Julio Cuesta para anunciar la Semana Santa 2022. Fotos: Consejo de Cofradías de Sevilla.
Tras ello se acercaba al atril, y tomándose una breve pausa iniciaba su exaltación reflexionando sobre el ser más pequeño de la Tierra, un virus en forma de bacterias, que logró parar el mundo; algo que no han conseguido ni guerras ni cualquier otro conflicto humano, demostrando «que somos mortales frágiles»; explicaba el pregonero.
Después pedía un minuto de silencio por las víctimas de la pandemia, y rezaba un Padrenuestro y un Gloria a modo de cruz de guía de su hermoso relato.
Esta referencia a los duros momentos sufridos por el mundo entero desde 2020 hizo que el pregón inicial ya no sirviera para el juglar de los días de la pasión: «rompí mi pregón. No servía para nada. No hacía falta ya un pregón. ¿Qué iba yo a pregonar, si estaba una voz en grito sonando más fuerte que nunca por los silencios de las calles y de los corazones, en el dolor y en el traspaso».
Y aún en ese compás de espera marcando por las circunstancias sanitarias, Cuesta afirmaba que le ha faltado tiempo para poner en orden sus ideas y pensamientos para este pregón: «Así hilvané mi Semana Santa, en la soledad y en la lejanía. Como todo en amor, a mi y a ti, nos hizo falta el eclipse para esperar con ansias la luz, para que, de la oscuridad y de la distancia, no naciera el olvido».
Junto a ello, Cuesta recordaba a personas de su familia esenciales en su vida y también en la creación de este pregón, como es el caso de su nieto Julito: «Por milagro de Dios hoy te tenemos.Solo pensarlo nos da escalofríos. Un firmamento de oración, precioso mío, inundó tus marismas de Rocío. Quererte más, Julito mío, no podemos».
Y en ese homenaje a los más pequeños, ha afirmado que con esta Semana Santa «Los niños recibirán una catequesis de fe y de historia sagrada» con la presencia nuevamente de los pasos en la calles de la ciudad.
Esa fe de la que hablaba el pregonero es el eje central del cristiano para vivir libre, como él ha defendido: «El cristianismo es libertad. Y ahí está el origen de tanta persecución a la Iglesia y a sus cosas. Porque ese cristianismo, esa libertad que nos hace iguales, son peligro público para aquellos que buscan el sometimiento».
El orador pedía, ya en el plano eminentemente cofrade, que se reconociera como patrimonio de la humanidad el propio patrimonio de las hermandades, algo insólito en esta cita anual desde el balcón del atril.
Y a partir de ello, dedicaba los mejores versos a las Imágenes más destacadas de la ciudad como la del Señor del Gran Poder: «Llévame, Señor, otra vez. No me sueltes de la mano. No me dejes sin tu fuerza. No me ocultes tus caminos. Ilumíname tu senda. Eres, Señor, Padre mío, la fuerza de mi Poder».
Bellísimos eran igualmente el extracto dedicado a la Virgen del Rocío, Dolorosa de la Hermandad de la Redención: «Vine a caer en la cuentaque era un sueño lo vivido, que mi fe me arrebataba, donde siempre te había visto. Era otro Lunes Santo,otro lunes de gentío, por la calle Santiago, ¡con mi Virgen del Rocío!».
Y muy aplaudido fueron también los versos entonados a la Esperanza Macarena: «Verde savia, sangre verde corriendo ya por tus venas,la sangre de la Esperanza del corazón que la espera. De color es esa savia. Ese color tiene un nombre, la sangre de la Esperanza es de color Macarena!».
La exaltación terminaba con este precioso tono lírico tras una hora ininterrumpida de proclamación de la Semana Mayor de la capital:
«Sevillanos del mundo,
la ciudad está ya a la espera
de que salgan las estrellas.
Y al ver las calles mecidas
en palios, en canastillas
de pasión, de amor, de anhelos,
contemplen cómo a Sevilla,
Dios le ha dado la gracia
de convertirla en su Cielo.
He dicho.»
Una larga ovación siguieron a estas palabras hechas poesía con la que se ponía el punto y final a una antesala literaria magnífica para evocar lo que está por llegar en siete días.
Los himnos de Andalucía y España daban por concluido un acontecimiento esencial en un año extraordinario donde, más que nunca, hace falta vibrar de ilusión con este preámbulo gozoso.
El pregón de Julio Cuesta ha sido un texto intimista y muy personal, a la vez que cofrade y de vivencias que llenaban de emoción al auditorio.


























