Córdoba

En este Valle de Lágrimas

La mala situación climatológica, la incertidumbre, la inestabilidad y ¿por qué no decirlo? el miedo a que cayese en Córdoba un chaparrón de lluvia y granizo como el sufrido en Sevilla, han dado al traste con las ilusiones del Jueves Santo en la ciudad de Córdoba. Una jornada desapacible, cualquier cosa menos primaveral, que ha quedado en blanco para engrosar los anales de la historia de la Semana Santa de la ciudad de San Rafael, convertido en un auténtico valle de lágrimas, que tendrá que esperar todo un año para poder presenciar el que iba a ser el gran estreno de la Semana Santa 2019: la primera salida procesional de María Santísima de la Esperanza del Valle.

No obstante, la lógica prudencia en circunstancias como esta hacían aconsejable adoptar una decisión como la que se ha tomado y así lo han hecho los dirigentes de las cinco cofradías en liza que una tras otra, como fichas de dominó, han ido anunciando a lo largo de la tarde su decisión de no realizar estación de penitencia por las calles de la ciudad. Al filo de las cinco, la hora taurina por excelencia la Hermandad de Jesús Caído era la primera que anunciaba, como un aldabonazo de lamento, que suspendía su salida procesional. «Se suspende la salida de penitencia por lluvia», rezaba un escueto anuncio difundido a través de la cuenta oficial de la Cofradía de San Cayetano en una conocida red social. A partir de ese preciso instante, todo se precipitaba.

La Hermandad del Señor de la Caridad solicitaba treinta minutos de cortesía que concluían con la confirmación de la ausencia de los elegantes nazarenos de San Francisco en la calle dando al traste con la ilusión de miles de cordobeses que tienen siempre marcado en rojo en el calendario su cita con esta insustituible cofradía cordobesa. Entretanto, era la Hermandad del Nazareno la que desvelaba su intención de realizar estación de penitencia en el interior de su templo y la Cena solicitaba la prórroga que permite la Agrupación de Cofradías de Córdoba, media hora, mientras los miles de cordobeses que anhelaban ver por vez primera a la Esperanza del Valle, por las calles cordobesas, mantenían el corazón en un puño, anhelando por que lo que parecía se convirtiese en triste realidad.

A las 17:23 la Corporación de San Francisco confirmaba su determinación de no poner su cortejo en la calle mientras una bulla importante inundaba la Cuesta de San Cayetano para rendir pleitesía a Jesús Caído y a Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. Casi simultáneamente, el Señor de la Caridad, como es tradicional en casos como este, hacía acto de presencia las puertas de su templo, en el Compás de San Francisco, entre cientos de cordobeses que, paraguas en mano, contemplaban desolados la imagen del Señor y su Bendita Madre dispuestos sobre el clásico monte de clavel rojo que son, junto con los hachones y el Tercio Gran Capitán de la Legión, señas de identidad de esta antigua cofradía cordobesa.

Miles de fieles acudían a rezar ante Jesús Caído y su Madre en la Cuesta de San Cayetano al tiempo que las noticias que llegaban de Sevilla eran cualquier cosa excepto esperanzadoras. Una esperanza que termino de difuminarse a las seis y media cuando la Sagrada Cena confirmaba que no realizaría estación de penitencia fuera de su templo del Beato Álvaro de Córdoba. Apenas unos minutos después, mientras en San Francisco se recuperaba una antigua tradición: la guardia de la Legión, la Hermandad de las Angustias confirmaba la suspensión de su salida procesional, poco antes de las 19 horas, mientras que 10 minutos después el Esparraguero hacía lo propio para dejar en blanco el Jueves Santo. En el interior de San Agustín se vivieron momentos de especial emotividad cuando Coronación de Espinas, la banda que ha venido acompañando al paso de misterio de la cofradía, interpretaba la marcha dedicada al Cristo de las Angustias, provocando la emoción entre los hermanos.

El rosario de ausencias se prolongó hasta minutos antes de que concluyese el Jueves Santo, con una nueva muesca en el haber de la inoportuna y caprichosa climatología que nos ha regalado el Jueves Santo, con el anuncio de la hermandad de la Buena Muerte de que tampoco ella realizaría estación de penitencia por las calles cordobesas, inundando de ruan y silencio las calles de la madrugada cordobesa, privando de la infinita presencia del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y la Reina de los Mártires dueña absoluta de la inmensidad bajo su maravilloso palio de malla, a este lamentable Jueves Santo para olvidar en virtud de la decisión adoptada por la junta de gobierno de la hermandad de San Hipólito.

Decisiones siempre controvertidas como es lógico en circunstancias como esta y no entendidas por un número, eso sí cada vez más reducido de cordobeses, pero absolutamente comprensibles, considerando el importante patrimonio artístico devocional y humano que las cofradías ponen en la calle cada vez que una cruz de guía atraviesa el cancel metafórico que separa los sueños tantas veces imaginados de los materializados. Habrá que esperar un año entero para que todo vuelva a precipitarse y para que se cumpla el conocido refrán que este es uno de los tres jueves del año en los que más brilla el sol.

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