La crónica | Fernando Vázquez desgrana el alma de Sevilla en un emocionado Pregón de Glorias que regresa al Salvador

En el corazón del Salvador, donde late con fuerza la devoción de un pueblo mariano, ha resonado con emoción el Pregón de las Glorias de María, pronunciado por Fernando Vázquez, en un acto que ha devuelto esta cita anual a su templo originario debido a las obras en la Catedral. Unos 500 cofrades de Glorias han asistido a esta emotiva cita en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, marcando con su presencia el solemne comienzo del tiempo de las Glorias de Sevilla 2025.

El regreso a esta joya del barroco hispalense no ha sido solo un cambio de escenario: ha sido un retorno al alma primera del pregón, a ese espacio sagrado donde los ecos de las letanías y la poesía parecen más cercanos al cielo. Allí, ante un templo abarrotado de fieles, hermandades y devotos, Fernando Vázquez ha ofrecido una alabanza honda, tejida con versos de amor, fe y gratitud.

El acto ha sido presentado por el delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla, Manuel Alés, quien ha entregado con calidez la palabra al pregonero:

“Cuánta paz nos da la certeza de que María siempre nos cuida. Esas manos de madre en la tierra y en el cielo. Ante Ella nos encomendamos”.

Antes de que el verbo floreciera en el atril, la música llenó de solemnidad la iglesia. La Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, bajo la dirección del maestro Francisco Javier Gutiérrez Juan, interpretó con maestría dos marchas que estremecieron corazones: “Rosario de la Macarena” de Pedro Morales y la majestuosa “Glorias de Sevilla” de Manuel Marvizón, pieza que se ha convertido en himno espiritual de este encuentro con María.

Y entonces, Fernando Vázquez alzó su voz. Lo hizo con un estremecedor arranque dirigido a la Virgen de los Reyes, Patrona de la Archidiócesis:

“Aquí estoy, mi Señora y Majestad,
rogando que mis dudas atropelles,
que este espacio de tanta inmensidad
se consagre al dictado de tus leyes,
y estas naves se llenen de verdad
del amor a la Virgen de los Reyes.”

Desde ese primer instante, el pregón fue un acto de amor y de entrega total a la Madre de Dios. Uno de los momentos más emotivos lo protagonizó la dedicatoria a la Hermandad de los Desamparados del Parque Alcosa, que ha presidido el acto:

“…recibiendo al Parque Alcosa
en la emoción de Sevilla.”

El pregonero no olvidó a esas devociones pequeñas en tamaño pero inmensas en fervor, que dan sentido y profundidad al tiempo de las Glorias:

“Hermandades de María,
estandartes de la Virgen
que embellecen cada día,
porque ven en su pobreza
y en su espejo de humildad,
la razón de su grandeza.”

Las súplicas también tomaron forma de verso, como su emotivo rezo a la Salud de San Isidoro:

“Con mi rezo desprendido
a tus plantas te lo imploro:
recompensa al desvalido
con tu Cielo prometido,
¡Salud de San Isidoro!”

En el año de su coronación, la Pastora de Santa Marina fue elevada por Vázquez con estos versos plenos de orgullo y devoción:

“Ni la Tierra ni la Gloria
se igualan a tu Capilla:
¡Que reluzca en la memoria
la grandeza de tu historia
coronada por Sevilla!”

Y no faltó en esta ofrenda poética el abrazo eterno a la Blanca Paloma:

“…el Espíritu que vuela
y nos une a lo divino,
se hizo Flor que permanece,
por los siglos de los siglos,
en los pómulos de rosa
de la Virgen del Rocío.”

El Carmen de San Gil se convirtió en símbolo del arraigo carmelita de Sevilla, en versos donde el pregonero proclamó la ciudad como Tierra de María Santísima:

“Y el Cielo bajó a este mundo
un julio por la mañana,
y la tarde tan cercana
transcurrió como un segundo.
Gloria al barrio que confundo
con la bóveda de añil:
Fue extasiarme en tu perfil
y sentir en mi alegría,
que esta es Tierra de María
por el Carmen de San Gil.”

Tampoco faltó la emoción ante la Reina de Todos los Santos, a quien dedicó una exaltación rotunda:

“Que tras verte, Madre mía,
paseándote en tu paso,
todo el Cielo se te rinde,
Dios te entrega su legado,
y los Ángeles recitan,
reprochándonos el fallo:
«¡Qué corto le queda el nombre
a la Reina de Tosantos!»”

Y con ternura, Fernando Vázquez volcó su corazón ante la Virgen del Rosario de la Hermandad de la Macarena, su devoción más íntima:

“(…) que así se alcanza la Gloria,
si todos damos a cambio,
la ofrenda más macarena,
un rezo santificado,
bañado por la Esperanza,
que brota de entre los labios,
al ver que salen las cuentas,
las cuentas de mi Rosario.”

“Lo aprendido” fue el epígrafe elegido para el broche final de este canto de amor a María. Un epílogo cargado de verdad, belleza y Esperanza:

“Mas no esperes al final,
que la Gloria está presente
donde el tiempo es diferente
y no corre por igual.
Sigue el rastro maternal
que a sus ojos te encadena,
y abre el Cielo que Ella llena
entonando con voz clara,
que la Gloria está en tu cara,
Esperanza Macarena.”

El Pregón de Glorias ha sido más que una exaltación: ha sido una oración hecha arte, una caricia a las devociones populares que laten todo el año en la ciudad. Fernando Vázquez ha pronunciado un pregón que no se olvidará fácilmente: por la hondura de sus versos, por la autenticidad de sus sentimientos, y por haber hecho de su voz un canal de amor mariano para toda Sevilla.