La crónica | Itálica, epicentro de la Cuaresma

El Nazareno recorrió el anfiteatro romano en una cita imprescindible de este tiempo

Hay quienes afirman que el viacrucis de Itálica es el gran Vía Crucis de la provincia de Sevilla. No les falta razón a quienes así lo defienden. Y solo hace falta acercarse para vivir uno de los actos centrales de la Cuaresma en el primer sábado del tiempo de preparación de cara a la Semana Santa.

A finales del mes de enero la Casa de la Provincia acogía la presentación de este acto, organizado por la hermandad del Rosario de Santiponce. Y anoche, su titular, el Nazareno atribuido a Arce, recorrió el anfiteatro romano acompañado por multitud de personas. A las seis de la tarde comenzó la celebración de la eucaristía en el templo de San Isidoro y San Geroncio, desde donde partió el cortejo hacia la ciudad romana de Itálica una hora y cuarto más tarde.

Sobre las ocho y media accedía el Nazareno al anfiteatro. La gente, siempre la gente, volvió a saltarse las señales impuestas por las autoridades. Precintos abajo y saltos para ir detrás del Nazareno, temiendo quedarse fuera del piadoso acto. Y llamada al orden entre las quejas de unos y las peticiones de otros. Y dentro, la triste realidad, sí, otra vez. La de un público más afanado en tomar fotos que en rezar las estaciones del ejercicio. Y venga flashes, y comentarios que nada tenían que ver con la celebración, recogimiento nulo por parte de esa especie de seres que poco o nada tienen que ver con la Iglesia.

Las hermandades participantes fueron en esta ocasión, además de la sacramental de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Santiponce: la Soledad de Albaida del Aljarafe; Santa Vera Cruz, de Almagro (Ciudad Real); Vera Cruz de Bormujos; Humillación de Camas; Santo Entierro de Castilleja de la Cuesta; Nuestro Padre Jesús Nazareno de Fuentes de Andalucía; Soledad de Gerena; Vera Cruz de Gines; Gran Poder de Huevar del Aljarafe; Santísimo Cristo del Amor, San Juan de Aznalfarache; los Negritos de Sevilla; Vera Cruz de Valencina de la Concepción.

Si al principio del rezo el público era numeroso, poco a poco el espacio fue quedándose con menor número de asistentes. Mayor recogimiento donde la música corrió a cargo de la capilla musical Nuestra Señora del Rosario y la coral de la Palma del Condado, de Huelva. Sonaron además los cantos gregorianos del Monasterio de Silos a través del hilo musical. La iluminación artística del conjunto de Itálica ofrecía una estampa de ensueño. Pero más allá, en el despejado cielo, la estampa de una noche moteada de estrellas servía como telón de fondo a un anfiteatro donde los flashes y las cámaras en alza —algunos fotógrafos zigzagueaban por entre el cortejo sin importar lo más mínimo el desorden que causaban— nos arrojaban de bruces contra la realidad.

Terminado el acto, el público acabó huyendo en masa hacia los bares y restaurantes. Asistentes más selectos todavía al paso de la imagen por el cementerio municipal. Después, continuó el traslado hacia la parroquia, adonde llegó alrededor de la medianoche. Ya quedaba el público justo. Un deleite para los sentidos. Una noche redonda, donde el frío hizo su acto de aparición, afortunadamente, para llevarse a la masa y adelgazar las líneas de la devoción en una cita escrita con la tinta del firmamento.