Los cambios en la nómina volvieron a estar a la orden en el primer día del triduo pascual.
En Recaredo habita una hermandad que nació a finales del siglo XIV. Corporación letífica que acogía a los negros. Dos siglos más tarde se fusionó con otra, de carácter penitencial, donde los negros se aglutinaban en torno a un crucificado que en el siglo XXI continúa siendo el padre de los negritos. Un diminutivo que no le resta ni un ápice de solemnidad. En otros tiempos, al crucificado le llegaron a caer piedras, y conserva en su cuerpo las marcas de un pasado que nadie entendió. Frente a la sinrazón, el devoto, que no puede sino pedir ante Él por la salvación del mundo. El Cristo de la Fundación avanza entre un mar de monaguillos, con sus cestitas repletas cuando avanzan con sus familiares camino del centro de la ciudad. Detrás, la dolorosa de los Ángeles en su exótico paso de palio, comandado por los hermanos Gallego.
Las Cigarreras pasó a ser la segunda en un Jueves Santo de mantillas y trajes oscuros. El adelanto propició también que se abrieran las puertas de su capilla antes de lo esperado. A las dos y cuarto se ponía la cruz de guía en la calle. Una cofradía que tiene alrededor de treinta minutos aproximados de paso tardó en ver asomar a la dolorosa casi una hora, hasta las 15:12. Clasicismo de una dolorosa que se perdía por la calle Asunción, donde al fondo la portada de la feria anuncia otra de las grandes fiestas de la primavera. A su salida del recinto de la fábrica no se entendió que las puertas laterales no se abrieran. El público se mezcló con la banda, y como pudieran avanzar lo hicieron los músicos, que sortearon como pudieran la avalancha del personal. Fue la cofradía que más retraso dejó en la Campana, con un total de ocho minutos. En total, el día acabó en este punto con más de un cuarto de hora de más, concretamente diecisiete. A su regreso un incendio en la calle Virgen de la Victoria provocó que la cofradía esperara hasta retomar su itinerario con normalidad.
En los exornos florales se está viendo este año un mayor cromatismo derivado en parte por la mezcla de distintas flores en un mismo paso. Atrás quedó la dictadura de los montes de claves rojos y jarros de rosas rosas o blancas para los palios. En la Exaltación se vieron orquídeas cymbidium burdeos, rosas red naomi, claveles rojos, eryngium, esparraguera, cardos, hiedra y musgo. Y en el palio, orquídeas phalaenopsis blancas, claveles y rosas blancas, verónicas ramificadas blancas, mouscari morado y agapantus. No solo hace falta este año ojear el programa de mano sino también un diccionario, eso sí, de botánica. Los sayones estrenaron ropajes. Al igual que el misterio de las Cigarreras, podrá ser contemplados el próximo sábado en el Santo Entierro Grande. La dolorosa lució su saya más antigua, de Teresa del Castillo, aunque muy reformada en sucesivas restauraciones.
Cuando la Exaltación pasó por la Anunciación, el público esperó para ver salir a los titulares del Valle, que este año fue cuarta. Volveremos a ver al Señor de la Coronación de Espinas el sábado. Entre las modificaciones de su itinerario, pasó a la vuelta por el Postigo, Arfe, Puerta del Arenal, Castelar, Gamazo, Barcelona y plaza Nueva. Volvió a brillar el palio de la dolorosa, recientemente restaurado por el IAPH con novedosas técnicas. Valle de Sevilla que reconfortó a quienes admiraron la belleza de una dolorosa que acudió sublime a la catedral. Llegaba la imagen a la plaza del Duque cuando por el lateral donde se hayan los grandes almacenes se encontraba ya el misterio de la Oración en el Huerto, que tuvo que esperar para comenzar su paso por la carrera oficial. La Virgen no llevó la banda de música tras el palio cuando pasó por la plaza de San Francisco debido a que una parte de una cornisa en el edificio Robles Laredo, precisamente el último de la calle Sierpes, estuvo a punto de desprenderse. La rápida actuación de los bomberos solventó un problema cuyas consecuencias habrían sido mayores. Después, acabó uniéndose la banda tras el palio al llegar a la avenida de la Constitución. La policía local se personó en el edificio, inspeccionando la terraza. Los abonados que se encontraban debajo fueron desalojados y se acordonó la zona.
Montesión aporta al Jueves Santo una sonrisa eterna. Retrasó un puesto su posición en la nómina. Los rosarios de los varales se entremezclaron con el sabor del barrio de la Feria, presente en todos los detalles. Es el día en el que más pasos participarán en la magna procesión del sábado. Lo harán, además de los mencionados, la Oración en el Huerto, la Quinta Angustia y el Nazareno de Pasión. La cofradía hizo un esfuerzo para entrar a la hora asignada. La proximidad con la basílica de la Macarena propició que gran parte de quienes vieron adentrarse en su capilla a la Virgen del Rosario se partieran luego para contemplar la salida de la Macarena.
La Magdalena fue un nido sobre el que revolotearon los vencejos. La cruz velada de la corporación es símbolo de este Jueves Santo que comenzó con la visita a los sagrarios y que para muchos concluyó en el bronce del paso de la Quinta Angustia, poco antes de abandonar el centro para descansar y reponer fuerzas para la noche más esperada. El Señor era descendido de la cruz con un movimiento que pareció acentuarse cuando llegó a la carrera oficial. La corporación dejó cinco minutos de retraso en la Campana. Mayor fue en la catedral, donde el retraso llegó hasta los doce minutos.
La noche previa a la madrugada más esperada del año nació en el Salvador. Portentoso Nazareno de Montañés, quien lo observa desde la plaza, como hacía en vida cuando salía desde el antiguo convento de la Merced. La cera fundida a su paso es un goteo incesante de promesas. Tras la dolorosa, la Oliva de Salteras. A su paso por la carrera oficial el público era escaso. Se habían marchado antes de tiempo, y la Virgen de la Merced volvió a encontrarse con los sonidos de aquellos que se marcharon antes de ver cómo Ella avanzaba consolada por el discípulo amado, si es que existe consuelo para remediar sus penas.












































