La crónica | La Esperanza siempre vence

El Sábado de Pasión en Linares ha vuelto a rememorar la unión y hermandad del pueblo con una de sus devociones más fervientes. En una jornada copada de actos, solo uno brilla más que el sol, y ese es el ya tradicional traslado de Nuestra Señora de la Esperanza desde su casa de hermandad hasta las dependencias de la Parroquia de San Francisco.

En su trono de Viernes Santo y bajo un mar de nubes amenazantes, el cuantioso cortejo se ponía en marcha desde la cofrade calle Menéndez y Pelayo donde se alza el portón verde esperanza de la Reina del Viernes Santo. Sonaba la Banda de Cabecera de la hermandad en una atestada calle preñada de corazones sedientos de su consuelo. Un largo rosario de hermanos con cirio seguía el camino marcado por la cruz de manguilla, y tras él los ciriales que marcan el preludio del éxtasis que desata el trono repujado de la Esperanza, esta vez mecido a sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora del Rosario en un aniversario muy especial.

Sonaba la Marcha Real y, posteriormente, la adaptación musical de «La Estrella Sublime» interpretada con un mimo que hacía olvidar el acuciante tiempo inestable reinante en este día. El palio cubierto con plásticos ante la posible amenaza desencadenante de un chaparrón, al igual que el manto, no ha sido contrapunto para poder disfrutar de la belleza y dulzura de la castiza imagen mariana.

Avanzando con paso decidido, se adentraba en calle Marqués de Linares a sones de «Eterna Mirada». Una calle plagada de devotos fundía su ternura al repujado trono de María Santísima. La plaza de San Francisco abarrotada tras más de 365 días sin Semana Santa, recibía a la Virgen de la Esperanza tras un corto periplo en la calle Yanguas Mesías. Sonaba su marcha, «Esperanza», al mismo tiempo que el cielo se asomaba al balcón de la eternidad con la aparición de un gran claro en el corazón de la ciudad. La Madre recorría los últimos metros y alcanzaba el gran portón trasero de la Parroquia.

Momento especial en las faldas del antiguo convento. La Banda de Cabecera del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Esperanza ponía el corazón en la interpretación del «Ave María» de Vladimir Vavillov engarzado con el rezo eterno que emana de su composición musical, «Esperanza Nuestra», cuyo éxtasis alcanzaría el más profundo de los corazones emanado desde las voces blancas de la Coral Mamá Margarita, casi imperceptible debido al acuciante ruido de un sector irrespetuoso del público. Asignatura pendiente de la Semana Santa linarense.

Casi con un suspiro y una maniobra de gran complejidad, Nuestra Señora de la Esperanza despedía a su pueblo hasta el próximo Viernes Santo, con los sones de la «Marcha Real». La Esperanza venció a la inestabilidad meteorológica en un capítulo inolvidable de la Semana Santa linarense.