La crónica | La Salud de Puerta Nueva deja una lección que las cofradías no quieren entender

Caen unas gotas en la mañana del Jueves de Pasión y, tal vez, desde la alienación a que estamos sometidos alguien piense que es una advertencia del cielo. La media procesión de la Salud de Puerta está prevista para la tarde-noche. Y decimos media porque el Obispado no ha dejado salir a la Virgen del Regla.

Sale el cortejo y el incienso se mezcla con el aroma invisible de la calima. Todo está cambiando, el clima (que siempre ha cambiado desde que el planeta Tierra existe), la sociedad, las cofradías y el uso que la Iglesia hace de ellas.

En esas, sale a la calle el misterio del Beso de Judas, cuyo pasaje es la máxima expresión de lo que ha pasado en los dos últimos meses con la prohermandad que, de la nada, hizo más cosas que cofradías con décadas de historia y eso, no se engañen, molesta -y mucho- al establishment. Ni el débil chispeo ha podido alterar la determinación de quienes han acompañado al Señor a pesar de todo.

El capataz manda a su cuadrilla y lo hace con una pulcritud digna de encomio. La agrupación musical hace lo propio, con esas marchas que solo entienden los modernos, los hijos de su tiempo, pero que para el público de a pie no deja de mostrar sino una procesión más.

Nadie dirá cuando se encierre que aquí ha pasado algo (bueno, nosotros sí), como nadie se ha atrevido a alzar la voz y denunciar la injerencia, porque no les afecta. Pero eso es, de momento, hasta que le toque a otra cofradía que la “paralicen”, que no le dejen sacar a una de las imágenes, que se juegue con sus hermanos, que se adultere el mensaje.

Entre tanto, todo da igual, la procesión ha salido, que no ha sido, y a otra cosa. A mirar el tiempo, los porcentajes, a celebrar vía crucis y a estrenar americana de Álvaro Moreno el Domingo de Ramos. Cuando nos toque lo de Puerta Nueva ya nos preocuparemos. Pero la lección de dignidad de quienes han participado en la escenificación, que no procesión, para intentar dotarla de sentido es toda una lección, desde los capataces (el que ha salido y el que no) hasta el último hermano. La otra, ya la saben aunque no la quieran entender, la autoridad hará con todos lo que quieran, porque las ovejas son borregos, temerosos de los pastores.