Un traslado que pese a la desproporción de su longitud, ha permitido saborear el dulce regusto que siempre acompaña el devenir de la cofradía del Lunes Santo cuando toma posesión de las calles
La Hermandad de la Sentencia ha vivido una noche histórica con el primer traslado de sus titulares a su nueva y envidiable casa hermandad de la calle Barroso, desde donde la cofradía saldrá en procesión, el próximo Lunes Santo, para realizar estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral y que será bendecida el mismo Lunes por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. Un traslado que ha discurrido por un itinerario innecesariamente largo -la excusa del rezo de las quince estaciones no justifica, en absoluto, semejante disparate- que podría haberse realizado siguiendo un recorrido directo desde San Nicolás hasta su sede social, y en el que, por momentos, el cortejo ha transitado con escaso público, algo que se hubiese evitado optando por un camino directo, como exige un traslado, por mucho que se acompañe del rezo del Vía Crucis.

Una hermandad que cuida los detalles como los cuida la Sentencia no debe permitirse este tipo de excesos, impropios de una corporación que se viene caracterizando, desde hace muchos años, por ser un ejemplo de mesura y de exquisitez. Otra cosa ha sido el cortejo, magnífico e impecable, como acostumbra esta hermandad. Dos largas hileras de hermanos con cirio, perfectamente ataviados para la ocasión, que se abrían con un pequeño sector infantil, tras la cruz de guía. Detrás del caminar, pausado y siempre elegante del Señor que imprime la cuadrilla que dirige David Arce, el coro Cantabile ha desplegado un excelso repertorio, propiciando un ambiente perfectamente apropiado para el recogimiento, la oración y la introspección.
Anunciada por solamente un sector de hermanos con cirio, probablemente con la intención de que la música coral acompañase también el devenir de la bellísima dolorosa dieciochesca, la Virgen de Gracia y Amparo, ataviada de hebrea, ha vuelto a regalar al público, numeroso a la salida de San Nicolás y a la entrada en su casa de hermandad, el característico caminar dulce, distinguido y refinado al que nos tiene acostumbrados la cuadrilla que manda, magistralmente, Luis Miguel Carrión «Curro». Un traslado que pese a la desproporción de su longitud, ha permitido saborear el dulce regusto que siempre acompaña el devenir de la cofradía del Lunes Santo cuando toma posesión de las calles de Córdoba, entregando a la ciudad de San Rafael una noche para la historia de sus cofradías.













































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