La imagen venerada en San Basilio ha acudido a su cita procesional en el Día de la Asunción
Hay una Córdoba que busca -aunque cada vez cuesta más encontrarla- su esencia en las calles de barrio del Alcázar Viejo. Por San Basilio, desde la iglesia de la Paz hasta cada casa, las callejuelas construyen sus vericuetos para dibujar una urbe propia dentro de la grande.
Y aun quedan restos de ese perfume añejo, de otro tiempo, mientras el turismo (con sus alquileres y su masificación) pone ahínco en desnaturalizar cada palmo de adoquín.
Si bien, en las fechas señaladas, los aromas de lo que fue, del alma encerrada de la ciudad, aflora entre las volutas del incienso cada Miércoles Santo o entre la intensa atmósfera de los nardos que presienten, aun invisible, la presencia de la Virgen de Acá.
O lo que es lo mismo, la Virgen del Tránsito procesionando por esas calles de andar inmortal, por la plaza San Basilio, por Enmedio y cruzando el arco que da a las Caballerizas Reales.
Llegados a ese punto, la procesión ha cobrado ya ese punto irreversible de su dimensión espiritual, casi mística, camino de la Catedral por Amador de los Ríos, dando el inicio a su carrera oficial de siempre, distinta y seguramente mejor, discurriendo por Corregidor Luis de la Cerda, y Magistral González Francés, para acceder al templo mayor por la Puerta de Santa Catalina.
Ya en el interior de las naves catedralicias, la Virgen camina muy cerca del espacio que ardió solo unos días antes, mientras los sones de Tubamirum (siempre en su punto exacto) han vuelto a sonar en el Patio de los Naranjos, para anunciar que el Tránsito vuelve a su casa, a su barrio, a la otra ciudad dentro de la ciudad, guiada por José Alberto Roldán y su cuadrilla de costaleros de manera impecable.
El Día de la Asunción ve a muchos cofrades emigrar a latitudes cercanas (ya sean en la costa o en el interior de otras procesiones muy queridas), mientras Córdoba se guarda el As de su Virgen, de la nostalgia de lo que fue, del pulso por no perder lo que le resta de idiosincrasia, reflejado en el rostro sereno de la Virgen del Tránsito.
































