La Crónica | Linares se vistió de verde y blanco en un Lunes Santo agridulce

Volvía a ser Lunes Santo al final de la cuesta de la vieja cárcel. Un año más con la vista pegada al cielo tras una aciaga mañana de lluvia intensa y los malos augurios que llegaban desde la Andalucía occidental. El Señor de la Oración en el Huerto volvía a encarar el dintel de la puerta de la Basílica Menor de Santa María con la noticia de la supresión del tramo de recorrido correspondiente a la visita a las Hermanas de la Cruz. Asimismo, el recorrido de vuelta también sufriría modificaciones, evocando el antiguo entramado -Sagasta y Antón de Jaén- por el que la Cofradía de Santa María ya transcurrió años atrás.

Ponía los sones la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva de forma sublime para recorrer los primeros metros de la estación de penitencia. Destacable el momento de la bajada de la cuesta de Santa María con la marcha «Rey de los Ángeles» a golpe de costero e izquierdo. El Señor volvía a reencontrarse con el centro de la ciudad en una corta espera tras su salida extraordinaria del mes de noviembre y con paso decidido marcaba el tempo de una tarde que iba empeorando, meteorológicamente, por momentos.

Tras la salida del barco dorado que enmarca la escena de la Sagrada Oración, Nuestra Señora de Gracia volvía a lucir su belleza juvenil flanqueada por un palio que agradecía los efímeros rayos de sol reflejados en el oro fino de las bambalinas. La Virgen navegaba sobre la lonja y, tras un aciago Lunes Santo de 2024, se estrenaba la Banda Municipal de Dos Torres con un delicado repertorio para la Santa Madre en el que no podían faltar marchas como «Encarnación Coronada» o «Siempre la Esperanza».

El paso por Carrera Oficial de la Cofradía mantuvo la normalidad, no obstante una ligera calma tensa embriagada por el frío viento que nunca dejó de soplar hacía presagiar la aceleración que posteriormente se palparía en el cortejo penitencial. El Señor comenzaba su andadura por el recorrido común a sones de «Serva la Bari», para proseguir con «De Capuchinos al Cielo», «De tu Gracia mi Oración» y salir con «Gitano de Sevilla». Nuestra Señora de Gracia hacía lo propio con celeridad para alcanzar cuanto antes la ansiada cuesta.

La cuesta de Santa María volvía a congregar a un gran gentío y el misterio volvía a encaramarse a la pendiente con paso decidido para alcanzar cuanto antes la lonja de Santa María. Arriaba en el tramo central el capataz Isacio Ocaña para coger el último impulso y, con una chicotá, alcanzar la portada principal de la Basílica. Sonaban «Aurora de Resurrección» y «Oh Bendita Estrella» antes de acceder al interior de la Basílica.

La Santa Madre regresaba a su casa con una lluvia fina, presagio del frente que ya había azotado a ciudades como Córdoba o Sevilla. En un suspiro, la Imagen de Martínez Cerrillo dispuso su presteza en la puerta del templo con los primeros paraguas para cerrar un Lunes Santo agridulce.