De la algarabía en los barrios al recogimiento del centro
Antes de las once y media la cruz de guía del Polígono de San Pablo se ponía en la calle bajo un sol de justicia. Numeroso público arropaba a la primera cofradía en abrir las puertas de su sede canónica, la parroquia de San Ignacio de Loyola. Los vecinos volvieron a volcarse con sus titulares. Los balcones lucieron colgaduras, que cada año van a más, demostrándose así la implicación con una hermandad que durante todo el año realiza una labor encomiable. Los miembros de la Unidad Militar de Emergencias esperaban en las inmediaciones del templo en una jornada donde ya es tradicional vivir junto a sus miembros emotivos instantes. En rojo se señala también la petalada que la Virgen del Rosario recibe cuando desemboca en la plaza del Salvador, bajando desde Villegas.
En el Tiro de Línea las puertas se abrieron un cuarto de hora antes de lo previsto. El barrio es el ejemplo más plausible de una unión indisoluble. Su Cautivo y su Virgen de las Mercedes, timón y ancla que arrastran a cientos de devotos hasta el centro de la ciudad. El primero de los pasos volvió a llevar los sones de la Agrupación musical de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, de Linares, llevando una legión de seguidores. El Carmen de Salteras lo hizo tras la Virgen de las Mercedes coronada. A última hora de la tarde, informa sobre un leve cambio en el recorrido de vuelta hacia el barrio del Tiro de Línea. Desde la glorieta de Covadonga, continuó por avenida Isabel la Católica hacia la avenida de la Borbolla, por donde discurrió hasta la avenida Felipe II, continuando su recorrido previsto. El motivo fue el desprendimiento de una rama.
El reloj no alcanzaba las tres de la tarde cuando en la iglesia de Santiago salía la cruz de guía de la Redención. Los titulares, que fueron trasladados días previos, salieron de su remozado templo acompañados de multitud de nazarenos. Volvió a bullir la vida en Lunes Santo en la calle Santiago. Es la cofradía ejemplo del crecimiento de hermanos que están experimentando algunas hermandades en los últimos tiempos. Cuando las corporaciones penitenciales del centro parecen ir perdiendo su espacio en pos de las de los populosos barrios, llega la Redención para romper las estadísticas. Una de las saetas de esta Semana Santa fue sin duda la de Manuel Cuevas desde el Palacio de Villapanés a la Virgen del Rocío, que interpretó escasos minutos después de la salida de la dolorosa. La cofradía, al salir de la catedral, dejó un retraso de quince minutos, que poco a poco fueron disminuyendo las cofradías que realizaron su estación de penitencia. En la Campana, el día acabo en su totalidad con trece minutos de retraso.
Triana volvió a demostrar su Semana Santa con mayúsculas. En el barrio León el Señor del Soberano Poder ante Caifás fue ganándole el pulso al tiempo. Al Caifás se le soltó la mano, por lo que el paso tuvo que permanecer parado unas instantes. En la misma plaza, los priostes se subieron al paso junto con sus ayudantes para solucionar el problema. Junto al Señor, un recuerdo a Bienvenido Puelles, quien desde hace escasas semanas cuenta con una calle en la capital, por la que transitaron los pasos. La dolorosa protagonizó uno de los momentos emotivos del día al visitar al hospital Infanta Luisa. Sonó Triana de Esperanza y la calle se echó abajo. Estrenó el manto, un proyecto que aprobaron los hermanos el pasado 30 de enero del año 2022 por mayoría absoluta, y que hoy pudo verse por fin en la calle. El diseño de la pieza, el primero bordado que no es de camarín del ajuar de la Virgen, es obra de Francisco Javier Sánchez de los Reyes, siendo ejecutado por el taller de Jesús Rosado. Cuando el primero de los pasos accedió a la capilla de la Estrella, nuevamente hubo de reparar el brazo del Caifás. En el exterior, el público se preguntó por la demora.
A las seis y cuarto volvieron a resurgir los sones de Rosario de Cádiz por la capilla del Rosario. La hermandad de raíces trianeras acudió al primer templo de la ciudad sin perder un ápice del buen hacer que le caracteriza. La dolorosa del Mayor Dolor lució un atavío que recordó a la última reina del Lunes Santo. Tras la cruz, María Magdalena volvió a mirar a los sevillanos para hacerles partícipes de la escena que se representa. Y el ángel se reencontró ante sus ojos con el crucificado de Illanes. En el segundo de los pasos, la Virgen niña de Guadalupe. En 2022 fue aprobado el nuevo diseño de la orfebrería del paso. Será Ramón León quien realice nuevos varales, peana, jarras y candelabros, por lo que hoy era una de las últimas ocasiones que podía disfrutarse el actual.
La segunda parte de la jornada fue de recogimiento. La solemnidad de las corporaciones del centro volvió a ponerse de manifiesto cuando, por San Andrés, Jesús fue trasladado al sepulcro. No se acercaba el reloj a las seis y cuarto cuando asomaba la cruz de guía. No faltaron los comentarios de los allí presentes, quienes recordaron la importante labor social desarrollada por la corporación que comanda Antonio Távora, cuyos miembros se han volcado con la guerra de Ucrania dando ejemplo de la labor caritativa que vienen desempeñando. Caridad que ya está impresa en la advocación del Cristo, cuyas heridas volvió a dorar el sol. Este año la Santa Sede le concedió un año jubilar por el 75 aniversario de su fundación. El poco tiempo que puede verse a esta cofradía en la calle —la mayor parte del tiempo lo hace en carrera oficial— provoca numeroso público en zonas como la salida o la plaza del Salvador. Allí, la policía local tuvo que intervenir para despejar el tránsito de la cofradía tras haber acudido a la santa iglesia catedral y regresar por el itinerario de costumbre.
Entre las siete y media y las ocho dos corporaciones más pusieron sus respectivas cruces de guía en la calle. La Vera Cruz enseñó el camino. «Toma tu cruz y sígueme», lema de una corporación que nos retrotrae a otros tiempos. Antonio Bejarano volvió a redescubrir la belleza de la dolorosa de Illanes. El Cristo de menor tamaño de cuantos procesionan volvió a inundar de silencio la carrera oficial. Durante el recorrido, a la Virgen se le aflojó la sujeción del brazo derecho, lo que propició que la mano quedara más baja de lo habitual.
Las Penas reveló nuevamente que es una cofradía de principio a fin. De patrimonio sobresaliente y compostura en la calle de sus nazarenos de matrícula. Es una hermandad que durante todo el año cuida su estación de penitencia. A su regreso contó con más público que años anteriores, sobre todo por la Campana y Alfonso XII. La Virgen encaró este tramo a los sones de Margot, mientras se reflejaba en el cielo una luna que pronto estará completa.
La hermandad del Museo fue la última en reencontrarse con Sevilla. Fue a partir de las ocho y media. En la plaza del Museo un activista pretendió desplegar una pancarta. «Activismo por la abolición de imágenes de violencia explícita y tortura en las procesiones de Semana Santa». Fue detectado cuando pretendía mostrarla ante el paso del Cristo de la Expiración. Los costaleros y la guardia civil se vieron enfrascados en la trifulca. Y los móviles hicieron el resto para que las imágenes pronto se hicieran virales por internet, donde corrieron como la pólvora. Tras salir de la catedral, los nazarenos fueron de tres en tres por Alemanes. El Museo iba con retraso, algo que se constató cuando la cruz de guía debía estar a la una y cuarto de la madrugada en su capilla y un cuarto de hora después del horario fijado para su entrada alcanzaba la calle Bailén. Saeta para el crucificado de la Expiración en Pedro del Toro y también para la Virgen, que volvió a lucir sus manos separadas tras no aprobarse la petición de un grupo de hermanos en un cabildo celebrado para tal efecto. Delante de la Virgen de Cristóbal Ramos decenas de cangrejeros. Allí había expregoneros, escultores, políticos… Al comenzar la saeta, desde un balcón, nadie quiso perderse este momento. Hasta miembros de la policía local quisieron inmortalizar dicho instante. Después, Soleá, dame la mano. Con esta marcha se aproximaba el palio al Museo de Bellas Artes. Pasadas las tres de la mañana solo dos dolorosas permanecían por las calles de Sevilla. A las tres y tres minutos el barrio León se despedía de la Virgen de la Salud. Veinte minutos más tarde, en la plaza del Museo, la decana ponía punto y final a este día. Terminaba así un nuevo Lunes Santo, jornada que cumplió un siglo desde su fundación.
























































































































