La crónica: Un Lunes Santo para soñar despierto y detener el tiempo

La Semana Santa es una manifestación que trasciende de la mera religiosidad para convertirse en esencia misma del pueblo que la acoge, que la desarrolla y que la potencia, como viene haciendo Andalucía desde que la memoria se pierde en épocas pretéritas. Así se evidencia año tras año por las calles de una ciudad donde miles de personas, que probablemente no se acerquen a un sagrario durante 364 días al año, son capaces de aproximarse al mensaje de la Verdad gracias a las cofradías, las únicas capaces de acercarles la Palabra de Dios a las mismas puertas de sus casas, por más que desde la propia curia eclesiástica en ocasiones se olviden de ello.

Este Lunes Santo el Zumbacón volvió a ser la catedral efímera en que se convierte cada primavera, en un templo imaginario bajo el sol de justicia que nos ha regalado su bendita presencia para materializar cada una de las oraciones que convergen a las plantas de Santa María de la Merced y la llevan en volandas camino de la Santa Iglesia Catedral. Minutos antes de las 4 de la tarde la cofradía ya avanzaba hacia un nuevo sueño cumplido y Jesús Humilde coronado de espinas, era aclamado por un pueblo que con sus aplausos abochornaba al miserable sayón que pretendía burlarse del Hijo de Dios.

Tras el andar impecable de la cuadrilla que tiene el privilegio de llevar sobre sus hombros al Señor Coronado y que dirige con gran acierto Raúl Casares, caminando reposado y alargando el pie cuando la marcha lo precisa, comenzó a rezar su banda, la mejor banda posible para el mejor ser humano sobre la faz de la tierra y sus dulces y elegantes sones le envolvieron como una nube de incienso y corcheas para protegerlo de insultos y golpes y pregonar a los cuatro vientos, con la fuerza justa de quien es consciente de que no es preciso levantar la voz sino ser siempre rotundo y preciso, que sus sones sonaban sólo para Él, hoy solamente para Él. Sones de Coronación para el Rey del cielo y la tierra y sones de fe por obra y gracia de una corneta. Espectacular fue la entrada en Carrera Oficial del maravilloso altar itinerante en el que procesiona el Hijo de la Merced, una selecta chicotá para los paladares más exquisitos.

Y detrás Ella, majestuosa, alegre y desenfadada, soberbia y humilde al mismo tiempo, Mercedaria de los sueños imperecederos, la más hermosa, la que gobierna el Zumbacón y conquista con su majestuosidad infinita, por obra y gracia de su capataz, Pepe Fernández, cada rincón de la ciudad de San Rafael. Ella, la que siempre está ahí para alargar su mano de Madre y Maestra, para enseñar el camino correcto que conduce hacia el Salvador y su tierra prometida, acompañada del compás magnífico de Tubamirum que una vez más dejó muestra de su incontestable calidad impregnando cada rincón del paso de palio de la hermosa dolorosa de Buiza, más alegre si cabe este año, en su brillante caminar rumbo a la Catedral. Muy llamativo fue el exorno floral del paso de palio, muy del gusto de quien les habla. Particularmente original fue la disposición del manto con el que la Virgen se paseó por Córdoba, concebida por su vestidor, Antonio Villar, componiendo un conjunto con el nuevo manto liso de salida y el manto de camarín llamado de las Ofrendas. La entrada en Carrera Oficial, al compás de «Coronación de la Macarena», fue sencillamente sublime. Encomiable también fue la puesta en escena del cortejo de la cofradía en su discurrir por la Puerta del Puente, con los nazarenos muy juntos, como debe ser.

El calor de la intensa tarde de Nisan se precipitaba con toda su densidad sobre el Puente Romano cuando la Cruz de Guía de la Hermandad de la Vera Cruz enfilaba el camino que la conducía a la Puerta del Puente para presenciar en primera persona como la dolorosa de San Antonio de Padua entraba en Carrera Oficial a los sones de «Coronación de la Macarena». Es la corporación del Campo de la Verdad una de esas que hacen las cosas bien hechas, sin aspavientos, que gustan de mimar los detalles y destilan calidad y buen hacer en todas sus iniciativas.

Lo evidencian en cada avance que realizan en esa magnífica joya en que poco a poco se va convirtiendo el paso de palio del Dulce Nombre que ya dejó boquiabierta a la Córdoba Cofrade el primer año que por vez primera pisó las calles cordobesas y lo sigue haciendo con cada nueva incorporación pese a que en ocasiones de la sensación de que se dilatan en el tiempo. Caminó con paso firme y sobrio el Nazareno del Campo de la Verdad perfectamente acompañado por la Banda de cornetas y tambores Rosario de Linares, una formación musical que volvió a demostrar, en su feliz retorno a Córdoba, la categoría que atesora; todo un seguro de vida. Como María Santísima del Dulce Nombre, cuyo caminar en ocasiones valiente y en otras con grandes dosis de elegancia, encajaba a la perfección con la incomparable Banda de Música de la Esperanza cuyo elevadísimo nivel y versatilidad están fuera de toda duda. La llegada del palio de la Archicofradía dejó para el recuerdo uno de los momentazos de la jornada, la presencia del Delegado Episcopal de Hermandades y Cofradías, Pedro Soldado, a la sazón director espiritual de la corporación de San José y Espíritu Santo, que iba regalando estampitas y repartió algunas entre la policía que custodiaba el final del Puente Romano. «Le he dado estampitas a la policía para convertirlos», comentó divertido entre las risas de los usuarios de los palcos. A la salida de Carrera Oficial la cofradía comenzó a acumular retraso que se fue trasladando a las hermandades que transitaban tras la Vera Cruz, llegando a límites inauditos que deberán ser analizados para que sean subsanados de inmediato.

Y de barrio a barrio y tiro porque me toca. La Huerta de la Reina ha vuelto a hacer magia este Lunes Santo. La Hermandad de la Estrella es fantasía inabarcable, es un pedazo de cielo que se materializa a ras de suelo para poder acercarnos al Divino Redentor, el Dios hombre que se convirtió en uno más de nosotros, humanizando su divinidad, divinizando su humanidad, alumbrando el camino de la Verdad absoluta hacia ese cielo que tiene un hueco junto a la calle Goya porque Él así lo quiso. Bajo el sol de la primavera, la luz más bella, la que brilla entre los doce varales de su grandeza, la preciosa joya de Juan Ventura que quiso quedarse en un rincón privilegiado de la tierra de San Rafael, para convertirse en faro y guía de los pasos de los navegantes que precisan una luz en la tempestad, para encauzar el timón en el mar de sus tribulaciones.

Allí apareció Ella, radiante, insustituible, eterna… para aferrar el ancla de quienes perdieron el rumbo por las vicisitudes que trampean la vida. Camina la Estrella fina y elegante, alegre y poderosa, dirigida por la mano del capataz de su navío, el que nunca debió abandonar su timón, a hombros de su cuadrilla exquisita y valiente, la que ha vuelto a mandar Rafael Giraldo y al compás preciso y perfecto de quienes le van rezando en virtud de un pentagrama, derrochando alegría a cada centímetro que pisa. Excelente la cuadrilla de la Estrella y magnífica la banda que lleva su nombre. No se puede andar mejor. Macarena, Esperanza Macarena, Estrella Sublime… un rosario de fantasía con el que se fueron desgranando los metros que el cielo de Córdoba tuvo la suerte infinita de sentirla en su cobijo. La promesa de retomar los avances patrimoniales del paso de palio, que llevan detenidos unos años, ha de materializarse más pronto que tarde. La Estrella pide un palio bordado a gritos. Una dolorosa como Ella, una forma de andar como la que ha demostrado su cuadrilla este Lunes Santo, con el palio que merece, es un auténtico sueño que muchos deseamos presenciar con ardiente deseo. Ni siquiera el gigantesco retraso acumulado por el que a su vez causó el paso de palio de la Vera Cruz, ha podido nublar, en modo alguno, la brillantez de una noche memorable. 

Y precediendo su maravilloso roneo, el Divino Redentor, convocando a la oración a cada cambio que marca el timonel de sus trabajaderas, manteniendo siempre fija la atención del pueblo, para convertir cada mirada en evangelio inconsciente que se graba a fuego en las entrañas de quienes lo buscan y lo veneran. Paso a paso, cambio a cambio, derramó su estilo inconfundible la cuadrilla que ahora manda Carlos Lara, en perfecta simbiosis con su Agrupación Musical, que una vez más volvió a demostrar por qué Redención de Córdoba está considerada como una de las mejores agrupaciones musicales de los últimos treinta años; el repertorio perfecto para servir de contrapunto a la personalísima forma de andar de una de las cuadrillas con un estilo más definido de la ciudad de San Rafael, como ha vuelto a dejar patente este Lunes Santo. La emocionante presencia del veterano capataz Juan Rodríguez Aguilar delante del paso de misterio en momentos cargados de especial emotividad, como la entrada en Carrera Oficial, contribuyeron a poner el sentimiento a flor de piel en quienes le respetamos y le admiramos.

Espectacular en todos los sentidos la puesta en escena de la Hermandad de la Sentencia. La elegancia que destila la cofradía desde la cruz de guía hasta el paso de palio es sencillamente un espectáculo para los amantes de las pequeñas cosas, un ejemplo a imitar en esta Córdoba cofrade tan poco acostumbrada a cuidar los detalles y que ha aprendido en los últimos tiempos que es ahí donde se alcanza la distinción. Un cortejo que, particularmente, en el caso del tramo del misterio es una característica que se aprecia de manera perfecta y magníficamente premeditada.

Es un auténtico goce ver pasar a los nazarenos de la Corporación de San Nicolás perfectamente formados, discretos, manteniendo la compostura en todo momento, anticipando la elegancia que termina por conquistarlo todo cuando el imponente misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, que dirige con maestría David Arce, absolutamente consolidado en la élite nuestros capataces, irrumpe en la escena con una clase indiscutible y una perfección sobradamente contrastada, acompañado de manera impecable por La Victoria de León, un lujo a nuestro alcance, que hace ya varios Lunes Santos que podemos escuchar y que hemos tenido la suerte de volver a disfrutar detrás del misterio de Pilatos derramando una tras otra una secuencia interminable de marchas clásicas, tan características en la cofradía de San Nicolás, como «Sentencia de Cristo«, marcha con un inconfundible aroma a la Centuria más tradicional que fue un auténtico lujo. Como lujo fue la impecable chicotá de la cuadrilla del misterio tras el palquillo de entrada, en la que David Arce cuadró el paso de manera sencillamente perfecta. Muy a destacar que el Señor que tallase Juan Martínez Cerrillo saliese a la calle con las manos atadas a la espalda, en lugar de por delante, propiciando una imagen singular.

Elegancia que se multiplica al llegar ante las miradas del espectador el paso de palio de Gracia y Amparo, una auténtica barbaridad, potenciado con el magnífico manto que Rafael de Rueda ha diseñado para Ella. Resulta inevitable embelesarse al contemplar el conjunto completo… y abandonarse a la locura estética propuesta. Un conjunto que se mueve con un gusto impecable. La clase que demuestra la cuadrilla que dirige Luis Miguel Carrión son palabras mayores. Un deleite para los sentidos, una auténtica maravilla, que deja un regusto a perfección, cuando su rachear preciso, exacto, se aleja de nuestra mirada. El nivel de la Banda de Alcalá es otro disparate. Una auténtica barbaridad, una gozada de muy altos quilates, que propicia instantes de ensueño, como la entrada en Carrera Oficial al compás de «Expirando en tu Rosario», una joya de Antonio Pantión. Un conglomerado maravilloso.

Detrás del palio de la antigua Virgen de los Remedios, los tradicionales tambores roncos de la hermandad del Vía Crucis convocaban a la oración y exigían un oportuno recogimiento, solamente fracturado por los ecos de las marchas del paso de palio que precedía el caminar pausado de los nazarenos de la Trinidad que lentamente iban tomando posesión del recorrido oficial preparando el terreno para la llegada del impresionante crucificado, una de las joyas menos pregonadas de nuestra Semana Santa, injustamente olvidada por buena parte del gran público cuando se trata de relacionar las maravillas de la Córdoba Cofrade.

Una Córdoba que tiende a obviar que estamos ante un espectacular crucificado del siglo XVI, en parte porque la valoración que de las “cosas de cofradías” suele hacer la mayor parte del espectador medio suele obedecer a cuestiones vacías y superfluas que nada tienen que ver con el indiscutible valor artístico que atesora una talla como el Cristo de la Salud cuya mera visión convierte en innecesario cualquier accesorio, paso incluido. Su imagen año tras año, enclaustrado en una penetrante nube de incienso, es uno de esos conjuntos estéticos que jamás deberían escapar de nuestras retinas.

Quietud y recogimiento, silencio y Miserere. El cortejo sobrio de San Lorenzo, quebraba el silencio de la multitud a la voz del Santo Rosario que hacía claudicar los espíritus más obstinados. La cruz de guía de la corporación del templo fernandino llegó con un considerable retraso a la Carrera Oficial, propiciado por la imposibilidad de avanzar con solvencia en la Cruz del Rastro, percance que instó a actuar a las Fuerzas de Seguridad del Estado. No obstante ello no fue óbice para que, pese al importante retraso, de media hora, la habitual compostura de los sobrios nazarenos se mantuviese imperturbable. La llegada a la Puerta del Puente del imponente crucificado del Remedio de Ánimas, envuelto en la habitual nube de incienso que acaricia su negrura y el Miserere que profundiza en el espíritu de los espectadores, provocando la introspección y la oración de todas las miradas, fue sin lugar a dudas uno de los momentos más especiales de la noche.

A no excesiva distancia, habida cuenta de la peculiar distribución del cortejo dispone esta cofradía, avanzaba su Bendita Madre, la Virgen de las Tristezas, excelsa e impresionante, como siempre, Reina infinita en su espectacular baldaquino que nunca deja de asombrar a quienes son testigos de tanta belleza, porque no hay mejor forma de culminar el Lunes Santo que acompañar su grandiosidad hasta las mismas puertas de San Lorenzo para consolar su dolor infinito y el llanto descarnado de una Madre a quien han robado aquello que más quería.

El Lunes Santo se fue difuminando de entre los dedos apenas sin darnos cuenta y a las doce de la madrugada en punto, mientras el Cristo de la Salud se sumergía en la encrucijada de callejuelas que conforman la Judería, un twit de la Hermandad del Prendimiento ya recordaba que era Martes Santo, en el preciso instante en el que las respectivas cuadrillas de Sentencia y Gracia y Amparo daban una auténtica lección de maestría costalera en el giro de Blanco Belmonte con Barroso, y poco antes de que los más jartibles fuesen a buscar a la Estrella que, bastante más tarde de lo esperado, navegase gloriosa en la Huerta de la Reina al compás de las marchas que interpretaba magníficamente su banda, y erizaba el vello y provocaba el brillo en la mirada de los que tuvieron la suerte de estar allí. Lentamente la madrugada fue recordándonos que había llegado a su fin, un año más, la jornada más completa de nuestra Semana Santa, con la satisfacción de haberla vivido en plenitud y la añoranza de imaginar que queda un año entero para volver a disfrutarla.