La crónica | Noche de Museo y retales de historia

La corporación completa su efeméride con una exquisita procesión llena de simbolismo

Ocho de noviembre. Cinco y media de la tarde. Plaza Virgen de los Reyes. Sevilla espera impaciente. El cortejo empieza a salir por la Puerta de los Palos mientras el paso avanza por el interior de las naves catedralicias.

Llegan a la Capilla Real, aún en obras, y saludan a la Patrona de Sevilla, ubicada en el trascoro de la Seo y exornada con flores alusivas al acontecimiento que se conmemora.

La Hermandad decana del Lunes Santo, el Museo, celebra los 450 años de vida llevándonos al pasado, con una imagen sobrecogedora de la Virgen de las Aguas a los pies del Cristo de la Expiración con el paso de misterio.

Esta insuperable escena se ha convertido en altar andante esta tarde por las calles de la ciudad, regalando estampas deliciosas que forman ya legado devocional de la ciudad.

Una de las sorpresas más esperadas fue ver al crucificado de Marcos Cabrera con música, algo que el Lunes Santo solo sucede con la titular Mariana.

La Oliva de Salteras componía la banda sonora de la jornada, con un repertorio que aunaba marchas fúnebres con nuevas composiciones de corte nostálgico.

Especial mención merecen la interpretación de “Nuestro Padre Jesús” en la calle Alemanes esquina con Hernando Colón; y la inconfundible “Amarguras” de Font de Anta ante el andén del ayuntamiento ante cientos de personas.

Llamaba la atención del mismo modo el atavío de la Virgen de las Aguas, sin el clásico tocado monjil y con un manto bordado, que distaba del clásico manto liso de color azul noche con el que deleita a propios y ajenos en Semana Santa.

El itinerario conquistaba igualmente a los cofrades más puros, retomando ese recorrido antiguo por la Plaza de San Francisco, el consistorio local o la calle Tetuán.

Combinó estas vías con otras zonas inéditas para la cofradía, como el Convento del Santo Ángel en la calle Rioja, la Plaza de la Magdalena o la Iglesia de Monserrat.

Finalmente, la corporación llegaba a la Plaza del Museo a las once menos cuarto de la noche para cerrar esta jornada inolvidable con la sintonía por antonomasia, “Virgen de las Aguas”, con la que se despedía de los sevillanos hasta la próxima primavera.