La Crónica | Regreso azul y plata

La Hiniesta Gloriosa ha cruzado el corazón de la ciudad en su vuelta a San Julián

Sueño cumplido. Ésas serás seguramente las dos palabras repetidas en la mente de muchos hermanos.

El sueño se ha cumplido en el barrio de San Julián, donde cada año al llegar uno de los Jueves más relucientes del calendario, el del Corpus Christi, llevan a su joya más preciada al epicentro de la ciudad.

La delicadeza de Nuestra Señora de la Hiniesta ha vuelto a perfumar las calles de Sevilla durante dos inolvidables jornadas.

El miércoles se trasladaba a la Virgen al altar del Corpus instalado en la fachada del Ayuntamiento hispalense.

La titular gloriosa presidía nuevamente este monumento efímero, al ser la Patrona de la corporación municipal.

Y en la tarde de este jueves, tras la impresionante procesión con el Santísimo Sacramento del altar, la Señora iniciaba el retorno al barrio que la venera cada día del año, San Julián.

El paso se levantaba minutos después de las ocho de la tarde, y tras bajar la rampa del altar buscaba la calle Francisco Bruna y la Cuesta del Rosario para salir a la Alfalfa y la Plaza de San Pedro.

La Virgen de la Hiniesta lucía para ambas salidas el manto azul bordado en oro estrenado en 2024, conjuntado a la perfección con las flores blancas del exorno.

Respecto a la parte musical, la Banda Municipal de Música de Mairena del Alcor acompañaba a la imagen de gloria, y la Agrupación Musical María Santísima deas Angustias Coronada (Los Gitanos) hacía lo propio en la Cruz de Guía.

El cortejo, tras llegar al Cristo de Burgos, continuaba por la calle Doña María Coronel en la anochecida del Jueves de Corpus.

Y poco a poco, con las velas de los guardabrisas iluminando todo el paso y el sabor nostálgico de las marchas “Madre Hiniesta” o “Hiniesta” de Peralto, llegaba la Virgen a los callejones cercanos a su templo.

Allí se desataría el fervor popular, con vivas y petalás a la reina de la collación, y ese nudo en la garganta que desencadenaría la emoción hasta la entrada.

A las once y media de la noche, la Hiniesta cruzaba el dintel de San Julián, cerrando las dos jornadas para el recuerdo que la hermandad y la imagen gloriosa han regalado a Sevilla.