Llego a la ciudad de Córdoba con la ilusión de vivir su Semana Santa. Semana Santa de la que tanto he leído y escuchado. Desde mi ciudad, al otro lado de los límites de esta provincia, he tenido que dejar transcurrir dos Cuaresmas con sus Semanas Mayores casi de vacío para poder compartir con mi diario todo lo que las Hermandades y Cofradías de la ciudad de San Rafael hagan huella en mi alma. Y con ese espíritu he llegado ligero de equipaje pero cargado de ánimo para retener en mis sentidos todo lo que la Semana Santa cordobesa deja impregnado para siempre en quien la conoce.
Hoy ha amanecido un día de primavera. Primavera en Córdoba. Primavera en Sábado de Vísperas. Vísperas de la Semana Santa más esperada. Y hoy es la Semana Santa de los barrios. Semana Santa de barrios que rinden culto externo a sus Imágenes por sus calles, alejadas del núcleo cofrade de la ciudad; pero barrios que miran al río con la ilusión de procesionar sus Titulares a la Catedral cordobesa más pronto que tarde.
Me esperaba un día de desplazamientos largos para llegar a todos los puntos que hoy se convierten en los centros de la geografía cofrade; y así me he dispuesto, no sin antes haber consultado con algún conocido sobre la forma de vestir más apropiada para el día, o el calzado, o incluso qué portar en mi pequeña mochila que me delata como forastero en esta ciudad que acoge a tanta diversidad individual en su semana grande. Incluso también consulta sobre la conveniencia o absoluto sacrilegio que sería desplazarme, al menos hoy, sobre mi patín eléctrico que tantas veces me ha evitado retrasos. No me puso buena cara del todo, pero tampoco interpreté un rechazo absoluto en la mueca que me hizo con la boca medio torcida.
He querido seguir el orden que me invita a seguir el librito que he podido recoger en la recepción de mi hostal, sin tener claro si es el más apropiado. Pero como soy nuevo en esta ciudad, no me queda más remedio que confiar.
El Sábado de Pasión, el Sábado de Vísperas -me indica el recepcionista- es día para salir de los muros de la ciudad y llegar a barrios de mediados del siglo pasado o de principios de éste. Y así, con mi aplicación de mapas del móvil en la mano, me dispuse a llegar hasta donde María Stma. de la O, el Stmo. Cristo de la Lágrimas, Ntro. Padre Jesús de los Afligidos y el Traslado al Sepulcro me llamaban.
Menos mal que no me fié de la información de la web de la Agrupación de Cofradías, en la que sólo constan como Hermandades de Vísperas la Hermandad de las Lágrimas y la Hermandad de la Presentación al Pueblo, porque la Hermandad de la Conversión, según me informó un cordobés muy arreglado y engominado, cofrade que tiene toda la apariencia de saber mucho de su Semana Santa (creo recordar que me dijo que se llamaba Rafalito) ya no sale en Vísperas, sino el Viernes Santo. Pues este buen chaval me ha ahorrado plantarme en un barrio bastante lejano para ser el primero en coger sitio para ver salir a esta hermandad con seis días de antelación.
Viendo la dificultad que iba a tener para poder estar en tres puntos de la ciudad distantes a la misma hora, las siete de la tarde, tuve que elegir sólo una salida. Y ésta ha sido la de la Hermandad de la O en el barrio de Fátima.
La Hermandad de la O tiene a su barrio de Fátima a los pies de María Santísima. Con un exorno floral impresionante de rosas color champagne, orquídeas, clavellinas y otra pequeña flor que no he podido reconocer, junto con las flores de la cera, y con las esquinas del paso que parecen querer salirse de la canastilla, con “trianeras maneras”, el de la O es el primer palio que se pone en la calle en 2022 en Córdoba. A los sones de la Banda de Música Villa de Osuna, María Santísima de la O fue dejando atrás la antigua cárcel de la ciudad, junto a su Parroquia de Ntra. Señora de la Aurora, tras una salida bastante complicada sobre los cojinetes de la mesa. Una primera “levantá” un tanto defectuosa teniendo en cuenta desde la altura a la que los costaleros comenzaban a izar el paso de palio.
Salvada esta primera dificultad, con un paso alegre y elegante, el calor del sol se diluía con el calor de los aplausos de las gentes del barrio que en gran número han acompañado a la Titular de la Hermandad de Fátima. He sentido una gran ternura al ver cómo una pequeña se ha acercado por primera vez a pedir cera a un penitente muy joven. La timidez de la niña contrastaba con los nervios y la ilusión de la madre al ver esa primera bola de cera verde formándose entre las manos de quien seguro será cofrade activa muy pronto. Seguro que así se lo pide a la Virgen.
No puedo cerrar este capítulo en mi diario sin mencionar el estreno de una preciosa saya bordada en oro por los miembros del taller de bordado de la propia hermandad, y siguiendo el diseño de José Aguilar Hernández.
Impresionado por el andar de un paso de palio cordobés, tuve un pequeño paseo (comparándolo con los que me quedaban aún) hasta el populoso barrio de Cañero para ir a ver la Presentación al Pueblo.
Con la hora justa de tomar un café junto a la Plaza de Cañero, cerca de la Parroquia de San Vicente Ferrer, me presenté ante Ntro. Padre Jesús de los Afligidos en su Sagrada Presentación al Pueblo. La Hermandad Dominica me ha impresionado por su cortejo, ya que son los primeros nazarenos que he visto en la calle. Entre las insignias de la Cofradía debo destacar el estreno del Guion de Juventud, confeccionado por el cordobés Enrique Ruiz Flores; y con mástil plateado y cincelado por el taller lucentino de José Carlos Angulo Cámara. El mástil está rematado por la flor de lis de los dominicos y símbolos pasionistas y eucarísticos y cordones y borlas del escudo de Fray Albino, obispo que auspició la creación del barrio.
Pero lo que más me ha impresionado es la fuerza del recién bendecido Poncio Pilatos, obra de López Espino, ante la serenidad y aflicción de Jesús -comprensible la advocación de la Imagen- que mira a la gente de su barrio con las manos atadas sujetando una caña. La música de la Agrupación Musical de la Redención acompasando el andar de Jesús y de Pilatos paraliza a cualquiera.
La silueta de la escena sobresale por las bajas alturas de las viviendas de Cañero, dejando un fondo azul tras las cabezas de los protagonistas de esta Presentación de Jesús al pueblo cordobés.
Aún con la mirada de Jesús de los Afligidos clavada en mi memoria, tuve que marchar al otro extremo de la ciudad, ya anocheciendo. Menos mal que he podido contar con mi inseparable patín eléctrico que, muy cofrade sé que no es -por las miradas que la gente me ha echado hasta ahora-, pero es que Córdoba es un laberinto para quien no la conoce. Y este visitante se está estrenando en ella.
Llegué al barrio de Figueroa con la batería del patín un poco baja. No pensaba que fuese tanta la distancia. Pero llegué de noche para presenciar otro barrio con su cofradía.
Tras dos años sin poder procesionar, el barrio de Figueroa se agolpa en menor medida que los anteriores en los alrededores y calles aledañas a la Parroquia de la Asunción para presenciar el momento en que el Cristo de las Lágrimas es izado en la cruz. La Banda de Cornetas y Tambores de Ntra. Sra. de la Salud, con gran potencia de viento, ha puesto el acompañamiento musical al caminar de un paso que ha estrenado los faldones y que llevaba un monte de clavel rojo, como un calvario teñido de sangre.
Cortejo que no llega a la centena y que ocupa el ancho de la calle cuando transita por amplias avenidas. Es necesario saber que no hay que ocupar todo el espacio con el que se cuenta, lo que puede llegar a deslucir el pasar de los penitentes y disolver el recogimiento que debe respirarse en las filas de cirios. Pero son cosas que se van limando con el paso de los años.
Sin mucho tiempo para poder permanecer en este barrio tan alejado de todo, me dirigí a mi último destino del día. Más cercano, lo que agradecieron mis pies y mi querido patín, con las últimas bocanadas de batería para hoy.
Con el tiempo justo de verlos salir de la Iglesia de las Margaritas, donde han hecho Estación de Penitencia, Nuestra Señora de la Salud y Traspaso tiene en su regazo al Santísimo Cristo de las Almas. No es momento aún de representar el traslado al sepulcro nuevo de José de Arimatea, pero cada vez falta menos para que el Misterio se complete. Mientras llega el momento, todo un misterio reducido a su esencia. La Madre y el Hijo. En la sencillez toda la belleza. Y la música de capilla del Trío Trivium dota al cortejo procesional de un ambiente de recogimiento extremo mientras la Virgen busca consuelo con la mirada perdida por las calles de la Colonia de la Paz. Con paso alargado y contundente, el racheo de los costaleros me ha transportado a otros momentos que viven en mi memoria. Y he podido apreciar ese sonido gracias al silencio que, según me ha contado mi nuevo y reencontrado amigo cofrade, el que ya me ayudó al iniciarse la tarde, los propios costaleros han contagiado a todos los presentes desde que rezaron un Padrenuestro y una Salve con las puertas del templo abiertas a todos.
También me ha contado, esto más con un ánimo de chisme que de información, la circunstancia que se ha dado cuando han encontrado un vehículo aparcado en la misma puerta del templo, lo que impedía la salida del cortejo procesional. No quiero imaginar la cara del propietario al llegar a retirar su coche (o al tener que ir a recogerlo del depósito municipal).
Y con tantas imágenes, sonidos, olores, sensaciones, marché medio camino sobre el patín, medio camino el patín sobre mí, hasta mi hostal en la calle San Fernando. Cena ligera y a iniciar este diario. No me atrevo a quemar incienso por si me dicen algo desde recepción. Pero nadie me va a quitar el momento de escuchar marchas procesionales con mis auriculares.
Mañana es Domingo de Ramos, día de Palmas, día de estrenar, día de echarse a la calle. Los pies no están muy cansados, pero son tantas las imágenes nuevas para este visitante que se asoma por primera vez a la Semana Santa de Córdoba que sé que me va a costar trabajo conciliar el sueño. Mañana veremos.









































































