La Dolorosa y el Cristo de la Misericordia se han trasladado a la catedral para la coronación
A tan solo siete días para que la capital de Andalucía vuelva a vivir una coronación canónica, Sevilla ha vivido un delicioso preludio lleno de matices.
El excepcional conjunto de la Virgen de la Piedad y el Cristo de la Misericordia de la Hermandad del Baratillo se han trasladado este sábado a la Santa Iglesia Catedral, donde tendrá lugar el pontifical coronatorio.
Faltaban cuatro minutos para las siete de la tarde cuando se abrían las puertas de la capilla mientras estalla en aplausos una calle Adriano absolutamente atestada de público para presenciar el discurrir de la procesión.
Un amplio cortejo compuesto por cientos de hermanos y varias insignias desfilaron durante más de media hora antes que el estandarte corporativo y los ciriales anunciaran el fin de la espera.
El portentoso paso del misterio de la Piedad se levantaba en el interior del templo, y poco a poco salía al exterior entre el silencio expectante de una ciudad entregada, que rompía a aplaudir con los sones de la marcha real interpretados por la Banda del Sol, formación musical que también acompaña a la cofradía cada Miércoles Santo.
Las andas iban exornadas para la emblemática ocasión con rosas rojas, conformando un bellísimo contraste con el dorado de la canastilla.
La procesión discurría con toda normalidad y la Piedad ganaba metros hacia el templo mayor metropolitano con los compases de marchas clásicas que evocaban a la mejor y más envolvente Semana Santa.
Los minutos avanzaban al ritmo de la noche, que se convirtió en una protagonista más de un traslado exquisito en el que ha acompañado hasta la meteorología, pues si bien el cielo encapotado presagiaba una tromba de agua durante la tarde, finalmente quedó despejado y sin rastro de las temidas precipitaciones.
Las andas llegaban al entorno de la Seo Hispalense sobre las diez de la noche, atravesando el Postigo, Tomás de Ybarra y la Puerta de Jerez para acceder a la Plaza Virgen de los Reyes por el Triunfo, donde volvía a reencontrarse con el monumento a la Inmaculada como cada Semana Santa.
El reloj marcaba las once cruzaba el dintel de la puerta de palos el misterio de la Piedad, poniendo el broche a una jornada ilusionante que presagia una coronación y procesión de regreso únicas e irrepetibles.

















