Las agradables temperaturas y el gentío de media mañana protagonizan una procesión de postal
El primer jueves de junio ha regalado un abanico de imágenes dignas del premio Pulitzer. La capital andaluza ha vivido una de sus jornadas más especiales del año con un Corpus Christi esplendoroso.
El cortejo salía de la Puerta de San Miguel de la catedral pasadas las ocho y cuarto de la mañana, con nueve pasos en su amplitud y representaciones de todas las hermandades, el clero y la sociedad civil y política sevillana.
Las Glorias de la ciudad antecedían, con una importante representación de hermanos, el paso de Santa Ángela, exornado tradicionalmente por la Hermandad de la Amargura y luciendo este año claveles de color rosa claro.
Madre Angelita es la última imagen incorporada a la procesión, una decisión acertada y respaldada por los cofrades y devotos de la fundadora de las Hermanas de la Cruz, a la que la ciudad no deja de mostrar su cariño por el bien realizado a los más desfavorecidos.
A continuación, pasaban parte de las hermandades de penitencia, con alta presencia de miembros de cada corporación, sumando en algunos casos más de treinta parejas. Aunque han sido nuevamente las cofradías de La Macarena y El Gran Poder las que han sumado mayor representación en sus respectivas ubicaciones dentro de la comitiva.
Tras el paso de Santa Ángela y las corporaciones, Santa Justa y Rufina nos evocaban el sabor del arrabal trianero. El precioso paso de las hermanas canonizadas presentaba además uno de los exornos más hermosos y originales de la mañana, con una combinación de flores de distintos colores preparada por la Hermandad de la Estrella.
Continuaban los también hermanos y obispos de la ciudad, San Isidoro y San Leandro, con sendos pasos adornados por las corporaciones de San Isidoro y La Macarena.
Con la llegada de los dos prelados, el calor apretaba en la Avenida de la Constitución, las plazas de San Francisco y El Salvador o el entorno de la Catedral, pero este hecho no asustó al público asistente, el cual aumentaba a medida que avanzaba el minutero.
También con ese aumento de temperaturas se acentuaba el rumor de tambores, platillos y cornetas de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, la misma que acompaña al Rey San Fernando en su periplo por el centro de la ciudad con la gubia de Pedro Roldán.
Prosiguieron las andas de la Inmaculada, una talla atribuida a Alonso Martínez en 1650, enmarcada en el luminoso cielo celeste que cubría Sevilla; y el precioso Niño Jesús realizado por Juan Martínez Montañés, y que serviría de modelo a los divinos infantes de la escuela montañesina reproducidos por toda Andalucía.
Finalmente, culminaban la Custodia Chica con la escolta inmejorable de los Seises; y la gran Custodia de Arfe, una espectacular construcción en plata de cuatrocientos setenta y cinco kilos de peso y casi cuatro metros de altura.
Con el Señor Sacramentado, ante el que un año más se arrodillaban cientos de fieles, se ponía fin a una procesión de casi tres horas que ha destacado por la brillantez, la solemnidad y la buena organización a lo largo de todo el itinerario.



































































