La crónica | Sevilla vuelve a encontrarse con la Virgen de los Reyes en una mañana de memoria, fervor y amor imperecedero

Existen mañanas en Sevilla que parecen haber sido escritas mucho antes de que amanezca. A las siete, cuando agosto todavía envolvía la ciudad con su calor y las calles estrechas que conducen al centro comenzaban a despertar, los sevillanos ya caminaban hacia la plaza Virgen de los Reyes. No había otra dirección ni otro destino. Todo conducía hacia la Catedral y hacia la imagen que, desde hace generaciones, concentra una parte esencial de la memoria mariana de la ciudad: Nuestra Señora de los Reyes.

La jornada había comenzado mucho antes. Desde las cinco de la madrugada permanecieron abiertas las puertas de Campanillas y de San Miguel de la Catedral de Sevilla para recibir a los peregrinos que acudieron a las misas celebradas a las 5:30, 6:00 y 6:30 horas. Llegaron desde numerosos pueblos, especialmente del Aljarafe, para participar en aquellos primeros cultos cuando la ciudad todavía permanecía sumida en el silencio y el calor de la madrugada.

Después, la plaza Virgen de los Reyes fue reuniendo a la multitud. Allí se encontraron quienes habían llegado desde otros lugares y quienes habían madrugado para volver a contemplar una escena que, aunque se repite cada año, nunca deja de poseer el misterio de lo esperado. Sevilla aguardaba ante la Catedral, con la mirada puesta en sus puertas y con esa forma tan suya de convertir una costumbre heredada en acontecimiento.

A las ocho en punto, la espera terminó. La Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis salió de la Catedral, y las campanas de la Giralda anunciaron a toda la ciudad que Nuestra Señora de los Reyes ya estaba en la calle. También repicaron las campanas del cercano convento de la Encarnación, desde cuyas ventanas podían divisarse las hermanas. El lenguaje secular de las campanas volvió a extenderse sobre los tejados para anunciar una presencia que Sevilla reconoce sin necesidad de palabras.

Y entonces apareció una estampa rescatada del tiempo. Ochenta años después, Nuestra Señora de los Reyes volvió a vestir el mismo terno blanco que lució en 1946, con motivo de la proclamación de su patronazgo. La imagen de aquella mañana parecía regresar desde la memoria para instalarse nuevamente ante los ojos de los sevillanos. El pasado no estaba representado solamente en el recuerdo: estaba presente en las vestiduras de la Virgen.

El conjunto posee un extraordinario valor histórico porque procede de un vestido de gala de la reina Isabel II, circunstancia que incrementa su relevancia dentro del patrimonio textil vinculado a la imagen. El histórico terno blanco había sido restaurado recientemente por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), en una intervención financiada íntegramente por el Cabildo Catedral.

Su recuperación hizo posible que esta pieza volviera a contemplarse durante los cultos del 80 aniversario del patronazgo y que la Virgen de los Reyes recuperara, en esta celebración, la misma estampa con la que fue presentada en 1946, durante aquella trascendental proclamación para la historia de la Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis.

Pero la historia nunca regresa exactamente igual. Las estampas antiguas volvieron a encontrarse con la Sevilla contemporánea, y en ese contraste residió también parte de la belleza de la mañana. Los niños carráncanos y la Sacramental del Sagrario evocaban la continuidad de una tradición cuidadosamente conservada, mientras las sillas de playa situadas tras las cadenas de la Catedral y los pisos turísticos que rodean el primer templo de la ciudad dibujaban el escenario de la Sevilla actual. Sobre todo ello comenzó a crecer la luz. El astro rey descubrió el rostro de la Virgen y el del Divino Infante, iluminando progresivamente la escena mientras el cortejo continuaba por la avenida de la Constitución, completamente abarrotada.

PROCESIÓN DE LA VIRGEN DE LOS REYES Y MISA ESTACIONAL EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN
Vuelve a vivir la procesión en imágenes

La ciudad volvió a salir a su encuentro. Sevillanos y devotos llegados desde distintos lugares llenaron un año más las calles aledañas para acompañar el recorrido de la Patrona. Había en aquella multitud algo más que la contemplación de una imagen: estaba el vínculo de una ciudad con una devoción que ha atravesado generaciones y que, cada 15 de agosto, vuelve a hacerse visible en sus calles.

La solemnidad de esta jornada estuvo acompañada además por una conmemoración centenaria. Este 15 de agosto se cumplieron cien años de la aprobación de la fórmula del voto y juramento que continúa realizándose durante la misa de la Asunción y Mediación en honor a la Virgen de los Reyes. El acta aprobada por el Cabildo Catedral hace ya un siglo constituye otra de las muestras del carácter mariano de Sevilla y de su defensa del dogma de la Asunción y de la Mediación de María.

También la música siguió el cauce de la tradición. La Banda Sinfónica Municipal de Sevilla abrió el cortejo, mientras la Coral Virgen de los Reyes puso sus voces delante del paso y la Banda del Ejército de Tierra figuró tras la Virgen. Tres presencias musicales que acompañaron el caminar de la Patrona mientras la mañana iba extendiendo sobre la ciudad la claridad de agosto. Junto a la Virgen, el arzobispo de Sevilla José Ángel Saiz Meneses, quien ha vuelto a demostrar, como hace siempre, que ha logrado mimetizarse como nadie con las gentes de la tierra de María Santísima y su religiosidad popular, acompañado del arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta. También han participado, al frente de la representación de la corporación provincial —con maceros de color verde—, el presidente de la Diputación de Sevilla, Javier Fernández y encabezando la representación de la corporación municipal —con maceros de color rojo y escoltada por una sección de la Policía municipal con traje de gala— el alcalde de Sevilla José Luis Sanz.

Después de la procesión, el desfile militar ante la Virgen y la misa estacional, la Patrona será trasladada a la Capilla Real para el comienzo de la octava y del segundo besamanos, con los que culminarán sus cultos anuales. Y así, una vez más, Sevilla vuelve a cumplir con una de esas citas que parecen pertenecer a la esencia misma de su calendario. Desde las primeras horas de la madrugada hasta el regreso a la Capilla Real, la ciudad camina hacia su Patrona, mientras las campanas, la luz, la música y la multitud componen una estampa en la que el tiempo parece detenerse.

Ochenta años después de aquel terno blanco de 1946, cien años después de aquella fórmula de voto y juramento, la mañana volvió a escribir otra página de una historia que Sevilla sigue contando cada 15 de agosto. La Virgen de los Reyes volvió a salir a la luz de agosto y Sevilla volvió a mirarla. Y quizá ahí, en ese sencillo acto de mirar, reside una de las formas más profundas de conservar la memoria.