Mucho público y frío polar en la extraordinaria del nazareno de San Vicente
Nada podía presagiar que un 22 de noviembre la capital andaluza se refugiase en un abrigo de pleno enero por las bajas temperaturas, pero tampoco ver al Señor de las Penas con música por el centro de la ciudad.
Los 150 años de historia de la cofradía del Lunes Santo bien valían un broche de oro a los actos extraordinarios del aniversario, los cuales se han completado con la salida de la imagen cristífera.
El cortejo de hermanos ataviados con traje oscuro, y vestido en el caso de las hermanas, partían a las cinco de la tarde desde la Iglesia del Buen Suceso, templo donde nació la corporación y al que se trasladó en andas el Cristo de las Penas el pasado martes.
Minutos más tarde, con un riguroso silencio, cruzaba el dintel de la puerta el nazareno, ataviado con túnica bordada en color morado y entronizado en su paso barroco exornado con claveles rojos, y con la novedad de las velas blancas en los cuatro faroles, eligiéndose este color por el carácter festivo de la procesión.
Una vez hubo salvado el pórtico del Convento de los Padres Carmelitas Calzados, sonaba en la Plaza del Buen Suceso “Jesús de las Penas”, la marcha inmortal de Pantión dedicada al Señor, siendo la primera de las composiciones interpretadas por la Banda del Maestro Tejera, la cual acompaña el Lunes Santo a la imagen mariana de la hermandad, la Virgen de los Dolores, y en esta ocasión otorgaba el carácter extraordinario a esta salida poniendo los sones musicales al paso de Cristo.
Justo después de la salida se vivió el segundo de los momentos históricos que no dejaron de repetirse durante toda la tarde. La comitiva desfiló por la Plaza del Cristo de Burgos y el entorno de la Alfalfa, un itinerario inédito para la corporación del Lunes Santo.
Destacó el saludo a la Hermandad de San Isidoro, y su transitar por el Salvador y la Plaza de San Andrés, donde una representación de la cofradía de Santa Marta les recibió en la puerta lateral.
Otro de los instantes para el recuerdo fue la entrada en la Basílica del Gran Poder y el encuentro en su interior con el Señor de Sevilla, mientras la Banda del Maestro Tejera interpretaba un exquisito repertorio.
Tras detenerse en este punto y ante la propia Parroquia de San Lorenzo, el Cristo de las Penas buscaba el Convento de Santa Rosalía y la calle Baños, arriando las andas nuevamente ante la Capilla de la Hermandad de la Vera Cruz a los sones de “Virgen de las Tristezas” de Pedro Braña.
Ésta fue la última visita en el recorrido, pues minutos más tarde, en torno a las once y media de la noche, el Señor de las Penas llegaba a San Vicente con la misma marcha que lo recibía en el Buen Suceso, la delicada “Jesús de las Penas”, que hacía las veces de Alfa y Omega en esta jornada histórica.
























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