La crónica | Villaviciosa muestra con su procesión que lo cotidiano puede ser extraordinario

La cofradía de San Lorenzo ha celebrado su procesión este domingo por las calles de la feligresía

En una época de continuas salidas extraordinarias, organizadas por los más diversos motivos y con una creciente saturación de cofradías en las calles de Córdoba, vivir una procesión prevista, inmutable y celebrada anualmente, lejos de perder interés lo acrecienta.

Y este ha sido el caso de la que ha recorrido las calles de la feligresía de San Lorenzo de Córdoba en la tarde de este domingo. La protagonista no ha sido otra que la imagen de Nuestra Señora de Villaviciosa. 

La Divina Enfermera ha dejado el gusto por el trabajo, de décadas, bien hecho, con prudencia, sin estridencias y mostrando un resultado final no solo plagado de calidad estética, sino de lo más importante, la devocional.

Para ello ha contado con los sones, siempre elegantes, de la banda de La Esperanza de la capital cordobesa y con una cuadrilla de costaleros y un capataz en sintonía perfecta con el espíritu de la cofradía: elegantes y sin alardes. Ese es el magisterio que reparte Fernando Chiachío que, hace tan solo una semana, ejercía como capataz de Nuestra Señora de la Fuensanta.

Y, como siempre y que dure muchos años, la Virgen de Villaviciosa ha dejado el momento más especial ante la capilla de la iglesia hospital de Jesús Nazareno. 

En ese enclave, la espiritualidad y la emoción se funden cuando la hermandad realiza la estación ante el Beato Cristóbal de Santa Catalina. Uno de esos momentos que, por esperados, no dejan de hacer vibrar, de erizar la piel y traer de vuelta el escalofrío de las primeras procesiones de la infancia.

La Virgen de Villaviciosa ha recorrido su barrio con una procesión que ha demostrado, un año más, que lo cotidiano puede ser extraordinario.