La decadencia (II)

Entrar en un templo y descubrir que la sagrada forma se encuentra expuesta para la veneración de los fieles. Mirar hacia ambos lados y no encontrar prácticamente nadie. Realizar la misma acción en otra iglesia cercana. Divisar dos personas mayores en los bancos más próximos al altar. Y uno sale con la sensación de corroborar lo que es un secreto a voces: la adoración eucarística, las sacramentales, el Corpus… Un universo en declive.

Siete son las hermandades sacramentales existentes en Sevilla de las denominadas puras. El mismo número hay de las fusionadas con las glorias, mientras que la unión de las sacramentales con las de penitencia asciende a treinta y ocho. No hay duda de que, de no haberse llevado a cabo la fusión de bastantes de ellas, habrían terminado por desaparecer.

La festividad del Corpus fue la fiesta más importante de Sevilla en siglos pasados, sobre todo en el XVII y XVIII. Generalmente, fue la gran celebración en la España de la época, con explosión de los autos sacramentales, tan característicos del Barroco. Sobre su declive, según Lleó Cañal llegó a afirmar que este “obedece a causas muy diversas, desde la voluntad explícita del Concilio de Trento de utilizar para fines de instrucción ortodoxa todas las manifestaciones de la sensibilidad popular, lo que, a la larga, significó su desvirtuación, hasta, y más letalmente, el dogmatismo intransigente del Siglo de las Luces empeñado en distinguir los ámbitos de lo Sagrado y lo Profano y escandalizado por su mescolanza en la fiesta antigua”.

Comenzó, ya en centurias pretéritas, una caída insostenible. Desprovisto de su carácter profano, dejando atrás las carrozas y artilugios mecánicos, uno de los jueves que reluce más que el sol entraba en una etapa que nada tenía que ver con la anterior. El despliegue de actividades llegaba hasta las collaciones más lejanas, donde los festejos duraban hasta altas horas de la madrugada, mezclándose las clases populares con aquellas de alto rango. Puestos de animales, canciones populares y bailes típicos conformaban un escenario difícil de imaginar.

La explosión de las hermandades penitenciales, el nacimiento también de las de gloria, que llegaron a gozar de buena salud, vinieron a llenar un calendario donde la celebración de Jesús Sacramentado venía a ser una más. Con el paso del tiempo el pueblo prefirió acompañar y celebrar los pasos cuyas imágenes representaban a Jesús con forma humana y, el espaldarazo definitivo que llegó a confirmar este retroceso se dio cuando la fiesta se trasladó al domingo más próximo a aquel jueves. Fue en noviembre de 1989 cuando la conferencia episcopal anunció una noticia que tuvo, según prensa de la época, no poca polémica. Ya el año anterior el Ministerio de Trabajo intentó trasladar la festividad de la Inmaculada Concepción. Sin embargo, en esta ocasión, la unión de diversas asociaciones religiosas y las cofradías, fundamentalmente, hizo la fuerza. El hecho de que la propia conferencia episcopal fuera quien tomara esta determinación suponía una herida más a la ya de por sí alicaída fiesta.

Aunque algunas ciudades prosiguieron con el jueves festivo, como Granada, Toledo o la misma Sevilla, no hay más que acercarse el próximo día 15 a las zonas aledañas a la catedral para comprobar lo que todos saben: aquella celebración que convertía a Sevilla en un importante bastión eucarístico no es más que el ocre de un ocaso que, en vez de decrecer, aumenta.