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La desconocida historia de la llegada de la Virgen de la Palma a la Borriquita

La Virgen de la Palma es una de esas bellezas insustituibles que forman parte el maravilloso rosario de dolorosas que configuran la Córdoba Cofrade pese a ser, no obstante, una de las imágenes más desconocidas de todas las que procesionan bajo palio en la ciudad de San Rafael, probablemente porque su exquisita dulzura pase un tanto inadvertida por el hecho de ser la Virgen de la Borriquita lo que propicia que buena parte de los gurús mediáticos que durante años se han permitido el lujo de separar la paja del grano, decidiendo con su todopoderosa infalibilidad qué imágenes merecen el respeto de dedicarles cientos de artículos, en ocasiones hasta el hartazgo, mientras que otras son condenadas al ostracismo.

La historia de la llegada de la Virgen de la Palma está ligada, como ocurre con muchas otras imágenes que conforman el devocionario de la religiosidad popular cordobesa, a la figura del inmortal Fray Ricardo de Córdoba. Fue su decisiva intervención la que propició que la bellísima imagen fuese adquirida por José García Escribano-Acedo, a la sazón hermano mayor de la Hermandad de la Entrada Triunfal y, poco después, se incorporase como titular mariana de la Corporación de San Lorenzo.

Sin embargo su hechura tiene relación con otra imagen dolorosa cordobesa, María Santísima del Rocío y Lágrimas, que durante un periodo de tiempo habitó en la parroquia de San Miguel. La titular mariana de la Hermandad del Perdón fue, de algún modo, la causante de que el imaginero cordobés Francisco Romero Zafra, autor de ambas imágenes, concibiera a la hermosísima Madre del Señor de los Reyes. Y es que, originalmente, el imaginero tuvo la intención de labrar una nueva Virgen, a imagen y semejanza de su primera obra, la dolorosa que ahora vive en el convento del Buen Pastor, si bien esta idea primigenia terminó derivando en una dolorosa con rasgos absolutamente diferentes y originales.

En septiembre de 1991 Francisco Romero Zafra solicitó a Fray Ricardo de Córdoba que vistiera la imagen concluida para que fuese fotografiada por José Aguilera Carmona en el estudio del imaginero, situado por aquel entonces en la calle Obispo Fitero, detrás del Monasterio de las Madres Capuchinas. Con tal motivo, el inolvidable Capuchinos atavió a la dolorosa con una saya verde bordada y un manto blanco y oro cedidos por la Hermandad del Císter, así como una corona de plata sobredorada que dispuso en sus sienes, conformando un excepcional conjunto que potenciaba de tal modo la indiscutible belleza de la Dolorosa que todos los presentes quedaron ensimismados.

El propio Fray Ricardo afirmó entonces que esa Virgen no debía viajar a ninguna otra parte que no fuese al seno de alguna hermandad cordobesa, un extremo harto complicado habida cuenta de que, por aquel entonces, todas las corporaciones salvo la Hermandad del Vía Crucis ya poseían una imagen dolorosa. La inagotable tenacidad y la proverbial capacidad de gestión del capuchino se pusieron en marcha materializando sus intenciones a través de una estratégica llamada telefónica a José García Escribano-Acedo, al filo de la madrugada, quien acudió al domicilio del imaginero sin sospechar cuál era la sorpresa que allí le aguardaba.

Poco hubo que insistir para que decidiera adquirir la maravillosa imagen para su domicilio particular lugar en el que fue bendecida, con la advocación de Nuestra Señora de la Palma, por el propio Fray Ricardo de Córdoba, el día de Cristo Rey de 1991 en el transcurso de una humilde eucaristía que contó con la presencia del propio Francisco Romero Zafra, de su colega y amigo Antonio Bernal Redondo y de un nutrido grupo de hermanos de la Hermandad de la Borriquita. En el domicilio del hermano mayor permaneció la imagen hasta el 16 de junio de 1993 cuando fue llevada a la casa hermandad de la Entrada Triunfal, a las espaldas de la parroquia de San Lorenzo para ser expuesta, ataviada de azul claro y blanco, a los emocionados hermanos de la Cofradía de los niños hebreos que desde ese preciso instante comenzaron a palpar con la yema de los dedos la posibilidad de que la preciosa imagen se incorporarse como titular de la Hermandad.

Una llegada que implicaba que la escenografía de la Virgen de la Victoria, hasta entonces entronizada cada Domingo de Ramos en el paso de palio de la corporación, fuese modificada para adquirir su actual carácter letífico, y con el objetivo, ya por aquel entonces, de que procesionase como lo hace desde hace unos años. Apenas dos días después el párroco de San Lorenzo, director espiritual de la Hermandad y consiliario de la Agrupación de Cofradías, Antonio Gil, presidió espiritualmente un histórico cabildo extraordinario que culminó con la aprobación mayoritaria por parte de la Asamblea de Hermanos para que la Virgen de la Palma de incorporarse como titular de la corporación.

El 9 de octubre de 1993 la Virgen de la Palma protagonizó un rosario vespertino que la condujo desde el Santuario de María Auxiliadora, enclave íntimamente ligado a la historia de la Hermandad de la Borriquita, hasta su actual hogar, vestida con una saya azul bordada en oro y un manto blanco, entronizada en una sencillas parihuelas. Semanas después, el 8 de diciembre, coincidiendo con la festividad de la Inmaculada Concepción, Antonio Gil, acompañado de Fray Ricardo de Córdoba, le impuso la corona de Ramón León Peñuelas, concluyendo la ceremonia con su primer besamanos. Los días siguientes, la Hermandad consagró en su honor un Triduo de Acción de Gracias que supuso el primer culto que la Hermandad de la Entrada Triunfal dedicó a su dolorosa, convirtiéndose de este modo en el emotivo comienzo de un camino que culminó con la primera salida procesional de la Virgen de la Palma y la definitiva incorporación el Domingo de Ramos de 1994 a la Semana Santa de Córdoba de una de sus imágenes más bellas.

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