La Divina Pastora de Capuchinos tendrá una presencia extremadamente simbólica en la extraordinaria de la Merced

Córdoba se prepara para vivir un intenso fin de semana alrededor de dos advocaciones marianas esenciales dentro del movimiento cofrade de la ciudad de San Rafael: la Virgen del Rosario y Santa María de la Merced. Dos fechas marcadas en rojo en el calendario que propiciará decenas de imágenes para el recuerdo y de gestos cargados de emotividad y simbolismo. Dos citas trascendentales que detendrán el tiempo alrededor de dos imágenes devocionales, dos dolorosas, que representan en toda su dimensión a la Madre de Dios. 

Una de ellas, la que tendrá lugar el sábado, la salida extraordinaria de la Virgen de la Merced, la bellísima dolorosa que tallase Buiza para Córdoba, gozará de una presencia inesperada, dotada de un elevadísimo contenido simbólico, procedente de la corporación que rinde culto a otra de estas devociones esenciales, la Divina Pastora de Capuchinos, que el pasado domingo recuperó brillantemente su procesión, después de una década de ausencia, para regocijo de los amantes de las cosas bien hechas.

Así lo ha anunciado el Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Capuchinos, concretando que los pétalos de las flores que acompañaron con su aroma el devenir de la imagen letifica por las calles cordobesas el pasado domingo se convertirán en pétalos de alabanza para la Virgen de la Merced, y sobre ella se derramarán en forma de petalada. Un hermoso gesto, en el que probablemente haya mucho que ver la presencia en ambas corporaciones de las figuras de Antonio Villar y Fray y Ricardo de Córdoba, y una maravillosa forma de unir dos devociones profundamente arraigadas en la ciudad de Córdoba.