La Esperanza de Triana vuelve a reinar en San Jacinto: una estampa para la historia

En la mañana de este jueves 23 de octubre, la Santísima Virgen de la Esperanza de Triana ha sido situada en el presbiterio de la Parroquia de San Jacinto, entronizada en su paso de palio, conformando una visión cargada de memoria y emoción para el barrio. Su presencia en este templo revive la prolongada estancia de la Hermandad en San Jacinto entre 1868 y 1962, así como la recordada Madrugada del Viernes Santo de 1962, cuando el cortejo partió desde estas naves rumbo a la recuperada Capilla de los Marineros, reencontrándose definitivamente con el corazón de Triana.

Para esta ocasionísima de hondo significado, la Reina trianera luce un aderezo de singular magnificencia. Porta el insigne manto de los dragones, ejecutado en el taller de los Sobrinos de José Caro y concebido por el ceramista José Recio del Rivero. Esta pieza está considerada como una de las joyas más valiosas de la Semana Santa de Sevilla, tanto por la riqueza artística del dibujo como por la perfección técnica que le confirió Esperanza Elena Caro, quien manifestó en reiteradas ocasiones que se trataba de una de sus obras maestras.

La saya que viste se inspira en la ofrecida por Juan Belmonte en 1937, siendo la actual una elaboración en oro fino, culminada en 2018 por los sucesores de Esperanza Elena Caro, perpetuando aquel gesto devocional hacia la Virgen del barrio marinero.

Como toca de sobremanto, la Señora luce la reproducción de la histórica toca de volantes, confeccionada en 2024 por Alfonso Aguilar (Encajes de Sevilla), pieza que devuelve a la Dolorosa uno de los símbolos más característicos de su elegancia.

El rostro de la Esperanza de Triana, faro espiritual de todo un pueblo, se enmarca con un tocado de tul de plumeti orlado por encaje dorado francés, agremanes y conchas doradas, dispuestas en volante fruncido. Completa la ornamentación un pañuelo de encaje de Bruselas de punto de aguja, regalo de la Hermandad del Baratillo, un gesto que evidencia la firme fraternidad existente entre ambas corporaciones.

Su pecho, como relicario que custodia la devoción de Triana, resplandece gracias a un amplio conjunto de joyas donadas durante generaciones, testimonio de la entrega y amor de sus hijos.

Sobre sus santas sienes brilla la corona de Gabriel Medina, estrenada en 1937, que vuelve a erigirse como símbolo de la realeza coronada de la Señora del arrabal trianero en este momento de singular relevancia.