La Esperanza devuelve la sonrisa a La Línea en una cita histórica

Quinientos sesenta y siete días han pasado desde un suceso que, pese a que puede empezar a quedar en el pasado, nadie olvidará jamás. La Virgen de la Esperanza, obra original del imaginero sanroqueño Luis Ortega Brú, volvía a La Línea de la Concepción tras año y medio desde el fatídico incendio que privó a la ciudad gaditana de su devoción mariana por antonomasia.

A las 11:45h se abrían las puertas de la casa hermandad de la corporación del Viernes Santo, situada en la calle Gaucín, y la luz del sol volvía a enamorarse del rostro de la dolorosa, tras la gran intervención del artista sevillano Fernando Aguado, quien ha obrado lo que parecía un auténtico milagro cuando sucedió todo aquello: devolver a La Línea su Esperanza, con su esencia.

En relación al arduo proceso de restauración, el propio Aguado ha reconocido que «tras un incendio que la dejó carbonizada, desfigurada, sin dedos, sin mirada… he estabilizado todos tus restos excepto candelero y brazos que quedaron inservibles, he reconstruido su rostro y manos para que siga siendo Ella. Me he dejado la piel, el sueño y los cinco sentidos por hacer feliz a sus devotos. Te daré siempre las gracias por la suerte que he tenido de vivir esta experiencia que va mucho mas allá de lo profesional. Te has llevado un trocito de mi vida y de mi corazón».

Una vez realizado el acto de bendición y rezado el Ángelus, sobre las 12:05h, la dolorosa recibía a la salida una calurosa ovación del público allí congregado para tan histórica cita, en la que se rezó el Rosario por las calles de San Bernardo. La Virgen de la Esperanza procesionaba sobre el trono de la Virgen de la Luz, titular mariana de la Hermandad del Cristo del Mar, y cargada por las cuadrillas tanto del Santísimo Cristo del Amor como de la Virgen de la Esperanza. La imagen mariana se presentaba ataviada de blanco, con un cuidado exorno floral, y con una corona de flores.

Pese a que el viento también estuvo presente en el discurrir de la dolorosa por las calles de la feligresía de San Bernardo, no se le puede restar un ápice de sabor histórico y único a una jornada que contó con numeroso público tanto de la ciudad como allende sus fronteras. Un momento de especial emoción se ha vivido a la entrada de la dolorosa en su casa hermandad, cuando se ha podido escuchar la marcha «La Esperanza de María» de Alejandro Blanco, que ha venido a poner la guinda musical a la jornada. Esta marcha también sonó a la salida del Cristo del Amor el pasado Viernes Santo, en honor a la dolorosa ausencia de la Esperanza amén de las labores de restauración.

Ha vuelto la Esperanza a una ciudad que ha estado ávida y huérfana de su mirada durante un tiempo que, si bien se antoja eterno, poco importa amén del buen resultado final, que permite seguir disfrutando de esa estampa única que posee la dolorosa linense. Tal y como ha reconocido el hermano mayor de la corporación, refiriéndose a Fernando Aguado, «nos faltará vida para agradecérselo». Algo que bien puede reflejar el sentir general de los hermanos de la corporación, incluido de quien suscribe este artículo.