La Hermandad de la Estrella ha hecho historia este sábado mágico cargado de momentos de una intensidad inusitada considerando que escasas horas antes se antojaba una auténtica entelequia que el traslado a la Santa Iglesia Catedral para culminar con éxito este Vía Crucis. A pesar de los pronósticos de la Agencia Estatal de Meteorología, halagüeños a partir precisamente de la hora prevista para la salida del cortejo, pocos podían aventuran, contrastando el devenir de los acontecimientos de esta misma mañana, con una lluvia persistente que parecía resistirse a abandonar la ciudad de San Rafael, que la tarde se abriría de par en par para redimir en sus brazos el anhelo cofrade de once lunas de espera que se echo materialmente a la calle para arropar con su ansia de cofradías el recorrido que desarrolló la hermandad en la búsqueda del mayor templo de la diócesis.A las 16:30, con puntualidad británica, la cruz que guiaba al cortejo se puso en la calle para dejar paso al nutrido número de hermanos que, tal y como nos tiene acostumbrados la hermandad de San Fernando, fueron fieles a la cita propuesta por el Señor que, parafraseando a Juan Rodríguez Aguilar, quiso salir a las calles para alimentar con su maná al pueblo de Córdoba. El Señor lucia de manera esplendorosa merced a la magnífica túnica que ya forma parte de su ajuar. Una maravilla que fue presentada en sociedad el pasado Miércoles de Ceniza emanada de la creatividad de Miguel Ortiz Cabello y ejecutada con maestría por Alberto Vico. Una pieza que responde a un concepto plenamente neobarroco, de gran calidad artística con una clara inspiración romántica que recuerda a la época del regionalismo de finales del siglo XIX y principios del XX con alusiones a los dibujos cerámicos de la época y cuyos bordados se extienden ampliamente por todo el bajo de la túnica, circuncidando todo su perímetro, además del pecherín y las bocamangas de la pieza. El Señor caminó sobre el paso de la Divina Pastora de Capuchinos, un paso que fue adquirido, con la mediación de Fray Ricardo de Córdoba, a la Hermandad del Cautivo de Sanlúcar de Barrameda y cuya hechura comenzó a fraguarse en agosto de 1951, exornado floralmente por la Empresa Grado, que como siempre dejó muy alto el pabellón en la hermandad y adornado por los faroles cedidos por tres corporaciones cordobesas, los fanales de Díaz Roncero del paso del Santísimo Cristo de la Expiración, los cuatro faroles plateados con seis puntos de luz interiores en cada una de las esquinas, que habitualmente luce el paso del Señor Amarrado a la columna, cedidos en préstamo por la Hermandad del Huerto y en cada uno de los costeros, los faroles laterales del paso de Nuestro Padre Jesús de los Reyes de la Hermandad de la Vera Cruz, realizados en alpaca plateada por los talleres Viuda de Villarreal, conformando un interesante retablo itinerante que se ha convertido de este modo en un valor añadido más para una jornada extraordinaria.El cortejo avnazó con paso firme camino de la Santa Iglesia Catedral, acompañado por el grupo de capilla de la Banda de Música de Nuestra Señora de la Estrella, por el camino más corto atravesando Gran Capitán y continuando por el Bulevar, Gondomar y Sevilla para rendir visita a las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en la Iglesia de San Juan de los Caballeros, que se halla en la Plaza de San Juan, lugar en el que Nuestra Señora de la Estrella fuera bendecida por Fray Ricardo de Córdoba en 1986 y donde Él ya estuvo en 2014, junto a su Madre y el Dulce Nombre, con motivo de las obras acometidas en la Parroquia de San Fernando. Posteriormente el Señor continuó por la calle Barroso, para buscar Conde y Luque y Deanes hasta alcanzar la Catedral, donde se desarrolló el acto litúrgico.A la salida del mayor templo de la Diócesis, y a los sones de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Redención, el cortejo subió nuevamente por Deanes hacia el centro de la ciudad hacia las Tendillas para adentrarse en Alfonso XIII y llegar al Convento de las Hermanas de la Cruz, donde residen sus madrinas, monjas de clausura, que según ya afirmase en septiembre a este medio el máximo dirigente de la corporación del Lunes Santo, “sólo le han podido ver el año en que la Carrera Oficial pasó por su puerta”, en lo que se convirtió en el momento más hermoso de una intensa jornada. Cumplido el deseo de la junta de gobierno de la corporación del Lunes Santo, y tras despedirse de Ellas con una levantá a pulso el Señor buscó San Zoilo y San Miguel para continuar por Chirinos hacia la calle Doce de Octubre de regreso a la Huerta de la Reina, donde tal y como habíamos pronosticado, el barrio que le acoge y le venera se echó a la calle para rendir pleitesía al hijo de Dios, cerrando de esta manera una jornada que ya ocupa por derecho propio, un lugar preferente en la memoria colectiva de los cofrades de la Estrella y de todo el pueblo de Córdoba.
La Estrella convirtió en historia su Vía Crucis más extraordinario



























