Álvaro de La Fuente Rosa. Es un tanto sorprendente la evolución que la música cofrade ha ido experimentando en los últimos años. Desde “Macarena” de Cebrián hasta “Mi Amargura” de Víctor Ferrer, desde “Creo en Jesús” del gran Manuel Rodríguez, de la histórica Santa María Magdalena de Arahal, hasta “Volver a la vida” del laureado Cristóbal López Gándara, desde “Consolación y Lágrimas” de Escámez hasta “Lux Aeterna” de Fco. Javier Torres Simón. Podríamos nombrar una gran infinidad de composiciones que reflejan la evolución, pero jamás seríamos capaces de darle el valor que se merecen todas y cada una de las composiciones realizadas hasta el día de hoy.
Si ponemos atención en el ámbito de las bandas de música, la evolución se ha producido en menor medida que en las otras dos modalidades. Ha sufrido cambios, pero en menor medida, puesto que todo el legado de marchas como las de Abel Moreno, Pedro Morales y Cebrián, Marvizón, Font de Anta, entre otros, siguen siendo las obras que más interpretaciones experimentan a lo largo de la Semana Santa de toda la geografía andaluza y nacional. Bien porque sigue siendo el atractivo y gusto de todos, bien porque ese legado es insustituible. Un músico en una banda no entendería una banda si no se interpretase “Coronación de la Macarena”, “Amarguras”, “La Madrugá”, “Esperanza de Triana Coronada” o “Al cielo con Ella”. Es cuestión de tradiciones, de continuar una esencia que sigue siendo el son del paso de Palio.
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Sin embargo, guardamos un importante hueco para hablar de las bandas de Cornetas y Tambores. La modalidad que más cambios y evolución ha sufrido. La modalidad que dio lugar a la banda sonora que pone sones al paso de Cristo. Todos recordamos las primeras marchas que, a día de hoy, son otra historia completamente distinta. Cómo olvidar marchas como “La Dolorosa” o “Cristo del Amor”. No hay más que ver cómo comenzaron estas marchas. Con solo 3 voces y tambores que hacían de complemento.
Marchas que no pasaban de más allá de los 2 minutos y medio y que eran interpretadas una infinidad de veces. Y son las que han marcado el camino hasta llegar a la actualidad. Una actualidad que ya no se parece en nada a aquellas marchas, a todas las que nos regalaron Escámez o Bienvenido Puelles. Sólo unas pocas mantienen este sello, como Esencia o Centuria Macarena. Sin embargo, la revolución vino con la introducción de la armonía, con la entrada de trompetas, trombones, tubas y bombardinos. A día de hoy, es impensable ver una banda de CCTT sin armonía de bajos y sin una determinada complejidad. Impecable el papel que realizó Francisco Javier González Ríos en la composición. En él, encontramos la verdadera evolución.
Nadie olvida cómo Cigarreras o Tres Caídas de Triana comenzaron a introducir marchas que realmente han sido la revolución. Una revolución que hizo explotar Presentación al Pueblo, cuando la trompeta adquirió un grandísimo protagonismo dentro de estas bandas. Una revolución que ha sido continuada por Rosario de Cádiz y que va a ir más allá de lo que ha llegado en la actualidad. No hay más que ver marchas como “El Refugio de una Madre” o “Una Vida de Esperanza”.
Y no solo hablamos de la trompetería. Solo habría que ver la dificultad que han adquirido estas marchas para todas y cada una de las voces. Marchas que solo unas pocas bandas pueden interpretar después de unas determinadas horas de procesión.
Es una revolución impuesta por las nuevas tendencias, marchas que suenan a BSO, marchas que son auténticas sinfonías. Algunas como “Prendido”, “Señor de Nervión”, “Caridad”, “Gólgota”, entre otras. Autores que han marcado un antes y un después como Ignacio Fortís, Antonio Marín, Manuel J. Guerrero, José María Sánchez Martín, Ignacio García, López Gándara, Torres Simón, Fran Ortiz o Sergio Larrinaga. Autores que han continuado una tendencia que estaba destinada a provocar un gran boom dentro de la música cofrade.
La dificultad aumenta, la belleza está en juego por la dificultad que entraña tocar marchas de estas características, pero está claro que la música, con estos autores y marchas, sale ganando y, realmente, es un legado que difícilmente se podrá superar en alguna época futura.
En torno a las Agrupaciones Musicales, todo comienza en Arahal, con Santa María Magdalena, la Madre y Maestra, la que empezó a regalarnos este bonito estilo musical. Un estilo musical que desde el principio ya entrañaba su dificultad por el hecho de que es más difícil lograr que una Agrupación crezca, mayormente por la competencia que existe hoy en día.
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Todo comienza con las marchas eucarísticas, como “Cerca de Ti” o “Pescador de Hombres”, una introducción que nos iba a llevar hasta las marchas que escuchamos a día de hoy. Son varios autores los que han marcado el camino. Podemos hablar de Nicolás Barbero Rivas, Antonio Velasco, José Manuel Mena Hervás, Emilio Muñoz Serna, Miguel Ángel Font y alguno más que seguramente dejamos escapar. Todos ellos, nos han dejado marchas como “Consuelo Gitano”, “Oración”, “Señora de Sevilla Macarena”, “Reo de Muerte”, “Triunfo en tu Santa Cruz”, “A la Gloria” y un largo etcétera de marchas que hacen de este género musical una bella invención de la historia de la música.
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Se nos escapan infinidad de detalles, horas de composición, autores, marchas, bandas que también han puesto su granito de arena en esta evolución, el trabajo realizado por parte de las bandas para poner estas marchas a la altura que merecen. Pero de todo esto, hay algo que jamás debemos olvidar:
Las marchas se realizan por y para las imágenes de Cristo y María, algo que olvidamos en muchos momentos, imponiendo mayor importancia a las bandas. Las composiciones están inspiradas en ciertos y determinados momentos vividos con las imágenes a las que se le profesa una determinada devoción y fe.
Como conclusión, solo me queda añadir que la música cofrade está en continuo crecimiento, que acabará llegando hasta límites insospechados, pero está claro que nunca debemos olvidar los inicios, esos inicios que realmente han hecho que, a día de hoy, tengamos este enorme y bellísimo legado. Un legado musical cofrade que está a la altura de muchas obras musicales realizadas a lo largo de la historia.
Álvaro de La Fuente Rosa, componente de la banda de Cornetas y Tambores “Stmo. Cristo de la Fe y del Consuelo, de Martos (Jaén).









