La Gran Procesión en Roma, con la Esperanza de Málaga y el Cachorro de Sevilla, se mantiene a pesar de la muerte del Papa

La Gran Procesión en Roma, con la Esperanza de Málaga y el Cachorro de Sevilla, se mantiene a pesar de la muerte del Papa según ha adelantado la Cadena Ser citando fuentes cercanas a la organización que han detallado que «el Año Jubilar es un celebración de la Iglesia que se celebra cada 25 años, independientemente de quien sea el Santo Padre».

Cabe recordar que el Santo Padre Francisco I ha fallecido en su residencia de la Casa Santa Marta del Vaticano. El Pontífice ha fallecido un día después de su última aparición en público coincidiendo con el Domingo de Resurrección en el que se asomó al balcón principal de la basílica de San Pedro para impartir la bendición ‘Urbi et Orbi’.

«Hermanos y hermanas, buena Pascua», dijo el Papa a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro desde su silla de ruedas. Francisco se encontraba convaleciente recuperándose de la neumonía que le mantuvo en el hospital Gemelli de Roma durante más de un mes. El Pontífice había recibido el alta médica el 23 de marzo y desde entonces había aparecido en público en varias ocasiones. Precisamente este domingo también había recibido en un breve encuento al vicepresidente estadounidense, JD Vance, en su residencia de Santa Marta, donde continuaba su recuperación.

Francisco fue elegido Sumo Pontífice el 13 de marzo de 2013 tras la renuncia del Papa Benedicto XVI (Cardenal Joseph Ratzinger). Ocuparía el puesto 266 como vicario de Cristo. Durante su intenso pontificado, el argentino Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco) ha seguido las premisas de San Francisco de Asís, predicando el cuidado de la naturaleza.

El propio nombre elegido para su ministerio papal tuvo clara influencia del fundador de la orden franciscano. Francisco ha sido además el primer pontífice jesuita, lo cual ha quedado demostrado en la línea progresista y aperturista de la Iglesia durante estos años.

Unos 600 cirios acompañarán a El Cachorro y la Esperanza de Málaga por las calles de Roma

La imagen del Cristo de la Expiración de la Hermandad del Cachorro de Sevilla y María Santísima de la Esperanza de Málaga se trasladarán a Roma con motivo de la Gran Procesión el próximo 17 de mayo en un mismo convoy, en cambio tanto el paso como el trono lo harán en ferry. Con un amplio trabajo de organización y coordinación entre las hermandades y las diócesis con el Vaticano, las imágenes llegarán el 13 de mayo y será, miércoles, jueves y viernes, cuando recibirán culto en la Basílica de San Pedro. Así lo ha destacado la coordinadora nacional de la Gran Procesión en Roma, Paloma Saborido, en un desayuno informativo en Sevilla, que tuvo lugar el pasado 2 de abril donde explicaba que se trata de una cita «histórica» que contará con un cortejo 2.000 personas entre los 600 cirios que acompañarán a las imágenes, las cuadrillas y portadores, con dos relevos completos, 90 para el Cachorro y 270 portadores para la Virgen; y las bandas de música. Durante el recorrido el Cachorro irá acompañado por los sones de la Banda de Música de la Puebla del Río y la Banda de Música de la Oliva de Salteras, que se unen de forma especial para esta ocasión y la Esperanza de Málaga lo hará por la Banda de Música de la propia Archicofradía del Paso y la Esperanza.

En lo que respecta al traslado de las imágenes, Saborido señalaba que «las imágenes lo harán por carretera siguiendo el consejo de la multinacional de transportes y logística DSV -encargada de hacer llegar a Roma las imágenes, el paso, el trono y los enseres-» en un recorrido en el que «estarán acompañadas de un grupo de hermanos de ambas hermandades». En lo que respecta al paso, el trono y las insignias «lo harán en ferry desde Valencia». Los días 14, 15 y 16 de mayo las imágenes se podrán visitar en la Basílica del San Pedro y será la misma noche del viernes cuando se trasladen hasta el estructura de la que saldrán las imágenes para la Gran Procesión.

Tras la ampliación del itinerario aprobado por el Dicasterio para la Evangelización y el Ayuntamiento de Roma, el recorrido será: Piazza Celimontana, donde estará la estructura efímera desde la que saldrán las imágenes; via Claudia, Piazza del Colosseo, via Celio Vibenna, via di San Gregorio, Piazza di Porta Capena, viale Aventino, via del Circo Massimo, via dell’Ara Massimo di Ercole, via dei Cerchi, via di San Gregorio, via Celio Vibenna, Piazza del Colosseo, via Claudia y piazza Celimontana. «Con una duración de unas seis horas aproximadamente, se ha establecido el recorrido oficial para la Gran Procesión», ha subrayado la coordinadora nacional, apuntando que «se planteaban tres posibles itinerarios, pero finalmente se ha optado por este tras realizar una ampliación de recorrido, ya que antes no era circular». Comenzará a las 17,00 horas para finalizar en torno a las 23,00 horas en un trayecto «en el que se van a recorrer enclaves como el arco de Constantino o la Piazza del Colosseo». 

Americano y jesuita

Tal como detalla la Santa Sede, Francisco es el primer Papa americano es el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, arzobispo de Buenos Aires. Es una figura destacada de todo el continente y un pastor sencillo y muy querido en su diócesis, que ha visitado a lo ancho y a lo largo, incluso trasladándose en medios de transporte público, en los quince años de ministerio episcopal.

«Mi gente es pobre y yo soy de uno de ellos», ha dicho más de una vez para explicar la opción de vivir en un apartamento y de prepararse la cena él mismo. A sus sacerdotes siempre les ha recomendado misericordia, valentía apostólica y puertas abiertas a todos. Lo peor que puede suceder en la Iglesia, explicó en algunas circunstancias, «es aquello que De Lubac llama mundanidad espiritual», que significa «ponerse a sí mismo en el centro». Y cuando cita la justicia social, invita en primer lugar a volver a tomar el catecismo, a redescubrir los diez mandamientos y las bienaventuranzas. Su proyecto es sencillo: si se sigue a Cristo, se comprende que «pisotear la dignidad de una persona es pecado grave».

Su biografía oficial es de pocas líneas, al menos hasta el nombramiento como arzobispo de Buenos Aires. Llegó a ser un punto de referencia por sus fuertes tomas de posición durante la dramática crisis económica que devastó el país en 2001.

En la capital argentina nació el 17 de diciembre de 1936, hijo de emigrantes piamonteses: su padre, Mario, era contador, empleado en ferrocarril, mientras que su madre, Regina Sivori, se ocupaba de la casa y de la educación de los cinco hijos.

Se diplomó como técnico químico, y eligió luego el camino del sacerdocio entrando en el seminario diocesano de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús. Completó los estudios de humanidades en Chile y en 1963, al regresar a Argentina, se licenció en filosofía en el Colegio San José, de San Miguel. Entre 1964 y 1965 fue profesor de literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en 1966 enseñó las mismas materias en el Colegio del Salvador en Buenos Aires. De 1967 a 1970 estudió teología en el Colegio San José, y obtuvo la licenciatura.

El 13 de diciembre de 1969 recibió la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo Ramón José Castellano. Prosiguió la preparación en la Compañía de 1970 a 1971 en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973 emitió la profesión perpetua. De nuevo en Argentina, fue maestro de novicios en Villa Barilari en San Miguel, profesor en la facultad de teología, consultor de la provincia de la Compañía de Jesús y también rector del Colegio.

El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial de los jesuitas de Argentina, tarea que desempeñó durante seis años. Después reanudó el trabajo en el campo universitario y entre 1980 y 1986 es de nuevo rector del colegio de San José, además de párroco en San Miguel. En marzo de 1986 se traslada a Alemania para ultimar la tesis doctoral; posteriormente los superiores le envían al colegio del Salvador en Buenos Aires y después a la iglesia de la Compañía de la ciudad de Córdoba, como director espiritual y confesor.

Es el cardenal Antonio Quarracino quien le llama como su estrecho colaborador en Buenos Aires. Así, el 20 de mayo de 1992 Juan Pablo ii le nombra obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio recibe en la catedral la ordenación episcopal de manos del purpurado. Como lema elige Miserando atque eligendo y en el escudo incluye el cristograma ihs, símbolo de la Compañía de Jesús.

Concede su primera entrevista como obispo a un pequeño periódico parroquial, «Estrellita de Belén». Es nombrado enseguida vicario episcopal de la zona de Flores y el 21 de diciembre de 1993 se le encomienda también la tarea de vicario general de la arquidiócesis. Por lo tanto no sorprendió que el 3 de junio de 1997 fuera promovido como arzobispo coadjutor de Buenos Aires. Antes de nueve meses, a la muerte del cardenal Quarracino, le sucede, el 28 de febrero de 1998, como arzobispo, primado de Argentina. El 6 de noviembre sucesivo fue nombrado Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en el país y desprovistos de Ordinario del propio rito.

Tres años después, en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, Juan Pablo ii le crea cardenal, asignándole el título de san Roberto Bellarmino. En esa ocasión, invita a los fieles a no acudir a Roma para celebrar la púrpura y a destinar a los pobres el importe del viaje. Gran canciller de la Universidad Católica Argentina, es autor de los libros Meditaciones para religiosos (1982), Reflexiones sobre la vida apostólica (1986) y Reflexiones de esperanza (1992).

En octubre de 2001 es nombrado relator general adjunto para la décima asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, dedicada al ministerio episcopal, encargo recibido en el último momento en sustitución del cardenal Edward Michael Egan, arzobispo de Nueva York, de presencia necesaria en su país a causa de los ataques terroristas del 11 de septiembre. En el Sínodo subraya en particular la «misión profética del obispo», su «ser profeta de justicia», su deber de «predicar incesantemente» la doctrina social de la Iglesia, pero también de «expresar un juicio auténtico en materia de fe y de moral».

Mientras, en América Latina su figura se hace cada vez más popular. A pesar de ello, no pierde la sobriedad de trato y el estilo de vida riguroso, por alguno definido casi «ascético». Con este espíritu en 2002 declina el nombramiento como presidente de la Conferencia episcopal argentina, pero tres años después es elegido y más tarde reconfirmado por otro trienio en 2008. Entre tanto, en abril de 2005, participa en el cónclave en el que es elegido Benedicto xvi.

Como arzobispo de Buenos Aires —diócesis de más de tres millones de habitantes— piensa en un proyecto misionero centrado en la comunión y en la evangelización. Cuatro los objetivos principales: comunidades abiertas y fraternas; protagonismo de un laicado consciente; evangelización dirigida a cada habitante de la ciudad; asistencia a los pobres y a los enfermos. Apunta a reevangelizar Buenos Aires «teniendo en cuenta a quien allí vive, cómo está hecha, su historia». Invita a sacerdotes y laicos a trabajar juntos. En septiembre de 2009 lanza a nivel nacional la campaña de solidaridad por el bicentenario de la independencia del país: doscientas obras de caridad para llevar a cabo hasta 2016. Y, en clave continental, alimenta fuertes esperanzas en la estela del mensaje de la Conferencia de Aparecida de 2007, que define «la Evangelii nuntiandi de América Latina».

Hasta el inicio de la sede vacante era miembro de las Congregaciones para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, para el clero, para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica; del Consejo pontificio para la familia y de la Comisión pontificia para América Latina.