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Pugnans enim veritatem

La Herencia Divina de la Fe Cofrade

Benditos son aquellos que vienen en el nombre de Señor y benditos son los que además vienen agarrados de la mano de esas almas inquebrantables y generosas que son los niños. El Mundo Cofrade nos regala sensaciones únicas que envueltas con cortinas de incienso y llamas de vela, suponen un zarandeo del corazón inigualable. Nada se asemeja a los días previos de la Semana Santa. El corazón late con fuerza impulsando una sangre que mezclada con el ingrediente indispensable para mantener con vida los templos de Dios que es la Fe, viajan sin otro destino que mostrar al mundo la Misericordia de Dios.

A pesar de vivir tiempos difíciles, aún hay personas que se resisten a privar a los más pequeños de algo sencillamente maravilloso y de incalculable valor como es ese sentimiento de Amor a Dios, donde un rosario sustituye sus cuentas por racheos y golpes de martillo, notas musicales y capirotes. Y es que aquellos que demuestran su más sincero Amor, lo transmiten a sus hijos. Vuelcan todas sus fuerzas en dejar en herencia el bien más preciado que poseemos en esta vida donde la maldad empuja la puerta de las tradiciones. Buena muestra de ello son algunas de las istantáneas que acompañan a este artículo donde una foto se convierte en poesía, una poesía donde las letras se sustituyen por sentimientos que jamás podrán salir de una pluma, y que sólo será posible percibirse si uno siente y comparte de verdad  la necesidad de amamantar con el alimento que calma nuestra hambre y nuestra sed.

No puedo imaginar y aún así un escalofrío recorre mi piel, las lágrimas que pueden brotar de un costalero que siente en la pata de un paso su legado y a la vez el aire que mantendrá con vida su noble profesión. Con un pequeño costal un ser tan inocente y débil, hace sostener todo el peso de la elegancia Cofrade que paso a paso irá alcanzando con la esperanza de poder coincidir bajo las trabajaderas de algodón con su mentor, con un padre que ensayo tras ensayo a llevado de la mano a su vida hecha carne y emoción, que mira de reojo como su pie izquierdo vuelca a cada golpe de tambor.

No viajarán solos, porque las notas musicales envuelven el espíritu de quienes tocan cornetas de cristal y tambores de grandeza de la mano de esos padres que cargan en sus bandas con el instrumento más grande y apasionante que un músico puede sostener en sus brazos. Los pasos recortados de los vástagos que con su voz acompañan el caminar de los pasos, será sin duda música celestial.

Qué decir de esas madres que en su pecho resguardan a los ángeles que acurrucados en los brazos de esas benditas mujeres, comienzan a sentir en sus estómagos las mariposas que sus protectoras les traspasan cuerpo a cuerpo. Unas manos que acarician la cera de una vela de vida que crecerá con los años recordando sus primeras Estaciones de Penitencia al lado de las que con un nudo en la garganta, acompañan con su túnica a su mayor tesoro, al templo de honra, sentimiento y señorío cofrade que una vez le dejaron los que más le han querido en el lugar que mejor puede guardar algo de tanto valor como es el corazón.

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