La Hermandad de la Agonía nombra a sus capataces de cara al Martes Santo con novedades en el misterio

El Cabildo de Oficiales designa a Álvaro Obrero y Francisco Gabriel Carbonero como responsables de guiar los pasos del Cristo de la Agonía y la Virgen de la Salud

La Hermandad de la Agonía, erigida en el corazón del barrio de El Naranjo, ha hecho públicos los nombramientos que marcarán el discurrir de sus pasos en la próxima estación de penitencia del Martes Santo de 2026. En una decisión adoptada por su Cabildo de Oficiales, presidido por el hermano mayor David Carbonero, se han designado los capataces encargados de conducir a las cuadrillas costaleras que tienen el privilegio de portar sobre sus hombros a los titulares de la cofradía, desvelando así una de las parcelas más sensibles de la organización procesional.

Álvaro Obrero, relevo con sello de continuidad en el paso del Cristo

Al frente del Santísimo Cristo de la Agonía, la hermandad ha depositado su confianza en Álvaro Obrero Villén, quien asume la dirección de la cuadrilla del misterio en sustitución de Manuel Orozco, capataz que ha desempeñado esta función con entrega y solvencia en los últimos años. El nuevo responsable no es ajeno al equipo de trabajo, pues ha ejercido como segundo capataz en la anterior etapa, lo que permite vislumbrar una apuesta clara por la continuidad estilística y por la fidelidad al sello que ha distinguido el andar de este crucificado por las calles de Córdoba.

Un veterano del costal

Con una trayectoria que se extiende por más de dos décadas, Álvaro Obrero atesora una dilatada experiencia como costalero, habiendo formado parte de una extensa nómina de cuadrillas tanto de penitencia como de gloria. Sus primeros pasos bajo un paso los dio en las andas de los pasitos de la Virgen de la Fe del Rescatado y la Virgen de las Penas de Santiago, pero muy pronto daría el salto a los grandes pasos de la ciudad.

En 2007, con tan solo 17 años, se incorporó a la cuadrilla del Señor del Silencio y desde entonces ha portado a imágenes como la Paz y Esperanza durante cuatro años, el Prendimiento durante doce, la Soledad, el Rosario de Montesión durante cinco años y el Carmen de San Cayetano durante una década. En la actualidad, forma parte de destacadas cuadrillas de Sevilla, como las del Patrocinio, desde 2013, y el Rocío de la Redención, desde 2019. También es costalero en las procesiones de gloria del Arcángel San Rafael y de Nuestra Señora de las Nieves de Sevilla, ampliando así su compromiso con la religiosidad popular más allá de la Semana Santa.

Ha participado en citas de excepción como la salida extraordinaria del Rosario de Montesión en 2010, la del Patrocinio en 2023, el 450 aniversario fundacional de las Angustias de Córdoba, así como en dos ediciones de la Magna cordobesa, portando al Silencio en una y al Caído en otra. En el ámbito de las coronaciones canónicas, su costal ha estado presente en las de la Virgen del Carmen de San Cayetano, la Virgen de la Paz y Esperanza, y la Virgen del Rocío de Sevilla, celebrada el 5 de julio.

En cuanto a su experiencia dentro de los equipos de capataces, dio sus primeros pasos en 2006 y 2007 durante las salidas de la Virgen y del Corpus en la parroquia de la Consolación. Más adelante formó parte durante dos años del equipo de Rafael Muñoz, y desde hace seis años ejerce como segundo con Manolo Orozco, habiendo participado junto a él en hermandades como Agonía, Providencia, Encarnación, Caído y los Patronos de Guadalcázar. Hermano de cuna de la Hermandad del Amor, a la que pertenece desde hace 34 años, también figura en las nóminas de la Agonía, el Cachorro, la Redención y la Providencia, corporaciones donde ha desarrollado una trayectoria marcada por la fidelidad y el compromiso.

Curro Carbonero, experiencia y autoridad

El Paso de Nuestra Señora de la Salud volverá a ser conducido por Francisco Gabriel Carbonero Castaño, conocido en el ámbito cofrade como Curro Carbonero, quien regresó a casa en 2024 tras un periodo de ausencia motivado por su destitución por parte de la Junta Gestora que rigió temporalmente los destinos de la corporación. Su retorno ha supuesto una restitución simbólica y afectiva, al tratarse de un cofrade con dilatada experiencia en el mundo del costal y con un evidente predicamento en la hermandad, donde ha ostentado incluso el cargo de hermano mayor. Su nombramiento supuso, por tanto, la recuperación de una figura de referencia, muy vinculada al devenir histórico y espiritual de la corporación.

Un Cristo sereno que preside el alma del barrio desde 1954

El titular cristífero de la Hermandad de la Agonía, una talla de carácter sereno y contenida unción, fue esculpido en 1954 por Antonio Castillo Ariza, sobre madera policromada, presentando unas dimensiones algo menores que el natural, fruto de su origen como imagen de taller. Tras su donación por la familia Cámara a la parroquia de Santa Victoria, presidió durante años el altar mayor hasta la instalación de un retablo barroco dorado, proveniente de la Basílica de San Pedro. La imagen fue restaurada en 1992 por Miguel Arjona Navarro, quien respetó sus rasgos originales, imprimiéndole una renovada fuerza expresiva.

Representa a Cristo crucificado por tres clavos sobre una cruz de sección arbórea que fue tallada por José Carlos Rubio Valverde en 1988. El madero está rematado con cantoneras de plata de Antonio Cuadrado, orfebre al que también se deben las potencias. La imagen destaca por una iconografía suavizada: su cabeza se inclina hacia la derecha, con gesto suplicante y el rostro cargado de dulzura, de perfil semita y barba rizada. Los cabellos ondulados caen sobre los hombros, mientras que la corona de espinas aparece superpuesta. La anatomía, resuelta con sobriedad, revela un pecho prominente y manos atravesadas por las palmas. Las marcas del suplicio son escasas: apenas unos regueros de sangre y heridas en extremidades. Singular resulta su paño de pureza, con movimiento en el costado derecho, policromado en tonos dorados y con detalles de fimbrias y cordón.

Esta imagen procesiona sobre un paso renacentista de caoba y plata, obra también de Rubio Valverde, que aporta al conjunto una rotunda dignidad formal. Junto al Crucificado se incorporan tres figuras secundarias esculpidas por Sebastián Montes Carpio en 2008: un soldado que, tuerto, se juega la túnica del Señor a los dados; otro que le acerca el vinagre con una esponja en la lanza, y un centurión que grita al primero mientras derrama una lágrima de arrepentimiento. Una composición que, sin caer en el exceso, conjuga teatralidad y simbolismo con profunda catequesis visual.

La Virgen de la Salud, una obra de dulzura contenida y hondura devocional

La dolorosa de esta cofradía fue tallada en 1988 por Miguel Ángel González Jurado, quien empleó madera de cedro policromada para una imagen de candelero concebida para vestir. Su autor la remodeló en 2006, dotándola de una nueva policromía, manos inspiradas en las de la Virgen de Gracia y Amparo de San Nicolás y un candelero que imprime a la talla una cierta disposición itinerante. Retocó además su mascarilla, con especial atención al modelado del mentón y los labios, acentuando su expresión afligida.

La Virgen presenta claras influencias del estilo de Luis Álvarez Duarte, tanto en la dulzura juvenil de sus facciones como en el refinado modelado de su rostro. Su mirada, baja y absorta, se dirige hacia el lado derecho. Los ojos de cristal, enmarcados por pestañas superiores, están empañados por el llanto, y los labios, entreabiertos, dejan ver una dentadura esculpida con precisión. La imagen posee cinco lágrimas, tres en la mejilla izquierda y dos en la derecha. El rostro, de líneas hebreas y contorno ovalado, culmina en un cuello alargado, contraído por el sollozo. Sus manos, extendidas con delicadeza, sostienen el rosario y el manípulo, símbolos de fervor popular.

La Virgen de la Salud procesiona bajo palio de inspiración renacentista, cuya estética general responde al diseño de Julio Ferreira. Actualmente, sólo la bambalina frontal, bordada en oro por Jesús Rosado y estrenada en 2018, presenta decoración, siguiendo fielmente el estilo ornamental de la cofradía. Las restantes bambalinas, aún lisas, están pendientes de ser enriquecidas con bordados. La orfebrería, obra de Manuel Valera, mantiene la línea renacentista propuesta por Ferreira, completando así un conjunto sobrio, elegante y en continua evolución.

Encomendados a los Sagrados Titulares

La hermandad ha querido subrayar que tanto los nuevos capataces como sus respectivos equipos quedan encomendados a la protección del Santísimo Cristo de la Agonía y Nuestra Señora de la Salud, para que les iluminen en el cumplimiento de las funciones que se les han confiado. Con estas designaciones, la corporación del Martes Santo da un nuevo paso hacia la consolidación de un proyecto común que mira al futuro sin renunciar a su legado, confiando en el trabajo callado, la fe compartida y la identidad propia que la distingue en el seno de la Semana Santa cordobesa.