La hermandad de la Antigua celebra su tradicional ciclo de Vía Crucis por distintos conventos sevillanos

La Hermandad de Nuestra Señora de la Antigua celebra una cuaresma más, como se viene repitiendo en la última década, sus tradicionales vía crucis en los conventos de clausura. Una iniciativa encaminada a fomentar el conocimiento de la riqueza espiritual, etnográfica, histórico-artística y patrimonial de los conventos sevillanos, núcleo esencial de la religiosidad popular de la ciudad y sus habitantes a lo largo de la historia, así como colaborar en su mantenimiento. Cabe destacar que tras el ejercicio piadoso del vía crucis, la hermandad ofrece a los asistentes una explicación histórico-artística del monasterio o convento y realiza una colecta para ayudar en sus necesidades a la comunidad de religiosas de clausura.

La primera cita tendrá lugar el próximo 16 de febrero en Santa Paula (Jerónimas), para proseguir en el Real Monasterio de Santa Inés, de las Madres Clarisas el 23 de febrero. El 2 de marzo será la cita siguiente, en Santa María del Socorro (Concepcionistas) y el 9 de marzo será San Clemente (Cistercienses) el escenario escogido. Las Salesas (Visitación Santa María) acogerá la cita del 16 de marzo y San Leandro (Agustinas) la del 23 de marzo, para concluir el ciclo en el Convento de Santa Ana, donde se celebrará un Vía Lucis Pascual el próximo 4 de abril.

La hermandad se fundó en 1946, a instancias de D. Salvador Benítez de la Paz, con el caritativo fin de socorrer a las religiosas de clausura, ayudándoles en las frecuentes necesidades o privaciones que sufren sus conventos. Desde entonces viene realizando una labor callada, pero muy efectiva y meritoria, dentro de lo que permiten sus recursos. Así por ejemplo, en 1999 entregó como donativos a los monasterios 691.000 pts. (lo cual supone el 84 por ciento de los recursos de esta Hermandad, salvando los gastos mínimos o indispensables para su mantenimiento). Venera un precioso lienzo dieciochesco con réplica o trasplante de la Virgen de la Antigua, donde el goticismo de la efigie original (sita en la Catedral) ha quedado suavizado por la gracia propia del barroco. Tiene como cotitular a San Antonio de Padua, en una pequeña escultura realizada por el contemporáneo Manuel Domínguez.