La Hermandad de la Cena conmemorará sus 475 años con la salida extraordinaria del misterio completo en el Corpus Christi de Sevilla

La histórica corporación de los Terceros rememorará su origen con una procesión que recupera la estampa del Señor rodeado por los Apóstoles

El próximo 19 de junio, solemnidad del Corpus Christi, la ciudad de Sevilla vivirá una escena de insólita belleza y profundo simbolismo: el Señor de la Sagrada Cena, acompañado por el conjunto completo del apostolado que conforma su paso de misterio, recorrerá las calles de la capital hispalense en una salida extraordinaria cargada de sentido conmemorativo.

La Hermandad de la Sagrada Cena, radicada en la iglesia de los Terceros, ha dispuesto esta procesión como parte de los actos conmemorativos por el 475 aniversario del origen de la primitiva cofradía, erigida en el siglo XVI en la parroquia de Omnium Sanctorum. Las primeras reglas de aquella corporación fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el 14 de diciembre de 1580, sentando las bases de una devoción eucarística que perdura con vigor hasta nuestros días.

Una salida reservada para ocasiones excepcionales

Aunque la presencia del Señor de la Cena en el altar efímero del Palacio Arzobispal, durante la procesión del Corpus, constituye una tradición asentada desde hace décadas, no es habitual que lo haga sobre su paso completo de misterio. La imagen, obra cumbre de Sebastián Santos Rojas en 1955, suele ser trasladada en andas, en solitario o sobre las parihuelas del Señor de la Humildad y Paciencia. Sin embargo, la Junta de Gobierno ha resuelto que en esta ocasión el Señor recorra la ciudad rodeado de los Apóstoles, tallados magistralmente por Luis Ortega Bru entre 1975 y 1982.

La última vez que el misterio al completo se presentó en la festividad del Corpus fue en 2022, tras la recuperación del culto público suspendido por la pandemia. Antes, procesionó también de forma extraordinaria en 2013 (Año de la Fe), en 2011 (por el V centenario de las hermandades sacramentales) y en 2005, con motivo del Año de la Eucaristía y del cincuentenario de la imagen titular.

El itinerario comenzará en los primeros compases del alba. Desde los Terceros, el paso avanzará acompañado por cantos corales hasta alcanzar la plaza Virgen de los Reyes, donde será entronizado en el altar del Palacio Arzobispal. Una vez finalizada la procesión eucarística, el misterio regresará a su sede con el acompañamiento musical de la prestigiosa banda de cornetas y tambores de las Cigarreras.

Una imagen señera del siglo XX

La talla del Señor de la Cena es considerada por numerosos estudiosos y devotos como una de las más logradas imágenes cristíferas del siglo XX. Tallada en madera policromada, representa a Cristo de pie, con los brazos abiertos en actitud de bendecir, evocando sutilmente la estética del Niño Jesús de la escuela barroca sevillana. Su rostro, de trazos místicos y serenos, resume en sí la hondura espiritual y el refinamiento técnico del maestro Santos, y ha sido objeto de restauración en 2012 por Silvia Martínez García-Otero y Juan Abad.

El paso cobra plenitud en Semana Santa, cuando el Señor recorre las calles el Domingo de Ramos junto con el apostolado, uno de los conjuntos escultóricos más significativos de la imaginería contemporánea. Este grupo fue ejecutado por Ortega Bru tras diversas etapas históricas en las que se sucedieron otras versiones. Entre ellas destaca el apostolado en terracota de Manuel Pérez Guispert (1897), y el realizado en 1938 por Antonio Bidón Villar, perdido tras la Guerra Civil y adquirido posteriormente por la hermandad de la Cena de Puente Genil.

Un relato de fe esculpido en madera

El actual apostolado fue completado entre 1975 y 1982, comenzando con Judas Iscariote y concluyendo con las figuras de San Felipe, San Mateo y San Bartolomé. La bendición del paso de misterio tuvo lugar el 23 de marzo de 1983 por el entonces arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, sellando así la culminación de un conjunto que ha marcado a generaciones de cofrades por su fuerza expresiva y su equilibrada composición.

Esta salida del Corpus no será solo una manifestación de belleza estética, sino también un acto de memoria, fidelidad y renovación espiritual. Un reencuentro con los orígenes de una hermandad que ha sabido mantener viva su vocación sacramental a lo largo de cinco siglos, y que, con esta procesión extraordinaria, vuelve a poner el Misterio de la Cena en el centro de la vida litúrgica y cultural de Sevilla.

Un largo caminar entre siglos: génesis y devenir de la Hermandad de la Sagrada Cena

Los primeros vestigios documentados de la Hermandad se sitúan en los albores del último tercio del siglo XVI, cuando ya existía una corporación penitencial en la collación de Omnium Sanctorum que rendía culto a un misterio eucarístico. A esta cronología se le suma la devoción a la Virgen del Subterráneo, cuyas raíces podrían vincularse con la parroquia de San Nicolás de Bari, en plena judería hispalense. Hacia 1587, según algunas fuentes, esta devoción adquirió rango de hermandad, proyectándose como matriz de la actual cofradía.

La fusión con la corporación del Cristo de la Humildad y Paciencia, fechada documentalmente el 16 de marzo de 1591 conforme a legajos notariales, supuso el acto fundacional de la Hermandad como hoy se conoce. Esta unión —asentada en la fe común y la organización cultual compartida— cimentó una cofradía con identidad eucarística y pasionista.

Durante los siglos XVII y XVIII, la sede de la Hermandad osciló entre templos como San Basilio, San Gil y San Vicente, período marcado por cierta inestabilidad institucional, aunque también por momentos de reorganización, como la redacción de unas nuevas reglas en 1790, eso sí, desprovistas de cortejo penitencial. La cofradía regresó a las calles en 1830, recuperando su manifestación pública tras más de seis décadas de silencio.

La Desamortización de 1868 provocó nuevas pérdidas materiales, obligando a los hermanos a reconstituirse canónicamente en San Vicente y más tarde retornar al barrio de la Feria, donde en 1880 se restableció la vida de hermandad en Omnium Sanctorum, recuperando su antiguo esplendor.

Los años previos y posteriores a 1936 trajeron consigo uno de los episodios más trágicos en la historia de la cofradía, con la destrucción del templo titular y la pérdida irreparable del apostolado original, enseres históricos y parte del archivo. Solo gracias a la intervención de fieles y al capiller se salvaron las imágenes titulares. A partir de entonces, la corporación quedó acogida en la Iglesia de Los Terceros, dependencia de la comunidad escolapia, donde reorganizó su actividad.

Fue precisamente en esta etapa cuando la Hermandad alcanzó hitos significativos, como la proclamación en 1948 de la Realeza de la Virgen María durante su Función Principal, lo que motivó que el Papa Pío XII acogiera favorablemente tal declaración en 1954. La Hermandad fue así pionera en la reivindicación de esta verdad mariana, recibiendo incluso la bendición papal de su bandera.

Tras un paréntesis de quince años en la Iglesia de la Misericordia, la corporación regresó a Los Terceros en 1973, ya como sede canónica definitiva. Este retorno supuso el inicio de una nueva era, marcada por un sólido crecimiento devocional y patrimonial. En 1974, el paso del Cristo de la Humildad y Paciencia volvió a procesionar el Domingo de Ramos, cerrando una prolongada ausencia de décadas.

Desde el siglo XIX existen testimonios de la participación de la Hermandad en la festividad del Corpus Christi, presencia que se consolidó en 1970 con la instalación anual de un altar presidido por sus titulares. En ocasiones extraordinarias, como los años 1991, 2005 o 2013, fue el misterio completo el que volvió a incorporarse a esta procesión eucarística.

En 1995 se consumó la integración de la antigua Hermandad de la Encarnación, corporación gloriosa radicada también en Los Terceros, hecho que reforzó el carácter dual de la cofradía como penitencial y gloriosa. La Virgen de la Encarnación, antigua imagen de dicha hermandad, volvió a procesionar en 2006, reintroduciendo en Sevilla su tradicional advocación.

El siglo XXI ha traído importantes avances, entre ellos, la incorporación de nazarenas al cortejo procesional en el año 2000 y la consagración del papel de la mujer en la vida de hermandad. Otro hito fue la designación del Cristo de la Humildad y Paciencia para presidir el Vía Crucis de las Hermandades en 2015, celebrándose en la Catedral con gran repercusión devocional.

La Hermandad ha desarrollado además una intensa vida interna, con la creación del grupo joven en 1976, la transición a costaleros hermanos entre 1980 y 1983, y la fundación de una escuela de saetas en 1991. Ha acogido encuentros nacionales de hermandades de la Sagrada Cena y de la Virgen del Subterráneo, subrayando así su proyección más allá del ámbito local.

Con más de cuatro siglos de existencia, la Hermandad de la Sagrada Cena es testimonio vivo del vínculo entre fe, memoria y renovación, forjando su identidad entre la veneración sacramental, la expresión penitencial y el culto mariano en el corazón de Sevilla.