Una efeméride que reabre el debate patrimonial
Con ocasión de la conmemoración de los 275 años de fundación, la Hermandad de las Aguas de Sevilla ha iniciado un proceso de revisión historiográfica integral que está aportando revelaciones de notable interés sobre su pasado institucional. Entre los hallazgos más relevantes destaca la reinterpretación documental de la propiedad del antiguo Cristo titular, una escultura anónima del siglo XVI, tradicionalmente considerada de dominio dominico por su prolongada estancia en el templo de San Jacinto, sede que compartieron durante siglos la corporación del Arenal y la Orden de Predicadores.
Nuevas fuentes para una historia revisada
El marco conmemorativo ha servido como acicate para reanudar la investigación archivística y cuestionar versiones asumidas como canónicas. Gracias a la minuciosa labor del historiador y hermano Francisco Javier Arcos, se han localizado actas de cabildo digitalizadas que aportan argumentos sólidos a favor de una titularidad cofrade del primitivo crucificado. Estos documentos, procedentes del propio archivo histórico de la hermandad, contradicen la narrativa tradicional que atribuía la imagen a los dominicos, aportando indicios de que fue propiedad legítima de la corporación desde sus orígenes.
El Cristo de papelón: una imagen entre la devoción y la controversia jurídica

La escultura fundacional, ejecutada en pasta de papelón en el siglo XVI, constituyó el eje devocional de la hermandad hasta 1929, año en que fue sustituida por una nueva obra de Antonio Illanes, también desaparecida en el incendio de 1942. Durante décadas se sostuvo que dicha sustitución obedeció a la imposibilidad de disponer del antiguo crucificado, dado su supuesto carácter conventual. Sin embargo, las actas de 1937 desmienten esa interpretación, pues en ellas consta la participación activa de la hermandad en la negociación del emplazamiento de la imagen dentro del templo de San Jacinto, lo que supone un reconocimiento implícito de su propiedad.
El estudio documental ha permitido asimismo rescatar un episodio de gran valor probatorio: en diciembre de 1940, el cabildo general acordó ceder la imagen al convento dominico de Almagro en régimen de depósito temporal, a solicitud expresa del prior. Dicha cesión incluía la obligación de celebrar misas por los hermanos y benefactores de la corporación, gesto que refuerza la tesis de que la cofradía actuó como legítima titular del bien.
El vacío documental tras el incendio de 1942
La devastación del archivo corporativo a raíz del incendio ocurrido en 1942, que consumió tanto las imágenes titulares como gran parte del acervo documental, ha condicionado la transmisión histórica de los hechos. La ausencia de los originales dificultó durante décadas la reconstrucción cronológica y jurídica de la propiedad. No obstante, la reciente digitalización de actas supervivientes permite hoy reabrir el debate sobre la legitimidad patrimonial del Cristo primitivo, abriendo incluso la posibilidad teórica de una reclamación de restitución.
Del convento de Almagro al Museo Diocesano de Ciudad Real
Tras su traslado a Almagro, el Cristo de las Aguas primitivo fue venerado durante décadas en el convento de la Asunción, hasta que en 2019, el cierre del cenobio por la falta de vocaciones motivó su traslado al Museo Diocesano de Ciudad Real, donde se conserva actualmente. Aunque la vía jurídica podría permitir una eventual reclamación por parte de la hermandad sevillana, factores como la plena ocupación devocional de la capilla del Rosario, la distancia emocional generada por el paso del tiempo y las limitaciones espaciales de la sede actual hacen improbable una restitución efectiva.
Reflexión sobre el patrimonio y la memoria cofrade
Este redescubrimiento documental, más allá de su valor jurídico, representa una aportación fundamental a la memoria colectiva de la hermandad y al patrimonio devocional sevillano. El Cristo de papelón —imagen perdida en la historia pero recuperada en la conciencia— vuelve así a interpelar a los cofrades del Arenal desde la distancia museística, recordando que la identidad cofrade se construye tanto sobre la permanencia de la fe como sobre la custodia responsable de los bienes sacros que la sostienen.
En palabras de los investigadores, la celebración del 275 aniversario ha dejado de ser una mera efeméride conmemorativa para convertirse en un ejercicio de revisión de la verdad histórica, que reconcilia a la hermandad con su propio pasado y proyecta su legado hacia el porvenir.
Foto: Lanza digital





