La Hermandad del Císter de Córdoba ha convocado a sus hermanos a un Cabildo General Extraordinario que tendrá como único asunto del orden del día la presentación del programa de actos conmemorativos del L Aniversario Fundacional de la corporación, una efeméride que marcará de manera especial el próximo ciclo de la institución.
La reunión se celebrará el martes 13 de octubre de 2026 en el Convento del Santo Ángel de los Hermanos Menores Capuchinos, actual sede canónica de la hermandad. La primera convocatoria está fijada para las 20:30 horas, mientras que la segunda tendrá lugar a las 20:45 horas. La citación ha sido expedida en Córdoba con fecha 1 de octubre de 2026, por mandato del hermano mayor y de acuerdo con lo establecido en las Reglas y con lo aprobado por el Cabildo de Oficiales.
Una efeméride que hunde sus raíces en 1976
El medio siglo que ahora se dispone a conmemorar remite a los primeros pasos de una corporación cuyo origen se encuentra en mayo de 1974, cuando un grupo de jóvenes decidió sacar en procesión una Cruz por el entorno de Capuchinos con motivo de la festividad de la Santa Cruz. Aquella iniciativa, concebida inicialmente en un contexto de religiosidad popular, terminaría convirtiéndose en el germen de una Cofradía de Penitencia.
Un año después, el grupo volvió a participar en el Concurso de Cruces organizado por el Ayuntamiento de Córdoba, instalando su cruz en la Plaza del Cardenal Toledo. Paralelamente, comenzó a tomar forma el propósito de constituir una hermandad en el Monasterio Cisterciense de la Inmaculada Concepción, conocido popularmente como el Císter, circunstancia de la que procede el nombre con el que la corporación continúa siendo identificada.
La búsqueda de una imagen cristífera llevó entonces a los promotores hasta la Iglesia de San Pablo, donde encontraron un crucificado que recibió la advocación del Santísimo Cristo de la Conversión. Posteriormente, a comienzos de octubre de 1976, la intervención de un religioso claretiano permitió al grupo conocer al padre Fray Ricardo de Córdoba, cuya figura quedaría estrechamente vinculada a la historia posterior de la corporación.
En aquel mismo proceso fundacional se planteó además la adquisición de una imagen mariana en un taller de imaginería de San Juan de Aznalfarache, propiedad de Antonio Eslava Rubio. Tras reunir las 30.000 pesetas necesarias, la imagen fue adquirida y trasladada a Córdoba el 16 de octubre de 1976, permaneciendo inicialmente en el domicilio de Fernando Morillo-Velarde Chiclana, uno de los hermanos promotores, en la Plaza del Cardenal Toledo número 3.
El 7 de diciembre de 1976, la imagen fue trasladada al Monasterio del Císter para ser bendecida durante una solemne función religiosa por Fray Ricardo de Córdoba, quien ya ejercía como director espiritual del grupo. Las hermandades del Santísimo Cristo de la Expiración y de la Paz colaboraron en la preparación de aquellos cultos, en un momento decisivo para que aquella iniciativa comenzara a adquirir una estructura cofrade definida.
De la sede cisterciense a Capuchinos
La historia de la Hermandad del Císter ha estado marcada por una evolución progresiva tanto en sus titulares como en sus sedes y en su configuración penitencial. En 1978 se incorporó Nuestro Padre Jesús de la Sangre, obra de Antonio Eslava Rubio, que en los primeros años llegó a procesionar en la jornada del Viernes de Dolores sobre un antiguo paso cedido por la Cofradía del Sepulcro, dentro de un concurrido Vía Crucis.
A comienzos de la década de los ochenta se produjo una transformación determinante. La primera imagen mariana pasó a recibir culto como imagen de Gloria, mientras que la corporación incorporó el grupo escultórico formado por Nuestra Señora Reina de los Ángeles y San Juan Evangelista, realizado por Luis Álvarez Duarte y bendecido en diciembre de 1980 en la capilla del Monasterio del Císter.
La evolución culminó con el estreno, en 1986, del paso de palio de la Reina de los Ángeles. El 8 de diciembre de aquel año, coincidiendo con el décimo aniversario fundacional y con la festividad de la Inmaculada Concepción, la corporación procesionó por el centro de Córdoba acompañada por la Banda de Música Maestro Tejera. Al año siguiente quedó integrada en la Agrupación de Cofradías y, en la Semana Santa de 1989, realizó por primera vez Estación de Penitencia en Martes Santo desde el Monasterio del Císter.
Uno de los hitos patrimoniales posteriores llegó en 1995, con el estreno del manto de la Reina de los Ángeles, bordado en oro sobre terciopelo azul pavo real por Piedad Muñoz, siguiendo un diseño de Fray Ricardo y enriquecido con pequeñas piezas de orfebrería en forma de ángeles.
Sin embargo, apenas un año después, la modificación del espacio de clausura de la iglesia conventual a consecuencia de la reforma de las normas monacales obligó a la corporación a abandonar su sede fundacional y trasladarse al cercano Convento de los Padres Capuchinos, donde permanece actualmente. La relación con las Madres Cistercienses, madrinas de la Cofradía y de sus Titulares, se mantuvo pese al cambio de sede.
Una corporación estrechamente vinculada a la historia cofrade cordobesa
El traslado a Capuchinos precedió en apenas dos años a la incorporación del paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sangre a la Estación de Penitencia. Desde entonces, la hermandad ha desarrollado un importante proceso de enriquecimiento patrimonial, con actuaciones sobre el dorado del paso de misterio, nuevas insignias y distintos elementos destinados al paso de palio.
Una parte sustancial de este patrimonio estuvo vinculada al trabajo, diseño o supervisión técnica de Fray Ricardo de Córdoba, uno de los fundadores de la corporación y guía espiritual de la hermandad hasta su fallecimiento en 2019.
También ocupa un lugar destacado en esta trayectoria la salida procesional de Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos. En 2005, con motivo del XXV aniversario de su hechura, la imagen protagonizó una salida extraordinaria por el centro de Córdoba, celebrada el 19 de septiembre y acompañada nuevamente por la Banda de Música Maestro Tejera. Aquella experiencia abrió una nueva etapa, ya que desde entonces la hermandad comenzó a organizar una salida procesional de la imagen durante el mes de mayo.
La corporación, cuya sede canónica se encuentra actualmente en la Iglesia Conventual del Santo Ángel (Capuchinos), realiza su Estación de Penitencia en la tarde-noche del Martes Santo. Su cortejo está integrado por dos pasos y, según los datos correspondientes a 2024, contó con 252 nazarenos, que visten túnica y capa blancas, con capirote y cíngulo morados.
Un patrimonio que reúne varias generaciones de artistas
Entre sus titulares se encuentra el Santísimo Cristo de la Conversión, un crucificado de aproximadamente 80 centímetros realizado por Antonio Bernal en 2009, inspirado en una antigua talla del siglo XVII venerada en la Real Iglesia de San Pablo bajo la advocación del Cristo de las Ánimas. Actualmente abre el tramo que precede al paso de palio de la Reina de los Ángeles y procesiona sobre un palermo de orfebrería de los talleres Villarreal, acompañado por dos faroles de la misma firma.
Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo es obra de Antonio Eslava, realizada en 1978. La imagen representa al Señor con una expresión marcada por la resignación y la tristeza, mientras que el dramatismo de la escena se acentúa mediante la sangre presente en la cabeza y la disposición de sus manos. El conjunto escultórico que completa el misterio fue realizado en 1988 por Francisco Pinto Berraquero y está compuesto por siete figuras que representan a Barrabás, tres romanos, Poncio Pilatos y Claudia Prócula.
La escena reproduce el pasaje del Evangelio de San Marcos (15, 1-41) en el que Cristo es presentado ante el pueblo para su liberación con motivo de la Pascua, aunque la presión popular provoca finalmente que Pilatos decida absolver a Barrabás. Todo el conjunto se dispone sobre un paso de grandes dimensiones y dorado, obra de Rafael Barón Jiménez, al que únicamente resta por dorar el respiradero trasero.
Por su parte, el grupo formado por Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos y San Juan Evangelista fue realizado por Luis Álvarez Duarte en 1980. Ambas imágenes de candelero fueron las primeras que procesionaron en la Estación de Penitencia de la corporación. El paso de palio se desarrolló bajo la dirección técnica de Fray Ricardo de Córdoba, con una orfebrería cuyos distintos elementos fueron estrenándose durante los primeros años de la década de los noventa.
Las bambalinas, de terciopelo burdeos y con crestería de los talleres Villarreal, fueron renovadas en 2016. Asimismo, la hermandad se encuentra inmersa en el proceso de adquisición de nuevos respiraderos en plata y con estructura interior de madera cincelada en alpaca plateada, realizados por los talleres Villarreal siguiendo un diseño de Fray Ricardo. El conjunto incorpora bordados antiguos sobre malla de oro fino, intervenidos por Antonio Villar, mientras que los paños están bordados sobre terciopelo azul Prusia y malla de oro fino con piezas de los siglos XVII y XVIII, enriquecidas por las hermanas filipenses del Convento de Santa Isabel de Sevilla.
La Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos, obra de Antonio Eslava de 1977, fue inicialmente la Dolorosa de la corporación hasta su transformación en imagen de Gloria en 1980. Rafael Barbero asumió entonces su restauración, retirándole las lágrimas y tallando el Niño Jesús que actualmente sostiene en sus brazos, ante la imposibilidad de Antonio Eslava de acometer el trabajo debido a su enfermedad.
Actualmente, esta imagen protagoniza una salida procesional por la feligresía de Capuchinos y el centro de Córdoba durante el segundo o tercer sábado de mayo. Para ello utiliza la antigua mesa de salida del paso de palio de la Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos, sus respiraderos y faldones, los arbóreos del paso de misterio del Señor de la Sangre y una peana dorada de carrete, característica de las imágenes de Gloria y vinculada a la tradición barroca cordobesa de los siglos XVI y XVII. La pieza fue realizada por los tallistas Miguel Ortiz y Manuel Jurado y continúa siendo objeto de trabajos de dorado en el taller cordobés de Rafael Barón.
Un legado material y musical ligado al Císter
El patrimonio de la corporación se completa con un conjunto de insignias de especial relevancia, entre ellas la Cruz de Guía de madera con orfebrería de Villarreal, el Simpecado de terciopelo azul con la Purísima de oro, plata y marfil, bordado por Piedad Muñoz sobre diseño de Fray Ricardo de Córdoba y con marfiles de Kiernan, además del guion seráfico, con bordados de Antonio Villar y talla de Manuel Luque Bonillo, realizado en 1996 y bendecido en Asís.
También forman parte de este patrimonio el guion concepcionista de plata con bordados en oro, las bocinas cinceladas por Villarreal y sus paños bordados en oro con motivos sacramentales y franciscanos.
La identidad musical de la Hermandad del Císter cuenta igualmente con un repertorio propio desarrollado durante décadas. Entre las composiciones dedicadas a la corporación figuran “Ángeles del Císter”, de Pedro Gámez Laserna, de 1978; “Nuestro Padre Jesús de la Sangre”, de Casto Contreras López, de 1979; “Virgen de los Ángeles”, de Jesús Cea Samaniego, de 1993; y “Ante Pilatos”, de Pedro M. Pacheco, de 1997.
A ellas se suman “Cristo de la Sangre”, de Jesús Cea Samaniego, de 1998; “Ángeles, Reina ‘Música para un Ángel’”, de José de la Vega Sánchez, de 2007; las cinco piezas de capilla de “Las Cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo”, de 2008; “Jesús de la Sangre”, pieza de capilla de Alfonso Lozano Ruiz, también de 2008; “Oración a Nuestra Señora de los Ángeles”, de José de la Vega Sánchez, con letra de Fray Juan Jesús Linares; y “Gloria Cisterciense”, igualmente de José de la Vega Sánchez.
El repertorio se completa con “La Sangre y la Gloria”, de Alfonso Lozano Ruiz, de 2009, con letra de Alfonso Manuel Muñoz Rodríguez; “Dulce Mirada”, de Raúl Rodríguez Domínguez, de 2009; “El Císter”, de Antonio Tavera Alba, también de 2009; y otra composición titulada “El Císter”, para banda de música, obra de Rafael Wals Dantas y fechada en 2018.
El Cabildo abrirá oficialmente los actos del cincuentenario
Con este amplio recorrido histórico como telón de fondo, el Cabildo General Extraordinario del 13 de octubre permitirá a los hermanos conocer el programa diseñado para conmemorar los 50 años de la fundación de la Hermandad del Císter, una efeméride que enlaza los primeros proyectos surgidos en torno a aquella Cruz de mayo de 1974 con la corporación que, cinco décadas después, mantiene su sede en Capuchinos y continúa realizando su Estación de Penitencia cada Martes Santo.
La convocatoria establece como único punto del orden del día la presentación del Programa de Actos Conmemorativos del L Aniversario Fundacional, por lo que será en esa reunión cuando la corporación dé a conocer a sus hermanos el contenido de las iniciativas previstas para celebrar una fecha especialmente vinculada a la propia identidad histórica de la cofradía.
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