El intenso calor que ha padecido Córdoba se ha fundido con la ilusión incontenible de cientos de rocieros que han tomado posesión de las calles de la ciudad que bulle cada mes de mayo al pie de Sierra Morena, convirtiéndose en el escenario propicio para que miles de cordobeses hayan acompañado las primeras horas del transitar, rumbo a la Tierra Prometida, de la comitiva que anunciaba la presencia del Simpecado de la Hermandad del Rocío de Córdoba para encontrarse con la mirada de la Reina de los Cielos, compartiendo con los rocieros cordobeses el preludio de un nuevo sueño de Pentecostés, abriendo sus entrañas de par en par para cobijar al Simpecado de Córdoba en su peregrinar por las calles de la ciudad de un San Rafael que ya se ha subido a la carreta para acompañar y proteger a los rocieros cordobeses rumbo a las marismas de Almonte, en compañía de la Virgen de la Fuensanta que luce esplendorosa en el frontal de la carreta de plata, merced a la policromía realizada por el taller de los escultores cordobeses Juan Jiménez y Pablo Porras.
A las cuatro y media de la tarde, San Pablo era un hervidero de ilusión, nervios y ansiedad por lo que estaba a punto de acontecer. La misa de romeros, se convirtió en una sencilla y emotiva ceremonia, que sirvió de necesario preámbulo y preparación para una tarde intensa en la que Córdoba volvió a demostrar que el Rocío ha calado con fuerza en el espíritu de la ciudad. Alrededor de las 17:15, las puertas del hogar claretiano se abrieron de par en par para que el cortejo, precediendo a la Carreta del Simpecado, que estrenaba la parte exterior del techo y el arco trasero del conjunto concebido por Rafael de Rueda y ejecutado por el Taller de Hermanos Fernández y se mostraba adornada de manera sumamente singular, con geranium coral y rosa clavel envejecido y clavellina china, por Pinsapo, que ha vuelto a demostrar, en virtud del llamativo homenaje a los Patios de Córdoba, por qué se ha convertido en toda una referencia en el universo del exorno floral en toda Andalucía, tomase las calles rumbo al mayor templo de la Diócesis.
Tras unos primeros instantes especialmente emotivos, cuando el Simpecado atravesó el umbral del Compás de San Pablo, el cortejo inició su peregrinar camino de la Santa Iglesia Catedral por el recorrido habitual a través de la Calle de la Feria y Cardenal González reproduciendo escenas de años precedentes, como la tradicional y emotiva petalá que, de regreso de la Catedral, se derramó literalmente sobre el altar itinerante que cobija al Simpecado en la calle Cardenal González, en el mismísimo corazón de la Judería. Pese a la crudeza de una infernal tarde, el cortejo, sensiblemente superior al de años anteriores, acaso favorecido por la condición excepcional de las tardes de feria, laboralmente hablando, estuvo acompañado por un numeroso público que fue incrementándose a medida que la tarde haciendo palidecer el sofocante calor, mientras los inevitables e inconfundibles cohetes exornaban el cielo primaveral. Un cortejo formado por numerosos caballistas y romeros de a pié, contando con la representación de hermandades como Expiración, el Carmen de Puerta Nueva, la hermandad del Rocío de Jamilena y la de Montoro, ambas ahijadas de la corporación cordobesa. Tras ganar Cardenal González, la comitiva continuó su caminar por Magistral González Francés al compás del ancestral sonido de flautas y tamboriles que presagiaban la llegada del Simpecado.
Con un ligero adelanto sobre el horario establecido, la procesión accedió al Patio de los Naranjos por la Puerta del Perdón para volver a regalar maravillosas imágenes para el recuerdo como el rezo de la Salve en el altar mayor de la Catedral de todos los cordobeses. Tras la obligada y simbólica pará en la Catedral, el cortejo reanudó su marcha atravesando de nuevo la Judería rumbo a Miraflores donde, como cada año, se rezó la Salve en honor de la Blanca Paloma ante el monumento de la imagen que existe en los Jardines de la Virgen del Rocío y posteriormente en la Iglesia de San José y Espíritu Santo, en un sencillo acto que se ha convertido ya en tradicional y que supone la simbólica despedida de la ciudad de Córdoba por parte de una Hermandad que ya camina rumbo a la Tierra Prometida para cumplir las promesas que solamente conocen quienes las ofrecen y Ella y llevarle a la Madre de Dios el cariño de un pueblo que hoy ha vuelto a demostrar que hace tiempo que se convirtió en rociero.
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