Córdoba, El Rocío

La Hermandad del Rocío de Córdoba volvió a pedir amparo a San Rafael

Avanzan paulatinamente los días y se deshoja el calendario que conduce hacia la tierra prometida. Ese pedacito de Gloria, de Paraíso en la tierra, que existe a orillas de la marisma de Almonte donde la Virgen, soberana de los sueños imperecederos de generaciones enteras, gobierna poderosa con su mano dulcemente amante guiando a la humanidad por los senderos de sueños que conducen a la eternidad.

A escasas horas, porque en horas se convirtieron los días por obra y gracia del paso del tiempo, de que la distancia se convierta en cercanía absoluta y maravillosa presencia ante la Reina de Doñana, y que miles de corazones precipiten su amor infinito en las pupilas eternas de la Blanca Paloma, la Hermandad del Rocío de Córdoba ha vuelto a cumplir un año más con el rito ineludible en cumplimiento de sus sagradas reglas y ha vuelto a pedir amparo al patrón de los caminantes, al protector de los peregrinos, al custodio de nuestra idiosincrasia, y han acudido a la Basílica del juramento para rezar ante El Arcángel San Rafael e implorar su bendita compañía a cada paso que descuenta la lejanía que conduce a la Madre de Dios.

Nuevamente, porque así lo mandan las tradiciones sobrevenidas de la Hermandad del Rocío de Córdoba, volvió a reproducirse la solicitud y el ruego de que la imprescindible mano protectora de San Rafael, acompañe este camino iniciático que cada año recorren los rocieros cordobeses para encontrarse con Ella y volver a recibir el regalo incomparable de sentirse en el Paraíso.

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