La Hermandad Sacramental de la Oración en el Huerto de Mengíbar ha vuelto a dar una auténtica lección de lo que significa cuidar el patrimonio, demostrando que el arte en nuestras cofradías no debe ser un mero adorno estéril, sino un canal vivo de evangelización. La corporación ha incorporado a su patrimonio una imponente y original obra alegórica dedicada al Pelícano Eucarístico, una pieza salida de las gubias del reconocido escultor e imaginero José María Anguita Arjona que recupera el sabor del barroco más simbólico y catequético.
La obra, ejecutada en resina policromada y estofada en oro, se alza sobre una elegante peana de madera con aplicaciones en pan de oro. Lejos de estar pensada para acumular polvo en una vitrina, la pieza nace con una función litúrgica muy definida: presidir como eje central el altar alegórico que la hermandad instala durante el Triduo Sacramental preparatorio de la Solemnidad del Corpus Christi, sirviendo de guía para las distintas adoraciones eucarísticas de esos días de cera y sagrario. Su bendición, acontecida durante la emotiva celebración de la Pascua del Enfermo, la integró ya de lleno en el alma devocional de Mengíbar.
El verdadero valor de esta entrega de Anguita Arjona radica en su impresionante lectura teológica, planteada como un viaje ascendente para el fiel que se para a contemplarla. En la base del conjunto, soportando todo el peso del mundo, se encuentra un demonio vencido, una representación clarísima del triunfo definitivo de la Cruz y de la Eucaristía sobre el pecado; el Mal ya no domina, sino que sirve de peana a la Redención. Sobre él emerge el globo terráqueo, detallado con mares, continentes y navíos, simbolizando que la salvación está destinada a toda la humanidad, rodeado en su parte inferior por intensas llamas que evocan el camino de purificación necesario para llegar a Dios.
Coronando este mapamundi de fe, sobre un nido de espinas que nos conecta directamente con la Pasión del Señor, se asienta la figura del Pelícano. El ave, tocada con una corona real que proclama la realeza de Cristo, aparece con el pecho abierto por su propio pico para alimentar a sus tres polluelos con su sangre. Es la bellísima metáfora medieval de la entrega absoluta de Jesús, que se desangra en el altar para alimentar sacramentalmente a su Iglesia —representada en los tres pequeños pelícanos que encarnan a los bautizados—.
Con este estreno, la Hermandad del Huerto de Mengíbar no solo enriquece la Semana Santa de la provincia con una pieza singular y de gran fuerza expresiva, sino que reivindica el papel del arte sacro como la «Biblia de los sencillos». Una teología hecha imagen que, a través de la belleza y el símbolo, nos recuerda el misterio más grande de nuestra fe: que Cristo se sigue entregando cada día en el Sagrario para que sus hijos tengamos vida.


















