La pandemia que asola nuestro país está dejando momentos que pasarán a pertenecer a la memoria colectiva por diferentes motivos, conociéndose historias de superación, de caridad, pero también de dolor, dolor que, por desgracia, se repite por muchos hogares de españoles en los que se ha sufrido una pérdida familiar.
Una de estas historias la ha compartido a través de Facebook la Hermandad del Museo de Sevilla, en la que Ignacio Pérez, de Valencia, narra su historia personal durante la pasada Semana Santa, en la que la triste pérdida de su padre por el Coronavirus ha unido a este valenciano con la corporación sevillana.
Esta emotiva carta comienza relatando la situación de su padre, enfermo de Alzheimer, que «se encontraba, desde hacía unos meses, en una residencia, Ingreso que fue motivado por estar ya, muy avanzada, la enfermedad de alzheimer que padecía. Pese a ello, físicamente se encontraba bastante bien, pero el día 2 de abril nos comunicaron que había tenido un poco de fiebre. Dada la situación de pandemia que vivimos, nos temimos lo peor: que fuese Covid19. Hacía casi un mes que no nos permitían las visitas a la residencia. Nuestros temores fueron confirmados».
«El Lunes Santo ingresó muy grave en el hospital. Aquella tarde nos informaron que le daban horas de vida y que el virus había destrozado sus pulmones. Ante la imposibilidad de despedirnos de él, intenté que el capellán del hospital le diese las extrema unción, con las medidas adecuadas de protección. La médico de guardia lo impidió, alegando que ella le daría una muerte digna. O lo que ella entendía por muerte digna. Para mi padre, un profundo creyente, el morir dignamente habría sido poder hacerlo con algún tipo de auxilio espiritual.»
«Para nosotros fue muy duro permanecer en casa, sin saber si había muerto o no, ¿a qué hora sería?, pendientes del teléfono. Sabíamos que Dios estaba con él y que mejor compañía, pero humanamente era algo que no podíamos asumir.»
Llegado el Martes Santo, prosigue la carta, fue cuando ocurrió el fatal desenlace, llegando el duro momento de poder ver el cuerpo ver de su padre, «dos horas después de su muerte, me permitieron entrar a verlo.
Lo encontré tal como había quedado en el momento de su fallecimiento. Me impactó aquel rictus en su cara, mirando hacia el cielo y con el cuerpo arqueado. En ese momento me vino a la cabeza que yo había visto ese gesto, esa postura en algún sitio, tal vez en una foto. Lo relacionaba con un Cristo en la cruz. No sabía donde.
Cuando llegué a casa me puse a buscar en internet «Cristo crucificado… Semana Santa». Ante mi vista fueron pasando fotos de tallas de Cristos y más Cristos. De repente apareció una imagen del Cristo del Museo en su expiración. En seguida reconocí que esa era la imagen que había visto reflejada en mi padre muerto. Mirando al cielo y con el cuerpo arqueado.
Nunca he visto la imagen en su capilla y aunque conozco la Semana Santa de Sevilla, nunca la vi en procesión. No sabia que día procesionaba y me sorprendió que saliese en su estación de Penitencia un Lunes Santo y se recogiese en la madrugada del Martes Santo».
El padre de Ignacio Pérez Llopis, tal y como prosigue en esta narración de la dura experiencia su padre «emprendió su particular estación de penitencia el pasado Lunes Santo y pasó a la casa del Padre el Martes Santo».
Para finalizar, este valenciano quiso transmitir el deseo de que una vez pase la pandemia y se acerque a Sevilla, no dudará en acercarse a «conocer la imagen del Cristo titular de su Hermandad y que ya llevó guardada en mi móvil. Para mi fue una forma de saber que mi padre no murió solo. Dios estaba con El en ese último aliento».
Un duro pero emotivo testimonio, en el que muestra una vez más lo necesario que a día de hoy la fe y la labor de nuestras hermandades, para aliviar el dolor de todas las familias que han sufrido una pérdida en esta convulsa situación. Descansen en Paz todas las víctimas, de manera especial en este caso el padre de Ignacio Pérez Llopis.





