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Córdoba, 🎶 Pentagrama

La joven Banda del Liceo de Córdoba acompañará a la Inmaculada de San Francisco el 7 de diciembre

Un año más se celebrará la Vigilia Diocesana de la Inmaculada, organizada por la Delegación de Juventud y la Pastoral Vocacional con la colaboración de la Vocalía de Juventud de la Agrupación de Hermandades y Cofradías. Será el próximo 7 de diciembre. La salida procesional está prevista a las 18:30 horas desde la Parroquia de San Francisco, a las 20:15 entrará en el Patio de los Naranjos y a las 20:30 comenzará la Vigilia. Ejercerá de capataz Eduardo Capdevila.

Con respecto al acompañamiento musical, será la Banda Sinfónica del Liceo de Córdoba la encargada de ir tras la Inmaculada. La joven formación musical tiene como directora a Laura Díaz Martínez, y ensaya en el Instituto Góngora. En cuanto al itinerario, la procesión recorrerá la calle San Fernando, Cardenal González, Caldereros, Cabezas, Rey Heredia, Portería de Santa Clara, Plaza de los Abades, Martínez Rucker, Santa Catalina, Naranjos y Catedral.

El delegado de Juventud de la diócesis de Córdoba, Jesús Linares asegura que esta vigilia es “una preparación muy especial a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción” aprovecha para invitar a “todos los jóvenes de la Diócesis a preparar su corazón para la fiesta de la patrona de España”.

La imagen de la Inmaculada que va a procesionar es la que preside el altar mayor de la parroquia de San Francisco. Jóvenes cofrades de la Diócesis participarán en el traslado desde dicha parroquia hasta la catedral. La vigilia de este año está enmarcada dentro de las actividades del Sínodo de los Jóvenes.

Se trata de una imagen realizada en Granada en el año 1660, que fue restaurada en 2015 ya que se encontraba en un alto estado de deterioro. Una intervención que consistió en la recuperación del rostro, el cabello, la túnica dorada y policromada, así como la corona de ángeles que rodean la nube y la media luna, entre otros.

Una restauración que coincidió con la de San Fernando, rey, obra de finales del siglo XVII, de autor anónimo, que se encontraba con grandes faltas de policromía y ausencia de sus dedos y también se halla en la parroquia cordobesa. Ambas restauraciones fueron sufragadas gracias a la colaboración económica de las tres hermandades de la parroquia, así como a donaciones de los fieles y fueron llevadas a cabo por los restauradores Manuel Ángel González Aranda y Francisco Gracia.

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