La Hermandad de la Macarena ha cerrado, presumiblemente de manera definitiva, la polémica de la presencia de los restos mortales que Queipo de Llano y Francisco Bohórquez en la Basílica, tras la retirada de las lápidas y los enterramientos. Una polémica que ha estado mediatizando la actualidad de la hermandad en los últimos años y que comenzó a difuminarse con la exhumación de sus restos, hace apenas unas semanas. Así se observa en unas instantáneas difundidas por la cuenta oficial en Twitter del programa radiofónico de Canal Sur Radio, El Llamador. Hasta ahora, el espacio se hallaba tapado con una alfombra que ya ha sido retirada.
Cabe recordar que la corporación hispalense celebraba el pasado domingo el Cabildo General Ordinario de Cuentas en la Basílica. Una asamblea que ha sido la primera celebrada en el seno de la Corporación de San Gil desde la polémica exhumación de los restos mortales de Gonzalo Queipo de Llano, su esposa, Genoveva Martí y Francisco Bohórquez. Al respecto se ha pronunciado el hermano mayor cuya explicación ha sido recibido con aplausos por parte de los hermanos asistentes.
En la asamblea se han dado cita en torno a 400 hermanos que han otorgado su beneplácito a la actuación del hermano mayor en este espinoso asunto que se ha saldado con un coste de cerca de 3.000 € según se desveló a raíz de la pregunta de un hermano, de los cuales 2.300 han sido aportados por el grupo de servicios funerarios Mémora.
Además, se desveló que solamente se han producido dos bajas en la nómina de hermanos, pese a los apocalípticos vaticinios difundidos por diversas redes sociales en las últimas semanas además de un hermano que ha pedido la suspensión de su condición de hermano mientras Fernandez Cabrero siga siendo hermano mayor.
El momento de mayor tensión, si puede definirse de ese modo una asamblea que ha sido una balsa de aceite, tuvo lugar ante la pregunta de un hermano que acusó al máximo responsable de la hermandad de ser cómplice de lo ocurrido. Un extremo atajado categóricamente por Fernández Cabrero argumentando que “nada tiene que ver acatar la ley” con ser cómplice de nada y que hasta en cinco ocasiones se desoyeron las exigencias, tanto del ayuntamiento como de la diputación de Sevilla porque la anterior ley de memoria “era paja”.
El otro momento de tensión se produjo ante la acusación de ignominia por parte de un hermano por haber profanado las tumbas. La respuesta de Fernández Cabrero fue que en la exhumación estuve presente a familia de los finados y un sacerdote y que se ha celebrado una eucaristía en su memoria.
El asunto fue definitivamente zanjado por el hermano mayor subrayando que no era posible recurrir lo que la ley establecía, porque no era plausible litigar durante años con el gobierno, penalizando la imagen de la hermandad, que todo se hizo con el máximo respeto y discreción y de acuerdo con la familia.





