El Capirote, Opinión, Sevilla

La magna perdida

Después de la pandemia no cesaron de surgir iniciativas para dar gracias por la protección divina. No faltaron procesiones de carácter extraordinario y tan solo un año después las magnas llegaron a multiplicarse por distintas efemérides, lo que acabó convirtiendo lo extraoficial en cotidiano. Si antes del coronavirus ya se intuía cierto hartazgo, con el otoño que estamos viviendo se reafirman varios sectores en una idea que no es extraña hasta en círculos cofradieros. Tanto es así que se estarían regulando las salidas por parte de los obispos del sur, en una situación más que alarmante donde las ciudades acaban saturadas.

Escasas son las procesiones magnas de glorias. Atrás queda la semana mariológica de 1982 o las salidas procesionales con carácter extraordinario que se celebraron en 1940, 1946, 1948 y 1950, con presencia también de dolorosas. Una mitad de siglo que quienes lo vivieron lo recordarán como una exaltación del marianismo en una ciudad que no se entiende sin el amor que se le profesa a la Virgen María.

Cuando sobrevolaba en el aire la celebración del Santo Entierro Grande surgió también la idea de una procesión magna de glorias. Y fue entonces cuando en los círculos cofradieros comenzaron a hacer conjeturas sobre qué imágenes debían formar parte. Dado que el motivo serían los 775 años de la Reconquista, hay quien imaginó las primeras devociones, con la Virgen de las Batallas o incluso la Virgen de Valme por el centro de la ciudad. Otros recordaron que sería una buena ocasión para ver a aquellas imágenes letíficas de gran devoción antaño, como la Virgen de las Fiebres, que ya fue procesionada en 1982 con motivo de la semana mariológica.

Pero pronto el rechazo de la celebración por parte de las altas instancias, afirmando que para tal efeméride ya bastaba con la celebración del Santo Entierro Grande echaron por tierra la que podría haber sido una ocasión para poner en valor la riqueza de nuestras hermandades de gloria, que no tiene parangón en ninguna otra zona de España.

A los nostálgicos solo les queda esperar a 1929 para que se haga efectiva otra petición, llegado el momento con el pretexto del centenario del congreso mariano hispanoamericano. Porque no hay quien duda de que antes de que termine la década volverá a recordarse por la ciudad que la ocasión lo requiere. Sorprende, por otra parte, el escaso rechazo mostrado por el mundo cofradiero a una decisión que no ha sido entendida por muchos. ¿Habría sucedido igual con una magna de dolorosas? ¿Es esta fría respuesta una señal más de que las glorias no pasan por su mejor momento? La pandemia la has dejado en una situación complicada, con algunas de ellas sin poder realizar su salida anual, las extraordinarias de otoño las han opacado. Los siglos de devoción no parecen haber servido para que uno encontrara en redes sociales, prensa o tertulias un enérgico rechazo a una petición que todavía hoy causa extrañeza. ¿Qué tendrá que suceder para que seamos conscientes de la riqueza que atesoran las glorias de la ciudad y de la importancia de ponerlas en valor para las generaciones futuras?

Detalle de la exposición de la hermandad de la Virgen de la Alegría el pasado mes de octubre en el Círculo Mercantil