Este fin de semana, Nuestro Padre Jesús de la Esperanza, titular cristífero de la Hermandad de La Milagrosa ha recibido de fieles y devotos su amor imperecedero con motivo del besamanos que la Corporación de Ciudad Jardín ha previsto en su honor. Entre los muchos sevillanos que han acudido a su llamada se encuentra nuestro compañero Benito Álvarez que se ha hecho presente para dejar testimonio gráfico del acontecimiento.
Con tal motivo, el Señor ha sido presentado cubierto por un talit judío, un manto de oración rectangular con largos flecos (Tzitzit) atados a cada esquina con un cordón azul, que representan los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste, que indican el señorío de Dios en todo el universo. Además, estos flecos recuerdan los mandamientos de la Ley de Moisés.
El talit también posee gran simbolismo según sus colores, las lineas azules y oro son las las más representadas, el azul está asociado con la pureza y el oro con la gloria de Dios. Sobre la cabeza del Señor, se ha podido ver una franja en la que aparece escrita una oración en hebreo, cuya traducción dice así: «Bendito eres Tú, Nuestro Señor, y nuestro Elohím, Rey del Universo, que nos has purificado por medio de tus mandamientos, y nos has mandado cubrir nuestras cabezas».
Cada vez que el judío se cubre con el talit, repite esta oración y la besa. El Señor usa un talit por ser judío, prenda solo reservada a éstos, prohibiendo expresamente su uso a judíos no circuncidados. Esta prenda es utilizada por los hombres en la sinagoga y en el momento de la oración de Sajarit (la primera oración de la mañana).
El origen del talit reside en el pasaje de la Torá, Números 15:37-41, en el que Dios habla a Moisés: «Y יהוה (Yavé) habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de יהוה (Yavé), para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis.
Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. Yo יהוה (Yavé), vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo יהוה (Yavé), vuestro Dios.»Hay que situarse en el contexto histórico de Jesús. Él fue hijo de su tiempo, siendo miembro de una familia judía, su madre una jovencita de nombre Miriam (María), y su padre Yosef (José); nació en Belén de Judea; de ascendencia real y sacerdotal, pues pertenecía por línea paterna a la casa del rey David y de línea materna a la tribu sacerdotal de Leví, recibió el nombre judío de Yeshúa (Jesús).
Jesús era judío no sólo por nacimiento. Su forma de comprender a Dios y a la vida estará marcada para siempre por la cultura semítica. Por medio del evangelio de Lucas, sabemos que pasó por el rito de la presentación, fue circuncidado al octavo día según la Ley de Moisés (Torá), vivió la ceremonia del Bar-Mitzvá a la edad de 12 o 13 años, en la cual, como todos niño judío, recibió una profunda y completa educación judía en la sinagoga de Nazaret, y fue al Templo de Jerusalén comenzando a vivir la Ley y a ser “hijo del mandamiento” [el aprendizaje era obligatorio, las Escrituras tenían que ser enseñadas a cada niño judío, así que, todo el mundo conocía básicamente las Escrituras debido a que eran aprendidas de memoria desde la infancia].
Hablaba en lengua aramea, griego y latín, y por supuesto el hebreo ya que en ese idioma se leían las Escrituras en la sinagoga. El mismo evangelio (Lucas 4:16) nos dice que frecuentaba la sinagoga de Nazaret, donde se leían y comentaban los textos sagrados y que participó en las fiestas judías.





























