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Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

La otra Virgen de los Dolores

  Fue fundada esta Hermandad en el año 1707, siendo depositada la imagen en el Hospital de San Jacinto. Esta Virgen no tenía en la cara expresión de Dolorosa, por lo cual la Hermandad mandó tallar al escultor Juan Prieto un rostro adecuado.

Así introducía la edición de 1937 de Cofradías Cordobesas la historia de la cordobesa cofradía de Nuestra Señora de los Dolores que, de forma breve y discreta, hacía alusión a la primitiva dolorosa, hoy bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo y titular de la Hermandad de la Misericordia, la cual, resultando insuficiente su dulce y afligida expresión, pasó a un segundo plano que la conduciría a ser conocida durante un tiempo como los Dolores Chicos.

Aunque esta historia ya nos es hoy más que familiar, haciendo de puente para la esperada llegada de la llamada a convertirse en Señora de Córdoba, deberíamos también detenernos en un punto, a menudo obviado, pero sin duda digno de mención como parte indivisible de la extensa historia de la corporación servita.

En este año de 2017 se cumplían ni más ni menos que 300 años desde que el insigne Juan Prieto realizase su primera dolorosa previo encargo de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de Córdoba, una hermosa imagen que, a pesar de lo conmovedor y enternecedor que el artista supo imprimirle, no fue finalmente del agrado de la cofradía, que no tardó en solicitar un nuevo rostro al imaginero con la esperanza de que, entonces, el resultado su obra fuese más que satisfactorio…y así fue.

Dejando de lado ese vago resumen, la documentación aportada por el libro de actas, fechada el 4 de abril de 1717, confirma que el primer cabildo celebrado por la nueva cofradía de la Virgen de los Dolores. Meses más tarde, concretamente el 1 de noviembre de ese mismo año, se lleva a cabo un segundo cabildo, el cual sirvió para que sus miembros se decidiesen a encargar – trabajo encomendado al ya citado escultor, quien recibió a cambio la cantidad de 1.503 reales y 8 maravedíes – una talla de la Santísima Virgen acorde con la mencionada y extendida advocación:

En que dicho centenario feneciese el domingo de ramos por la tarde, en la cual se llevase de solemne procesión por las calles más públicas de la ciudad de Córdoba, la imagen de María Santísima de los Dolores. Se acordó se haga nueva imagen de estatura natural, lo más devota y decente que se pueda, así mismo se le haga vestido de tercio pelo negro, toca de olán, diadema de plata y corazón de cuchillos de lo mismo.

Tal y como se había dispuesto, la Semana Santa del remoto año de 1718 se presentaba bajo la alentadora premisa de ver procesionar por la ciudad califal a Nuestra Señora de los Dolores como, en efecto, así fue. No obstante y como ya adelantábamos anteriormente, la entonces junta de gobierno de la corporación se manifestó descontenta con la Virgen otorgada por el afamado Juan Prieto, hecho que concluyó con un nuevo encargo al escultor y la presentación de la Señora a la célebre hermandad de San Jacinto. Aunque ese acontecimiento supuso, indudablemente, una enorme alegría tanto para la cofradía como para el pueblo cordobés, que la veneraría hasta darle la relevancia de la que ha gozado a lo largo de siglos hasta convertirse en un icono de la ciudad, su arrolladora presencia haría que la primera talla quedara sepultada en el olvido, permaneciendo en el Convento Hospital de San Jacinto aun sin recibir ningún tipo de culto o atención especial.

Fueron dos siglos durante los que la primera Virgen de Juan Prieto pasó desapercibida, como un mero intento que no logró pasar de ahí hasta que, precisamente, en el año de 1937 al que antes hacíamos referencia, el sacerdote Pedro Varona llega al pueblo de Hornachuelos encontrando en ese escenario un templo que ya había sufrido las consecuencias de la devastadora Guerra Civil. En aquel mismo momento, regresaría también a la villa una mujer conocida popularmente como Doña Matilde, quien no dudó en dirigirse al recién llegado párroco para poner en su conocimiento la existencia de la abandonada imagen de Prieto y su particular situación en la enfermería asociada a la Hermandad de los Dolores de Córdoba.

Dadas las circunstancias, Pedro Varona se pondría manos a la obra y, con ello, en contacto con la popular corporación de la capital para iniciar los oportunos trámites que finalizarían felizmente con la donación y el consiguiente traslado de la talla de Juan Prieto al pueblo de Hornachuelos, que ya la aguardaba con los brazos abiertos y la firme intención de rendirle culto bajo la advocación para la que había sido concebida.

Desde aquella década de los convulsos años 30 y hasta los 80, la Santísima Virgen estuvo ligada a la Parroquia de Santa María de las Flores hasta que, ya en 1982, un grupo de mujeres puso en marcha la noble iniciativa de crear una cofradía en el propio pueblo bajo el título de los Dolores de la que, por cierto, solo existe constancia documental en la iglesia, sin llegar a trascender en el Obispado de Córdoba ni mucho menos en el Registro de Hermandades y Cofradías del Arzobispado de Madrid.

Así y todo, el proyecto siguió adelante con la toma de la primera decisión trascendental: la de la restauración de Nuestra Señora, pues, como es lógico, el tiempo ya había dejado su huella en Ella. Tal labor recaería en 1983 sobre el recordado Miguel Arjona, quien durante el delicado proceso descubriría la firma de Juan Prieto con las iniciales J.P. en la venerada imagen, con lo que, asimismo, se desvelada su antigüedad y la interesantísima historia tras su hermoso rostro.

Posteriormente, entrada la década de los 90, fueron los propios portadores de Nuestra Señora de los Dolores de Hornachuelos los que se encargaron personalmente de perpetuar los cultos celebrados en honor a la Santísima Virgen así como de darle los necesarios cuidados y atenciones heredados de aquel devoto grupo de mujeres.

Aun así, debieron transcurrir todavía algunos años hasta que la cuadrilla de costaleros de la Virgen de los Dolores junto a su entregado capataz toman la determinación de desligarse de la asociación laica a la que pertenecían, llamada “Amigos de Semana Santa” para dar paso a una auténtica cofradía de carácter religioso que fuese realmente beneficiosa para el lugar que Nuestra Señora ocupaba en el corazón de sus fieles. De este modo, ese propósito se convertía en realidad en la fecha del 10 de mayo de 2010 en el marco de la Iglesia de Santa María de las Flores, donde oficialmente se constituyó con mayoría absoluta la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, hecho con el que se consolidaba y se veía fortalecida la Semana Mayor de Hornachuelos haciendo, a un tiempo, justicia con la bella dolorosa que, un día hace ya mucho tiempo, Juan Prieto realizó para la capital cordobesa.

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