La semana pasada exponíamos aquí la polémica surgida tras conocerse el año jubilar que el arzobispado ha concedido a la hermandad de la Esperanza de Triana. Tras el revuelo, la corporación muestra varios documentos, aunque el que acredita su origen continúa en paradero desconocido.
Del 27 de marzo data la información que el portal del arzobispado publica en su página web, exponiendo lo siguiente: “El Arzobispo de Sevilla, monseñor Asenjo Pelegrina, anunció la mañana de ayer domingo, durante la Función Principal de Instituto de la Hermandad Esperanza de Triana, la concesión de un Año Jubilar por el VI Centenario de la fundación de la corporación en 1418”. Continúa el desarrollo de la información recogiendo, entre otros aspectos, que el año de gracia fue concedido por la Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede. Alfonso de Julios, hermano mayor de la hermandad se pone en contacto con el arzobispo y este es quien solicita para la corporación de la Esperanza de Triana el año jubilar. Por lo tanto, tal y como recoge la página web del arzobispado, se aprueba “la concesión de un Año Jubilar por el VI centenario de la corporación en 1418”. Es más que evidente que la efeméride a celebrar son los seiscientos años de la hermandad.
Regresando, como ya hicimos, al libro que toman como base para datar la fecha de la fundación en 1418, que es el de “Cofradías Sevillanas”, de Santiago Montoto, observamos que el autor relata que es Justino Matute y Gaviria quien afirma que las reglas más antiguas que se conocen son de 1595, recogidas en su obra “Aparato para escribir la historia de Triana, y de su iglesia parroquial”. Sin embargo, tal y como mostramos a continuación, Montoto solo añade una pequeña referencia a pie de página situando la erección de la hermandad en 1418.

Como podemos observar, el historiador sevillano asevera además que la hermandad de la Esperanza y la de San Juan Evangelista se unen en 1542, añadiendo la fecha exacta estudiosos posteriores, que la sitúan en el diecisiete de julio. En aquellos tiempos, podrían pasar varios años hasta que fueran aprobadas las reglas a una hermandad como, entre otras, le sucedió a la de Las Aguas. Los capítulos casi atropellados que conformaron el XVI son más que suficientes como para aplazar la aprobación de unas reglas. Si además añadimos que normalmente solían tardar unos cuantos años, podríamos tomar como referencia que las aprobadas en 1595 podrían ser las nuevas que vinieran a ratificar aquella unión acaecida poco más de medio siglo antes, por lo que la hermandad de la Esperanza de Triana llegaría a la fusión con una historia tras de sí, tal y como le sucedería a la de San Juan Evangelista.
La hermandad narra en su página web, además, varios sucesos que sirven para situarnos en el tiempo. Por ejemplo que, años más tarde, en 1598, Juan Bautista Monzón, prioste de la cofradía, declara en un interrogatorio ante el fiscal del arzobispado. La razón era que la hermandad de la Vera Cruz, por el privilegio de ser la más antigua, era la que podía llevar hábito y cera verde, no pudiéndolo hacer otra, norma que incumplía la de la Esperanza. Durante este interrogatorio, el prioste dice que la corporación ya estaba fundada sesenta años antes, aunque podrían datar de más antiguo. La web también informa de un fragmento del testamento de Juan Vidal, en 1565, donde se recoge la última voluntad de quien había sido polvorista y vecino del barrio. Este pide la celebración por su alma de una misa de réquiem cantada y diez misas rezadas, acompañada en el entierro por la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza. Estos datos, sumados a los que ya comentamos en la entrada publicada la semana pasada, nos sitúan en la segunda mitad del siglo XVI.
Regresando a la declaración de Juan Bautista Monzón, en aquel pleito con la hermandad de la Vera Cruz, cuenta que la corporación podía tener sesenta años o más. Si el pleito se produce en 1598, la hermandad podría tener su fundación en la tercera década del siglo XVI. Estos datos podrían ser aceptados porque, si la hermandad de la Esperanza y San Juan Evangelista se fusionan en 1542, como hemos citado arriba, las dos tendrían un desarrollo previo a la unión de ambas.
Nos encontramos, por lo tanto, en los años 30 del siglo XVI. Pero la hermandad toma como referencia la obra de Justino Matute, que la situaría antes de los años veinte. En este libro, el autor se pregunta, “¿dónde estaba el altar de nuestra señora de la Esperanza, para cuyo servicio Gonzalo de Herrera, presbítero de Triana, fundó una capellanía con obligación de ciertas misas, por su testamento otorgado en 14 de marzo de 1520?”.
Decimos “situaría” porque el hecho de que se hable del altar de la Virgen de la Esperanza nos descubre dos teorías. La primera, que pocos pueden dudar de que esta acción ya nos habla de una devoción con cierto arraigo, pues además, tal y como relata Justino más adelante, se celebraba su fiesta el 18 de diciembre. La segunda es más confusa. El hecho de que se celebrara una función en su honor o que se fundara una capellanía, no significa que estemos hablando de una hermandad erigida. No son pocas, además, las capellanías que se fundan por testamentos o petición de personajes ilustres, por devoción o por haberse encomendado a las imágenes en un trance importante de sus vidas, y no necesariamente eran hermandades. Lo que sí es cierto es que esta capellanía ya nos habla de una importante estructura organizativa que se encargará de regular la devoción a nuestra señora de la Esperanza. La fundación de la capellanía, en todo caso, supondría el más claro antecedente de lo que posteriormente sería la hermandad, si esta no hubiera sido fundada antes, como afirma Montoto.
Autores que siguen a este historiador, situando 1418 como origen de la corporación, hablarán posteriormente de que en 1520 ya existiría la hermandad, como es el caso de Carrero en sus “Anales de las cofradías sevillanas” pues, si toma aquel año del XV como base, un siglo más tarde esta ya estaba más que consolidada. Anterior a 1520 y hasta la fecha de 1418, que es cuando se funda, según el autor de “Cofradías Sevillanas”, hay un desierto provocado por el cambio de sedes y la poca dedicación a plasmar todo lo que sucedía. En definitiva, escasos son los documentos que se conservan de tales centurias.
Montoto publica su obra a mediados de la década de los setenta. La hermandad abandona en los sesenta San Jacinto y después reside en la capilla de los Marineros. Desde la consulta del documento desaparecido por parte del historiador hasta nuestros días, las décadas no han estado protagonizadas por capítulos hostiles que hayan afectado a la corporación. Sin embargo, el ansiado escrito continúa sin aparecer.





